Insomnio para Dos

Epílogo

Narra Tamara

Muchos años después, nuestra rutina era perfecta. Agustín y yo gestionábamos nuestra pequeña finca de café, un proyecto que manteníamos para ejercitar nuestras mentes estratégicas.

Una mañana, lo encontré en su antiguo despacho. Estaba escribiendo, con la concentración de alguien que elabora un presupuesto crucial.

—¿Qué estás tramando, Director? —pregunté, bromeando.

Agustín me mostró el papel. Solo contenía una lista de tres puntos:

Lista (La Única)

  1. Asegurarme de que Tamara no se aburra nunca.

  2. Beber café con ella.

  3. Despertar junto a ella.

Me reí. El analista nunca abandonaría la estructura, pero el hombre ya solo necesitaba tres pilares.

—Te faltó un punto, mi amor. El más importante de todos.

—¿Cuál, Tami?

Le tomé la mano y puse mi pulgar sobre el rubí, que seguía siendo tan brillante como el día de nuestra boda.

—4. Nunca olvidar que nuestra historia es el mapa perfecto para nuestros nietos.

Agustín sonrió, un hombre que ya no tenía miedo ni de las ganancias ni de los afectos. Firmó el papel.

—Trato hecho, mi Administradora. Contrato aceptado. Para siempre.

Y con esa declaración final, sellaron su historia. El Director y la Administradora habían encontrado el único final feliz que importaba: un amor que nunca temió el caos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.