.
📖 El lector que Dante esperaba
Durante mucho tiempo pensé que era yo quien había encontrado a Dante.
Un libro en una librería. Un nombre antiguo. Un poeta muerto hace siglos.
Nada más.
Pero una noche, mientras avanzaba lentamente por sus páginas, comprendí que quizá estaba equivocada.
Porque Dante llevaba más de setecientos años esperando.
Esperando guerras que terminaran. Imperios que cayeran. Generaciones enteras que nacieran y desaparecieran.
Esperando pacientemente a través del tiempo.
Y una noche cualquiera, en una pequeña habitación iluminada por una lámpara, sus palabras llegaron hasta mí.
Entonces comprendí algo.
Yo no había llegado tarde a su encuentro.
Había llegado exactamente cuando debía.
Y él también.
Qué extraño milagro.
Un hombre nacido en Florencia hace siglos, un hombre exiliado, un hombre que escribió con dolor, con esperanza, con nostalgia, terminó sentado a mi lado una noche mientras yo sostenía su libro entre las manos.
Y sentí gratitud.
No porque él me conociera.
Sino porque tuve la fortuna de conocerlo yo.
De escuchar una voz que atravesó siglos enteros para llegar hasta mí.
De abrazar cada palabra que dejó escrita para desconocidos que aún no habían nacido.
Quizá eso sea la verdadera inmortalidad.
No permanecer vivo.
Sino seguir encontrando corazones mucho después de haber partido.
Y mientras cierro el libro al final de la noche, pienso que fui afortunada.
Profundamente afortunada.
Porque entre millones de lectores posibles, Dante me encontró.
Y yo pude abrazar sus palabras como quien abraza a un viejo amigo que llevaba siglos esperándolo.
📖🤍
.