Inquebrantable

Capítulo 14

Una mañana diferente

No todos los días son iguales, habrá momentos que harán la diferencia.

Anónima

Amy

—¿Entonces eso fue todo? —Navier me miró con una ceja levantada. —O sea, me vas a decir que solo me llamaste para decirme que ibas a mi casa, y terminas yéndote con un extraño en su coche, sin saber si era un asesino o un mafioso.

—En primera, ¿no crees que exageras, Navir? Es nuestro compañero. Dudo mucho que sea una especie de mafioso. Tienes que dejar de leer tantas historias —dije, cerrando mi casillero. —En segunda, sabes que debemos trabajar juntos en un proyecto. Es normal que pasemos tiempo juntos…

—Sí, pero no de noche, cuando pueden secuestrarte, exportarte a otro país, obligarte a enamorar a un mafioso para que te libere y… —se detuvo al ver mi cara. —Me exalté, lo siento, pero eso no cambia el hecho de que te pusiste en riesgo.

—Tiene razón, Amy —intervino Raven. —Excepto por lo del mafioso y lo demás. Tienes que ser más cuidadosa, aunque sé que no nos harás caso.

—Gracias por preocuparse, pero en serio estoy bien. No hice nada malo. Solo manejó por la ciudad mientras escuchábamos música, nada más.

En parte era verdad. Ellas no debían saber de nuestra charla. Cuando hablaba con él, sentía que por fin había alguien que me escuchaba. Me hizo olvidar por un momento los problemas de mi casa y todo lo que llevaba dentro, y simplemente disfruté de una noche que solo podía pasar en un libro.

—Hablando de mafiosos, el tuyo se está acercando, y con toda la banda de idiotas —dijo Raven, y tuvo razón. No solo estaba Alessandro, sino todas las personas que había evitado durante dos años.

Pasaron por nuestro lado sin decir nada, a excepción de Allison, que me dedicó una mirada que parecía querer enterrarme a tres metros bajo tierra. Esperaba que Alessandro no le hubiera contado nada.

—Vaya, esa mirada fue matadora, ¿no creen? —me asusté al escuchar a alguien hablar a mis espaldas.

—Carajo, John, casi me matas del susto —dije. Él se rió. —No te escabullas así. Un día me matarás de un susto.

—Siento que tengas un corazón de pollo, pero no puedes culparme por asustarte con facilidad. Además, esa mirada fue más aterradora que cualquier cosa que yo haga.

—Por favor, no digas nada —me alejé. —Los veo en clase. No lleguen tarde.

Ya en clase, algunos estaban más aburridos que otros y ni siquiera sabían en qué materia estábamos. Yo, por mi parte, solo estaba esperando que el licenciado dijera algo sobre la supuesta obra, la cual, para mi sorpresa, Navir había trabajado tan misteriosamente durante dos semanas.

—Bueno, jóvenes, como ya falta media hora para salir, les explicaré lo que muchos de ustedes desean saber. Lo que muchos conocerán como la obra del siglo.

Miré a Navir, que evitaba mirarme, pero tenía esa mirada que solo mostraba mucha alegría. Ese brillo en los ojos era cuando no podía ocultar un secreto por mucho tiempo.

—Será una nueva adaptación de Caperucita Rojadijo el licenciado, y no pude evitar sentir un nudo en el estómago. —En vez de un cuento infantil, la señorita Ivanova y yo nos hemos tomado la molestia de reescribir toda la historia para convertirla en una tragedia y una historia de romance. Para esto, hemos decidido quiénes serán los dos protagonistas de esta romántica historia: la señorita Martínez como nuestra Caperucita, junto con nuestro enigmático y misterioso lobo, el señor Harrison.

Antes de que pudiera decir o pensar algo, una voz demasiado chillona se adelantó a quejarse.

—Licenciado, me gustaría que reconsidere…

—No hay excusa que valga, señorita, la decisión ya ha sido tomada por mí y no habrá ningún cambio. Pero si me deja continuar, le diré que su papel será el de suplente, en caso de cualquier suceso.

No sabía qué era peor: ser el personaje principal o que la persona que más me odiaba tuviera el mismo papel que yo y supiera que, si algo me pasaba, ella obtendría el protagonismo. Como supuse, la noticia no la dejó tranquila, y por su sonrisa, supe que no estaba feliz del todo.

—Bueno, eso será todo. Mañana a la salida nos reuniremos para poder empezar a ensayar. Pueden salir a recreo.

Todos salieron más rápido de lo que pensé. Mientras guardaba mis cosas, alguien chocó conmigo e hizo que todos mis libros cayeran.

—Ten cuidado por dónde caminas —dijo Allison, mirándome de reojo. —Nerd.

Agaché la cabeza mientras mis amigos me ayudaban a recoger mis cosas. Quería llorar, pero la rabia que sentía no me permitía ser débil.

—No le hagas caso, cariño. Es una idiota con un problema de egocentrismo. Hacer sentir mal a los demás le da una sensación de poder en su pobre vida.

—Vaya, nunca lo pensé así. Siempre creí que me molestaba porque...

—Cállate, John —dijo Raven, mirándolo de forma amenazadora.

—Mejor le hago caso, no vaya a ser que descubra la maldad de este conejito —dijo John, riendo.

—Mi golpe también será una broma —respondió Raven mientras caminaba hacia la salida.

Mientras salíamos, Navir dijo:

—Necesito ir al baño.

Todos nos quejamos.

—Lamento decirte esto, solecito, pero tú siempre tienes que ir al baño —dijo Raven.

—¿Quién me acompaña? —preguntó Navir, mirándome.




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