Por Solo Una Vez…
Amy
—¡No puedo creerlo! Primero, conociste una empresa de las más famosas en este momento. Segundo, pasaste un momento demasiado ficticio para ser real. Tercero, viste y admiraste a tu mayor ídola en el jodido mundo —mientras yo asiento, se me queda mirando fijamente, antes de sacudirme por los hombros con vehemencia— ¡¿Y TÚ SOLO TE FUISTE?! ¡Te desvaneciste como un fantasma en una niebla!
Esperé y le bajé las manos con calma, mientras la invitaba con un gesto a sentarse a mi lado. Estaba tan alterada que parecía lista para correr una maratón dentro de mi habitación.
—En primera, sí, es una empresa famosa, pero montar un escándalo por eso no creo que sea lo mejor en mi caso. En segundo lugar, nada de lo que pasó parece sacado de un libro romántico. Si lo fuera, más bien sería uno de terror psicológico con toques absurdos. Y por último, ¿crees en serio que no me emocioné lo suficiente como para tener una diarrea verbal respecto a mi escritora favorita de todos los tiempos? Por supuesto que sí.
Antes de pensarlo, ambas estábamos acostadas en la cama, mirando el techo, intentando procesar el huracán de pensamientos. Después de una llamada frenética, prácticamente me arrastró a mi propia casa y se encerró en mi cuarto para que le contara, con detalles cinematográficos, todo lo sucedido en el día.
—Aunque sea de ensueño —me mira, apoyando la cabeza en el codo—, su actitud parece una mierda completa, déjame decirlo.
Solo la miró, ladeando la cabeza, intentando averiguar por qué se puso tan crítica con el misterioso hombre.
—No me mires así, sabes a lo que me refiero, te conozco. Aunque pueda que él parezca un personaje sacado de nuestros libros de fantasía, no es el mejor ejemplo. En el colegio te ignora y por fuera te trata algo mejor, suponiendo que es así, ese patrón no es sano, ni la manera de ser de alguien decente. Es un idiota engreído, lo siento, tenía que decirlo.
—No creo que sea un personaje de libro —terminó diciendo, volviendo a mirar el techo, con una pizca de duda—, y aunque lo fuera, dudo que alguien se fije en mí exactamente como si fuera la protagonista.
—¡OH, VAMOS! —Se levanta de la cama de un salto, visiblemente ofendida por mi falta de autoestima—. Tienes que estar bromeando. No hay nadie como tú allá afuera. No solo eres buena en todo lo que te propones, sino que el conocimiento que tienes de diversas cosas te hace la persona más inteligente y fascinante que conozco. ¡Y eso es sin contar tu humor ácido!
—Bueno, yo te conozco a ti —me río, levantándome también—, y tú eres la número uno en clase, que yo recuerde. La que siempre da los mejores discursos y no tiene miedo de nada.
—Sabes a lo que me refiero —me abraza con una fuerza que casi me saca el aire—. Eres increíble, y te lo recordaré por siempre, ¿vale? No permitas que el Señor Sarcasmo te haga dudar de eso.
—Vale… y gracias.
Ambas nos quedamos abrazadas un rato en ese silencio cómodo que solo las mejores amigas pueden compartir. Ese sentimiento de tener un alma gemela con quien compartir las cosas era único. Éramos muy diferentes: donde ella era la belleza radiante y extrovertida, yo era más bien la chica de las esquinas. Yo estaba rota en algunos aspectos, y ella parecía estar completa, pero sin importar las cosas que nos diferenciaban, encontrábamos ese centro que nos unía, y eso había formado nuestra relación hasta el día de hoy.
—Me tengo que ir —dijo, arreglando su pelo y parándose en el umbral de la puerta—. Hablamos luego, ¿sí? Y mándame mensajes si ese idiota te vuelve a hablar.
—Siempre —la miré, sonriendo—. Bruja.
Solo se rió, con esa risa fuerte y contagiosa que siempre me hacía sentir mejor. Bajó las escaleras rápidamente, y un segundo después, escuché la puerta principal abrirse y cerrarse, dejando un vacío en la casa.
—¿Tu amiga ya se fue? —preguntó mi madre desde la cocina.
—Sí, ya salió —me puse a ordenar la ropa que había tirado en el suelo—. Ahora voy a terminar mis deberes.
Antes de darme la vuelta, me di cuenta de que le había contestado a la nada, así que simplemente terminé lo que estaba haciendo antes de bajar.
Me di cuenta de que mis hermanos ya estaban abajo, cada uno en su propio mundo de ocio. Mi hermana se reía con su teléfono en el sillón, y mi hermano se divertía con la consola que le regalaron en su cumpleaños.
—Vamos a hacer las cosas o simplemente se van a quedar ahí sentados como idiotas —moví los pies de mi hermana para que los quitara del medio y le di un golpe suave en la cabeza a mi hermano.
—Te estábamos esperando, en realidad —sacudió la cabeza a un lado—. Ya dejamos todos los productos para empezar a limpiar hace como media hora, antes de que te pusieras a chismosear con tu amiga.
Solo me reí, encendí el altavoz con una playlist aleatoria y nos pusimos a limpiar la casa en ese momento. Cada uno tenía la regla de poner una canción en el momento en que terminaba su tarea, y no sé en qué momento de la noche terminamos acostados en el piso de la sala, exhaustos, escuchando una sola canción en conjunto, tarareando la letra.
—Creo que ya es hora de ir a dormir —termino viendo cómo mis hermanos ya empiezan a bostezar.
—Tienes toda la razón —dijeron a coro. Ambos corrieron escaleras arriba—. ¡Te toca guardar las cosas! —gritaron en conjunto, antes de que se escucharan las puertas de sus cuartos cerrándose.
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Editado: 02.02.2026