Inquebrantable

Capítulo 20 

Mas amigos = Mas problemas

Los días seguían deslizándose entre mis dedos en una mezcla de agotamiento y extraña satisfacción. Entre los ensayos de la obra, los mensajes de texto con cierto chico a altas horas de la noche —esos que me hacían sonreírle al techo en la oscuridad— y el caos eterno de cuidar a mis hermanos, mi vida había alcanzado un punto de "normalidad" relativa. Sin embargo, esa tranquilidad me ponía nerviosa. Dicen que después de la calma siempre llega la tormenta, y yo ya podía oler la lluvia en el aire.

En la escuela, el ambiente era doblemente extraño. Normalmente, los pasillos son un hervidero de drama insoportable, pero últimamente todo estaba en silencio. Excepto por Allison. Aunque sus apariciones en los ensayos eran escasas, cada mirada que me lanzaba desde las sombras del auditorio tenía la potencia de un proyectil. Si las miradas mataran, yo ya tendría un pie en el otro mundo.

—¿Viste eso? —La voz de Raven me devolvió a la realidad mientras se dejaba caer en el asiento a mi lado—. Un poco más y te desintegra con sus "poderes mágicos" de bruja resentida.

—Eso solo pasaría si estuviéramos en Harry Potter, pero sí —suspiré, frotándome las sienes—. Estoy esperando el momento en que intente empujarme del escenario para quedarse con el papel estelar. Según ella, es su derecho de nacimiento.

Raven me empujó el hombro con el suyo, dándome una sonrisa alentadora. —Nadie podría hacer esta obra como tú, mi querida Reina del Drama. Cada escena que haces tiene tanta pasión que hasta los de la última fila se estremecen. Es imposible que ella te reemplace.

—Ya lo hizo una vez, ¿no? —recordé en un susurro amargo.

—Eso no cuenta —bufó ella—. Dominick fue un idiota de primera por dejarte, y sí, tú fuiste un poco idiota por estar con él, pero eso quedó en el pasado.

Antes de que pudiera defenderme, una sombra nos cubrió. John se dejó caer pesadamente en el suelo frente a nosotras, luciendo como si hubiera corrido un maratón.

—¿Van a seguir aquí alimentando el drama o por fin podremos ir a comer? Me estoy desmayando.

—Navier ya casi termina con los arreglos del guión —señalé con la barbilla hacia el escenario—. En cuanto cierre esa carpeta, tendremos el descanso que mi estómago exige. El estrés me da un hambre voraz.

Mis amigos estallaron en risas justo cuando Navier nos hizo una seña con la cabeza. Como un resorte, todos nos pusimos en marcha hacia la cafetería.

—Por fin... comida —murmuró Navier mientras cargaba su bandeja.

Nos quedamos mirando su plato con asombro. Mientras John, Raven y yo llevábamos porciones normales, Navier parecía estarse preparando para un invierno nuclear. Tenía al menos cuatro variedades de comida distintas amontonadas con una precisión arquitectónica.

—En serio, no sé a qué parte de tu cuerpo va todo eso —comentó John cuando nos sentamos—. Comes como un regimiento entero y sigues teniendo ese peso que todos envidiamos.

Era cierto. A nuestros casi dieciocho años, nuestras complexiones no podían ser más distintas. Raven era una miniatura de 1.50 m, adorable pero con un carácter de armas tomar. Yo, con mis diez centímetros extra, me mantenía en un rango promedio. Pero Navier... ella era de esas personas bendecidas. Delgada, definida y con una mente brillante; era, sin duda, la chica más guapa de la escuela.

—El ejercicio no es lo mío, así que supongo que es metabolismo puro —dijo Navier encogiéndose de hombros antes de atacar su pasta.

—Sabes, creo que yo también debería renunciar al gimnasio —John flexiona un brazo con sarcasmo—. Esto del ejercicio debe ser un proyecto a largo plazo, porque ahora mismo me miro al espejo y solo quiero llorar.

—¿De verdad crees que no hay resultados? —Raven alzó una ceja, ocultando una sonrisa traviesa.

John se puso rojo hasta las orejas y agachó la cabeza, murmurando algo sobre "amigas crueles". La tensión amistosa fue interrumpida cuando Raven, de repente, se puso rígida y se escondió detrás de su sándwich.

—Miren... y por favor, traten de conocer la palabra discreciónsusurró ella.

Por supuesto, hicimos lo contrario. Tres chicos, que parecían haber salido de una sesión de fotos de una revista de moda, caminaban hacia nuestra mesa. La cafetería entera se quedó en silencio mientras ellos avanzaban con una confianza que rozaba la arrogancia.

—Carajo, le dije que no se acercará hoy... —masculló Raven, más nerviosa de lo que jamás la había visto.

—¿Podemos sentarnos aquí o esta mesa es exclusiva para la realeza? —Una voz alegre rompió el hielo.

Era Luca. Se sentó sin esperar respuesta, mirando a Raven con una chispa de diversión en los ojos. Detrás de él, su hermano Leo y Alessandro se acomodaron. Alessandro se sentó justo a mi lado, y pude sentir el calor irradiando de su brazo a pocos centímetros del mío.

—Sentémonos, muchachos. Es hora de que nos conozcamos formalmente, ¿no creen? —Luca nos dedicó una sonrisa encantadora—. Soy Luca, mi hermano es Leo y este de aquí es Alessandro. Aunque a él ya lo conocen, es el compañero de trabajo de Amy.

El círculo de cuatro se convirtió en siete en un abrir y cerrar de ojos. La incomodidad era palpable hasta que Navier, siempre practica, decidió intervenir.

—¿Alguien ha empezado el proyecto de investigación? —preguntó. Me reí para mis adentros; sabía perfectamente que ella no había escrito ni el título.




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