Ángel
La alarma suena y miro a mi alrededor tratando de ubicarme, la luz entra tenuemente debido a la cortinas y me incorporo sobre la cama bostezando.
En frente mío mis dos hermanos siguen durmiendo–no me sorprende, no se les conoce por ser las almas más madrugadoras de esta casa–.
Reviso mi teléfono para ver la hora–, 6:00.–e inevitablemente llevó la vista a la fecha que marca mi teléfono.
Con un resoplido dejo caer mi cuerpo de nuevo contra el colchón, luchando con las ganas de quedarme aquí tirado.
Joder que temprano.
Ayer, después de la cena Emily nos mandó por Whatsapp un cronograma con actividades y eventos para hoy además de los primeros ensayos así que debíamos madrugar, pero a mí esto ya me empieza a parecer delictivo.
Me levanto de la cama y voy hacia el armario compartido que tenemos desde que llegamos al hotel, cojo una camiseta, unos vaqueros y algo de ropa interior para después ir al baño.
Me paró en frente del espejo y sonrió, es de esos espejos enormes donde caben dos o tres personas a la vez perfectamente y pienso en lo mucho que les tiene que estar gustando esto a las chicas, cuando nos mudamos todos juntos tuvimos que comprar un espejo nuevo porque se quejaban de no poder arreglarse juntas.
Suspiro pensando en cuando alguna de las dos se atreverá a gritarle a la otra lo muy enamorada que está–aunque a Emma ya se le nota en la cara–porque todos en esta casa lo sabemos menos ellas al parecer.
Dejó caer toda mi ropa al suelo y me meto en la ducha dejando caer el agua para que se caliente, mojo mi rostro y trato de despejar la mente y ahuyentar los recuerdos que me atacan, pero el tiempo pasa más rápido de lo que desearía y se que el aniversario de aquel día me respira en la nuca. Enjabono mi cuerpo y trazo una mueca de dolor en mis labios cuando cuando la esponja roza aquella cicatriz, el dolor no es físico, pero es un recordatorio de lo que pasó, de lo que cambió todo.
Termino de ducharme rápidamente y me envuelvo el cuerpo con una toalla mientras trato de ahuyentar los ecos del pasado que me atormentan. Apoyo mis manos en el fregadero mientras mi cabeza da vueltas, puedo sentir la adrenalina de aquel momento, los gritos confusos de mis hermanos, la sangre resbalando por mi nariz tras aquel puñetazo, el grito de mi madre, el cuchillo clavándose en mí abdomen. . .
Necesito aire
Me visto con toda la rapidez que mis manos temblorosas permiten y me lanzo sobre la cama para atrapar mi teléfono, ni siquiera he secado bien mi cabello y las gotas de agua caen sobre la pantalla pero no me importa.
Busco el contacto y tecleo rápidamente un mensaje deseando que obtenga respuesta.
Yo: ¿Estás despierta?
Pasan un par de minutos que se me hacen eternos hasta que obtengo una respuesta.
Peque: Acabo de salir de la ducha, aún es pronto tranqui.
Yo: ¿Podemos vernos? Necesito...te necesito.
Peque: En diez minutos en el descansillo.
Cojo mis cosas y salgo de la habitación corriendo hasta llegar a un pequeño descansillo en el que hay unos sofás y un balcón.
Entro en este para poder respirar un poco de aire puro y apoyo mis codos sobre la barandilla de metal, todos los años son la misma mierda, aunque hayan pasado ya cinco, sigo reviviendo aquel día.
Unos brazos me rodean por la espalda y automáticamente dejo salir todo el aire que no sabía que guardaba en mis pulmones.
Una melena castaña se asoma a mi costado y apoya sus brazos en la barandilla mientras me mira a los ojos, y sin mediar palabras ya me está diciendo todo lo que necesitaba.
¿Qué está ahí para brindarme apoyo y consolarme? Sí, pero también que al igual que yo su cabeza está reproduciendo aquel día o mejor dicho, lo previo a él.
A pesar de la bonita amistad que tenemos, Laila, Emma y yo nos conocimos de la peor forma posible, arrastrados por unos eventos fatídicos–cada cuál el suyo propio– que nos llevó a acabar aquel día en la camilla de un hospital.
Nos quedamos un rato allí, en silencio, dejando que el aire fresco golpee nuestros rostros y se lleve con él todo el dolor posible.
—Deberíamos despertar a los demás, va a ser un día largo y es mejor que lo empecemos bien.
Me giro a ver a mi mejor amiga y asiento levemente saliendo de mi entumecimiento para abrazarla y despedirnos y quedar en un punto concreto del hotel para ir todos juntos a desayunar.
Camino hasta la habitación y levanto la persiana dejando que la luz inunde la habitación provocando las quejas de mis hermanos.
—Ángel es muy pronto para que me toques los cojones.–gruñe el mayor de mis hermanos.
—Y como sigas durmiendo va a ser muy tarde para ir a desayunar, venga va, levantaos.
Veo como Aleish, el más pequeño se incorpora un poco aturdido sobre el colchón y se queja sobre las malas energías que transmitimos mi otro hermano y yo, para después levantarse e irse directo al baño.
—¿Os espero a fuera o voy cogiendo sitio con las chicas?
Mateo hace un gesto con la mano indicando que me vaya así que vuelvo a salir caminando en dirección al comedor principal y escucho unas voces por el pasillo que reconozco bien.
–¡Claro! Entonces como ella era una androide tuvo que ocultarlo y. . .
La voz de mi ahora más animada mejor amiga resuenan por todo el lugar mientras que Emma la mira con una sonrisa tonta escuchando lo que supongo que será otra de las novelas que Laila leyó.
Me acerco a ellas que me saludan, la más pequeña con euforia y la otra con una sonrisa y un asentimiento de cabeza.
—¿Y los demás?–preguntó esta última.
—Están terminando de arreglarse.
Em bufá y caminamos todos juntos hasta bajar a la planta en la que se sirven los desayunos, nos sentamos en una mesa y avisamos a los chicos para que sepan que ya hemos llegado y donde encontrarnos.
Me levantó del asiento y voy hacia una de las mesas en las que hay bandejas reposando y cojo una para después caminar a la zona donde está toda la comida del buffet y me encuentro con Laila.