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Dicen que el tiempo todo lo borra.
Tal vez sea cierto.
Tal vez exista un día en que ya no recordemos el sonido de una voz.
La manera en que alguien pronunciaba nuestro nombre.
El color de unos ojos.
La risa que alguna vez fue nuestro hogar.
Quizá el olvido sea el planeta más silencioso del universo.
Uno del que nadie regresa para contarlo.
Por eso existen las palabras.
No para desafiar la muerte.
Sino para desafiar al olvido.
Porque el tiempo jamás aprendió a leer.
Hay estrellas que desaparecen de nuestros ojos...
pero nunca abandonan el cielo.
Tal vez los recuerdos también sean así.
Quizá existan constelaciones invisibles donde permanecen intactas todas las personas que alguna vez amamos.
Planetas que ningún astrónomo encontrará jamás,
porque solo existen para quienes todavía miran la noche con el corazón.
Cada pensamiento escrito es una pequeña estrella que se niega a apagarse.
Cada melodía es un universo donde alguien continúa respirando.
No escribimos para permanecer.
Ni para ser recordados.
Escribimos porque el amor merece un lugar donde el tiempo no pueda alcanzarlo.
Porque mientras exista una sola página...
una sola nota suspendida en el silencio...
una sola mirada capaz de reconocer aquellas antiguas constelaciones...
ningún amor habrá desaparecido del todo.
Solo habrá aprendido a brillar desde un lugar donde los ojos ya no alcanzan...
pero el alma...
todavía sabe mirar.
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