Una hora después de la desaparición de Soledad, cerca del anochecer, en un sitio de construcción de una pequeña empresa de los Lucciati, un par de chicos están apostados en el sector de almacén donde se guardan las máquinas y herramientas.
Los chicos, cuyas edades rondan los 15 y los 19 años, murmuran sobre el pago que recibirán y lo que podrían hacerle a la chica. Incluso hay una pequeña discusión sobre ello.
La conversación se corta abruptamente cuando llega otro grupo de al menos doce chicos con apariencia igual de juvenil que los otros, pero se nota en sus rostros que las batallas que sostuvieron los supera. Son matones contratados por Braian y Sebastián es su líder.
Sebastián, o “the claymore boy” como se lo conoce en el mundo de las pandillas, se acerca a Julio, líder del otro grupo, hasta que la distancia los separa por solo centímetros. Lo mira. Cada pequeña imperfección del rostro de Julio es observada con sumo detenimiento. Luego gira su cabeza y ve a Soledad en el suelo con sangre goteando de su cabeza, cayendo por su cabello, oído y finalmente el suelo. No es una grave herida, pero es algo grotesco e indignante de ver si se trata de alguien inocente.
El líder pandillero respira profundo y encara a Julio.
-¿Qué le pasó a la chica? O mejor aún ¿Quién es ella?
-¿Qué quien es? Es nuestro objetivo. -responde Julio con sobrada sonrisa.
-¿Objetivo? ¿ella? -señala Sebastián.
-Esa estúpida es muy peligrosa, deberías saberlo. -responde Julio manteniendo su postura tan soberbia.
Sebastián echa un vistazo una vez más. Siendo tan perspicaz y observador, nota que es una chica pulcra, cuyos ropajes no son de marcas humildes, pero tampoco de holgada vida. Es una chica común y corriente y para sumadas cuentas, recibe otro desafortunado aviso de que es alguien con problemas de salud que involucra su audición.
Un escalofrío recorre su espina dorsal.
-Jonathan. -llama Sebastián.
De entre los pandilleros aparece uno de estatura pequeña, pero con una cicatriz que va desde el mentón hasta el cuello. Los demás lo respetan puesto que es el segundo al mando del grupo.
-Dime. -exclama Jonathan.
-Elige a uno de ellos y atiéndelo donde no podamos verlo. -ordena en tono de voz calmo.
-Claro Seba. -responde el chico.
Jonathan avanza hacia los cuatro chicos que lo superan en tamaño. Sin embargo, los intimida con una fuerte presencia difícil de ignorar, como si un aura oscura sobresaliera de su cuerpo. Uno de los muchachos lanza un puñetazo demencial, sin siquiera medir consecuencias, pero al instante que parte el ataque, siente su cabeza ligera. Para cuando se da cuenta, está sobre el suelo y siendo arrastrado por Jonathan.
-Es él. -avisa Jonathan mientras abre la puerta de un cuarto que funciona como oficina por la mañana.
-¡Bien, atiéndelo como corresponde! -ordena Sebastián.
-¡Claro que sí!
Después de eso, Julio y los otros dos que quedan, retroceden unos pasos cuando avanza Sebastián. Mientras que oyen los gritos del impetuoso chico a manos de Jonathan, Sebastián se pone en frente de Julio y posa la mano en el hombro y aprieta levemente, pero siente como si estuvieran rompiéndole el alma.
-Asumo que ese imbécil la golpeó. -dice Sebastián.
Julio solo atina a asentir con su cabeza de manera torpe y lenta.
-Bien. Ya está todo solucionado. Cuando esto acabe envíen a su compañero de urgencias al hospital público más cercano. Y cuando digo de urgencias…-los mira fijo a los tres restantes con una feroz intensidad que hace orinarse en los pantalones a uno de ellos. -Me refiero a que corran a toda prisa si no quieren un cadáver en sus manos.
Una vez más Julio asiente con la cabeza.
La puerta del almacén se oye correrse. Braian, Yamil y Claudio llegan con sus mochilas, jadeando y un poco empapados por la llovizna. Ve el ambiente y sonríe con disfrute.
El sentimiento de poseer gran poder que obligue a pandilleros y fuertes abusivos doblegarse ante él, le provoca enorme goce. Le es difícil mantener la seriedad sin caer en su placer personal.
-Bueno, bueno. Supongo que ya se estuvieron conociendo. -dice Braian.
-Braian. Explícame una cosa. Solo una. -dice Sebastián.
-¿Qué cosa?
Señala a Soledad que yace en el suelo, inconsciente, atada de pies y manos y con los ojos tapados.
-Ah, ¿eso? Pues, solo una parte del plan. -responde Braian. Se acerca a Braian y la levanta violentamente. Luego le da un par de bofetadas para que se despertara.
-¡¿Ah?! ¡¿Qué…donde estoy?! ¡¿porqué me estas golpeando así?!-se desespera al borde de las lágrimas Soledad.
-Esto es lo que sucede cuando no haces lo que te dicen. Putita. -le dice Braian.
Braian agita de los brazos atados y tironea el cabello de ella. El dolor que le produce es insoportable.
El rubio adicto al poder acerca su boca al oído vulnerable de Soledad y muerde su hélix, la parte externa del oído, y a pesar de que ella lo siente y empieza a moverse para resistirse, no da cuenta de quien lo hace.
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Editado: 09.03.2026