Solo … diferente
Había algo en ella que no era común, y no sabía si me atraía o me asustaba.
Anonima
Alessandro
La noche había caído con una calma inusual, y me encontraba atrapado en mis propios pensamientos. Hacía apenas unas horas que había traído a una chica extraña a un lugar que era mi santuario personal, un espacio donde nadie, salvo la familia, tenía acceso. Ahora, ella estaba aquí, una presencia silenciosa que rompía mi rutina. ¿Qué iba a descubrir de mí? Aunque habíamos compartido un propósito común en el trabajo y habíamos tenido conversaciones cortas, seguía sin saber nada concreto sobre ella. Era un lienzo en blanco.
Mis reflexiones se vieron interrumpidas por el suave sonido de la puerta. Era mi tía, Valeria, quien entraba con una bandeja rebosante de comida, la dejaba en la mesa del centro y la acomodaba con cuidado.
—Es una compañera muy agradable —dijo con una sonrisa, sus ojos brillantes fijos en mí.
No respondí, solo me di la vuelta en la silla, observando los documentos esparcidos en mi escritorio. No sabía nada de ella. Su belleza no era la de una modelo de revista, pero tenía un encanto particular, una cualidad enigmática que me intrigaba.
—Darme la espalda no funciona conmigo —escuché su voz a mis espaldas, una mezcla de dulzura y autoridad. Tuve que darme la vuelta, encontrando su mirada juguetona—. Te recuerdo que, además de tu empleada, soy tu tía, tesoro.
—Lo siento, tía, no quise ser irrespetuoso —dije, más sinceramente de lo que pensaba—. Solo estaba pensando. Hay demasiados documentos y, con mis padres de vacaciones… o luna de miel, quién sabe cuándo volverán.
El solo pensamiento me daba dolor de cabeza. Desde que nos habíamos mudado, mis padres habían entrado en una especie de segunda luna de miel. Según ellos, se lo merecían. Y como resultado, todos los asuntos de la empresa habían caído en mis manos.
—Sí, bueno… —su sonrisa se volvió un poco nostálgica—. El amor es algo hermoso, y creo que se merecen un descanso.
Se acercó a mí y me dio un beso en la frente. —Y tú, necesitas relajarte.
Mientras se alejaba, me di cuenta de la enorme cantidad de comida sobre la mesa.
—Por cierto, tu compañera está viendo los cuadros del pasillo —añadió, antes de cerrar la puerta—. ¡A trabajar, jefe!
No pude evitarlo. Me levanté de inmediato, sintiendo una punzada de preocupación. La galería de retratos familiares que adornaba el pasillo era una ventana a mi vida, un libro abierto sobre mi familia. Seguro que vería los cuadros y tendría un millón de preguntas. No había nadie en la escuela que no conociera el negocio de mis padres, el imperio que habían construido. ¿Cómo reaccionaría ella al descubrirlo?
Mientras caminaba por el pasillo, un escalofrío me recorrió al verla. Estaba parada frente a la foto de la boda de mis padres, un retrato enmarcado que mi padre había colgado con orgullo en honor a mi madre.
—Lo tenías bien guardado, ¿eh? —dijo sin siquiera voltear, como si sintiera mi presencia.
Su comentario me sorprendió. En la escuela, todos sabían quiénes eran mis padres. Asumí que ella también lo sabía, pero la sorpresa en su rostro cuando me vio me hizo dudar.
—No creí que no supieras quién era yo —dije, sintiéndome un poco incómodo—. Me disculpo por no haberme presentado antes.
—No te preocupes —dijo, volviendo su mirada al cuadro con una sonrisa—. Así que, el hijo de dos personas tan importantes. Eso sí que no me lo esperaba.
Su respuesta me dejó perplejo. La mayoría de la gente creía que mis padres simplemente habían tenido suerte.
—¿A qué te refieres? —pregunté, sin entender.
—Ya sabes —señaló el cuadro con un gesto delicado—. Los dos estudiantes que tuvieron la historia de amor más grande de nuestro instituto. Superar cada obstáculo. Se casaron, tu padre construyó un imperio en honor a tu madre y ella se convirtió en la escritora más conocida y admirada por miles de lectores.
Mientras hablaba, noté cómo sus mejillas se sonrojaron, como si estuviera revelando algo personal.
—No solo tienen la mejor historia, sino que su vida parece un cuento de hadas. Y cada libro que ha escrito tu madre, por lo que veo, tiene a tu padre como protagonista, ¿verdad? —Mi cara se puso aún más roja, y me rasqué la cabeza, volteando el rostro para que no me viera—. Es asombroso.
—¿El qué? ¿Su trabajo? Sí, lo es —intenté decir algo más, pero ella me interrumpió.
—No —se rió con una voz suave y melodiosa—. Su historia de amor.
La miré, desconcertado. Muy pocas personas conocían los detalles del amor de mis padres. Muchos pensaban que eran extraños, incluso yo, su propio hijo, desconocía muchos detalles de cómo se conocieron.
—Lo siento —se sonrojó aún más, como si le avergonzara su efusividad—. Es solo que he leído cada libro de tu madre y puedo decir que son maravillosos. Cada desafío, cada forma de amar, cada… —se detuvo, sus ojos brillando—. Creía que solo era ficción, pero al ver este cuadro, me doy cuenta de que un final feliz es posible, ¿no lo crees?
Mientras me sonreía, no pude evitar pensar que tal vez tenía razón. Había visto el amor de mis padres desde que era un niño. Nunca me pareció que se hubieran amado menos. Incluso con los problemas, siempre estaban juntos. Y al ver la foto de su boda, me di cuenta de que seguían mirándose de la misma manera.
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Editado: 02.02.2026