Insomnio para Dos

Capítulo 52: La Lista Más Corta

Narra Agustín

El primer trimestre del año pasó volando. Tamara, como Vicepresidenta Ejecutiva, era una fuerza imparable. La escuela prosperaba. Lucas estaba feliz. La vida era un triunfo, la antítesis de mi existencia anterior.

Pero noté pequeños cambios en Tamara que no cuadraban con su rigor habitual. Estaba increíblemente sensible a ciertos olores (el café, el aceite de motor de los autobuses escolares). Y, la señal más preocupante de todas, su meticuloso apetito se había vuelto errático, con antojos extraños que desafiaban toda lógica dietética.

Una tarde, la encontré en la cocina, leyendo una revista de arquitectura, pero su rostro estaba pálido.

—¿Qué pasa, Tami? ¿La licitación para la nueva ala? —pregunté, acercándome.

Ella negó con la cabeza y deslizó la revista sobre la isla. No era arquitectura. Era una revista sobre paternidad temprana.

—Agustín, mi lista... —comenzó, su voz temblaba, y por primera vez en meses, vi el miedo en sus ojos. Pero esta vez, el miedo era dulce.

—¿Qué lista, amor? —pregunté, sintiendo un presentimiento cálido y abrumador.

—La lista de eventos biológicos esperados. —Ella me mostró su teléfono. La pantalla mostraba una aplicación de seguimiento de fertilidad y una fecha marcada en rojo—. El caos tiene una nueva prioridad, Director. Y no estaba en el presupuesto.

Ella respiró hondo, y una sonrisa, una mezcla de pánico y éxtasis, se extendió por su rostro.

—Estoy embarazada, Agustín.

La noticia me golpeó con una fuerza que ni un naufragio ni un delincuente armado pudieron igualar. Un nuevo ser. Un nuevo caos. La última ficha de dominó había caído. Lucas no solo tendría una mamá, sino que tendría un hermano o hermana, y nuestra familia se expandiría más allá de nuestros sueños.

Me arrodillé junto a ella, tomándole las manos. El rubí se sentía pesado, un símbolo de la vida que brotaba de nuestra elección.

—Gracias, mi amor —dije, sintiendo las lágrimas—. Este es el proyecto más importante de nuestras vidas. Y no hay nadie más en el mundo con quien prefiera enfrentar este caos.

Esa noche, después de que Lucas se durmiera, lo sentamos en la sala. Había comprado un regalo, no un anillo, sino algo más simple. Un pequeño reloj de arena de cristal azul, vacío.

—Mi amor, yo sé que te asusta el caos, y sé que te aterra lo que no podemos planear —le dije, poniendo el reloj en su mano—. Pero este reloj está vacío porque nuestro tiempo comienza ahora. Sin pasado, sin límites. Solo nosotros.

Tamara tomó el reloj de arena y luego abrazó su vientre, donde la vida ya estaba latiendo.

—No te preocupes, Agustín —dijo, sonriendo con su antigua determinación, ahora suavizada por la maternidad—. Solo tenemos que hacer una lista, la más importante.

—¿Cuál?

—La lista para la llegada del bebé. Y luego, la lista de los nombres. Pero prometo que esta vez, el caos nos dirigirá.

Y así, el Director y la Administradora, ahora Vicepresidenta Ejecutiva, esposos y padres de familia, se prepararon para el último y más hermoso proyecto de sus vidas: la bienvenida a un nuevo miembro a su caótico y perfectamente amado hogar.




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