(Una semana previa a la gira)
Ángel
El agua moja los mechones rubios de mi pelo mientras termino de aclararme el champú y envuelvo mi cuerpo en una toalla para salir de la ducha. Comienzo a vestirme frente al espejo del lavamanos y sonrío al ver el reflejo que me devuelve: mi pelo ondulado ha vuelto a crecer disparejo debido al corte en capas, mis pecas llenan todo mi rostro y tengo algunas ojeras que contrastan con mis ojos azules debido a los largos ensayos previos a la gira.
Emily, nuestra profesora de baile y mánager, nos ha tenido ensayando como locos y por fin hemos entrado en la semana previa y —como necesitan que estemos bien descansados— nos la han dado libre.
Termino de vestirme con una camiseta de Star Wars, una sudadera negra y unos pantalones de chándal —agradezco muchísimo tener una estilista para la gira, pues no es que yo sea precisamente un fanático de la moda—. Salgo de mi cuarto de baño después de dejar toda la ropa sucia en el cesto y bajo las escaleras en dirección a la cocina, donde el olor a café recién hecho inunda mis fosas nasales.
Allí veo a Laila moviéndose por la estancia, tostando algo de pan y sirviéndose una taza de café. Miro el reloj del comedor, que marca las nueve y media; de todo el grupo, la castaña ha sido siempre la más madrugadora, incluso en los días libres.
Al notar que no me ha visto mientras revisa su teléfono con los auriculares puestos, me acerco a ella y le toco el hombro, llamando su atención, lo que provoca un respingo en la joven.
--- Ángel, no te había visto, lo siento. ¿Quieres café? —hace un gesto con la cabeza señalando la taza que sostiene entre sus manos.
—Sí, muchas gracias, peque, pero puedo hacerlo yo. ¿Llevas mucho despierta?
Ella niega con la cabeza y vuelve a mirar su teléfono.
—Emily ha colgado el póster con las fechas de la gira. No será algo muy grande, serán cinco ciudades, dos fechas en cada ciudad.
Sonríe con algo de alivio y me acerco a la tostadora, saco el pan que ya ha saltado y lo coloco sobre un plato.
—Eso es bueno, será la primera gira así que... aunque creo que Mateo se llevará una decepción.
Voy hasta la nevera y saco algo de mantequilla y zumo.
—¿Quieres mermelada?
Laila asiente y llevo las tres cosas a la mesa mientras ella termina de colocar los vasos.
—¿No crees que has hecho demasiadas tostadas para dos personas? —cuestiono, observando la montaña de pan que se ha formado sobre el plato.
—Tu hermano no tardará en despertarse —responde mientras unta mantequilla sobre una de las rebanadas.
Como si lo hubiese invocado, Aleish aparece por el umbral de la cocina con el pelo rubio —igual al mío, solo que con unas mechas azules que se hizo— despeinado y una camiseta de Alan Walker que claramente no es de su talla. Arrastra los pies y camina hasta la mesa donde estamos para dejarse caer sobre una de las sillas, escondiendo la cabeza entre sus brazos.
—¿Has olvidado apagar las alarmas? —inquiere la joven.
El menor de mis hermanos niega con la cabeza.
—¿Te has quedado hasta tarde jugando videojuegos?
Laila le pasa una tostada y Aleish la acepta, dándole un bocado.
—Tres horas, Lai. Tres horas para matar a las putas mantis. Creo que ya no siento los dedos.
—¿Silksong? —pregunto, tratando de recordar el nombre del videojuego.
—Hollow Knight —responde mientras le da otro bocado a la tostada.
—Qué raro... —murmura Lai por lo bajito.
—¿Todo bien, peque?
Me hace un gesto con la mano para que espere y vuelve a mirar el reloj.
—¿Tu hermano salió ayer de fiesta?
—No tengo ni la menor idea de lo que estaba haciendo. ¿Por qué?
De pronto se escuchan unos pasos que se dirigen a la cocina y vemos entrar a Emma: duchada, maquillada y vestida impecable como siempre, con sus medias de red, su falda negra con cuadros rojos, el cinturón de pinchos, un top negro con escote y los mitones largos de rejilla que suele usar. Pero por su forma de andar y la expresión de su rostro se nota el cansancio.
Camina hasta sentarse al lado de Laila y apoya la cabeza sobre su hombro, dejando caer su larga melena negra sobre ella.
—Me duele todo. Putos ensayos, no puedo más con ellos. ¿Por qué tenemos que dar shows? ¿No podemos solo cantar?
—Hola, dormilona. ¿Qué tal has pasado la noche?
—Horrible. No he dormido nada con las agujetas. ¿Cuántas horas de ensayo hemos hecho esta semana?
—Unas sesenta y seis horas —contesta Aleish mientras mira su teléfono.
—¡Sesenta y seis horas! Así estoy, que no siento el cuerpo.
Emma sigue quejándose mientras Laila y yo terminamos de desayunar.
—Lo bueno es que por fin estamos de descanso. —añado yo.
—Oh, sí. Voy a pegarme todo el día en el sofá viendo Mean Girls por milésima vez.
Laila y Aleish dan un golpe a la mesa que casi hace que la castaña se atragante con el último trozo de tostada.
—Oh no, de eso ni hablar —contesta la castaña—. Hoy no, hoy estrenan el nuevo capítulo del pódcast de casos paranormales.
—Venga ya, si eso es todo falso —bufa Emma.
—No pienso ceder ni un poco —responde Laila cuando Emma le pone ojitos.
—Está bien, haced vuestras frikadas. De todos modos hoy estaré tirada sin hacer nada.
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Después del desayuno, sobre eso de las doce del mediodía, Mateo hace aparición en el comedor. Laila está sentada leyendo, Emma y Aleish están jugando a un videojuego al cual no he prestado mucha atención y yo estoy revisando la letra de una de las canciones.
—Puta resaca —Mateo se deja caer en uno de los taburetes de la cocina donde estuvimos desayunando.
Me levanto para servirle agua en un vaso e ir al baño a por una pastilla para la resaca.
—¿Cómo lo llevas? —le pregunto al ver el mal aspecto que tiene.
—Como el culo —responde mientras se toma la pastilla.