Insomnio para Dos

Capítulo 56: El Primer Flechazo de Lucas

Narra Agustín

Lucas, a sus once años, era un alma poética. Un día, llegó a casa de la escuela con la cara de un hombre que había visto el universo y había sido profundamente herido.

—Papá, mamá, tengo un problema de gestión emocional —anunció, sentándose en la mesa del comedor.

Se trataba de Camila. No solo era inteligente y amable, sino que había sido designada como su compañera en un proyecto de ciencias, obligándolos a trabajar juntos.

—Siento que mi cerebro ya no me pertenece. Solo pienso en su cabello color caramelo y en cómo hace que los diagramas de células se vean interesantes —confesó Lucas, exasperado.

Tamara y yo intercambiamos una mirada divertida. Esto era nuevo.

—El problema es que Marco, el chico más popular, también está interesado. Él la invitó a ir por helados y ella dijo que sí. No sé cómo competir con el factor ‘popularidad’ —dijo Lucas, con la voz quebrándose.

Tamara tomó la delantera. —Esto es un problema de valor agregado, Lucas. Si intentas competir con Marco en popularidad, ya perdiste. Tienes que ofrecer algo único.

Ella lo ayudó a hacer una lista que no era de admiración, sino de propuestas de valor:

  1. Marco es ruidoso; tú ofreces una conversación reflexiva.

  2. Marco solo habla de fútbol; tú hablas del proyecto de ciencias.

  3. Tú puedes ayudarla a conseguir la nota más alta.

Armado con esta estrategia, Lucas sintió confianza. Sin embargo, al día siguiente, regresó con el rostro sombrío.

—Ella escogió a Marco para el proyecto, mamá. Dijo que Marco "parecía tener un plan de trabajo más detallado".

Tamara se quedó helada. Lucas había sido rechazado por un problema de... organización.

Ella abrazó a Lucas con fuerza. —Escucha, Lucas. El corazón no se gestiona con listas. A veces, la persona solo elige el camino más fácil. Marco parece ordenado, pero tú tienes la verdadera pasión. La gente siempre elegirá la promesa de estructura antes que la belleza de la pasión. Pero los que saben de verdad, eligen la pasión. Camila no está lista para tu gran corazón. Y eso está bien.

Lucas asintió, secando sus lágrimas. El rechazo le dolió, pero la explicación de Tamara le dio perspectiva. Él había sido rechazado por su pasión, no por su falta de valor. Y yo sonreí, sabiendo que mi hijo había aprendido una lección crucial: el miedo a la incertidumbre puede hacer que la gente elija lo previsible, incluso si no es lo correcto.




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