El viernes de esa misma semana, una chica, aquella que confrontó con violencia a Pablo pasea por los pasillos del segundo piso de la institución mientras baila, y silva tonadas de una canción de moda que la tiene fascinada.
-Bueno, bueno. -se detiene Chloe frente a una puerta de uno de los salones. -Veamos que estarán haciendo los demás.
Abre la puerta del salón, encontrando a tres chicos y una chica. Excepto uno de ellos que se encuentra sentado sobre la silla del profesor, el resto está comiendo frituras y bebiendo gaseosas en los demás pupitres.
El chico que yace sentado en la silla del profesor le da la bienvenida. Es un chico corpulento de casi un metro ochenta y casi 90 kilogramos. Una bestia de gran proporción pero que de muy joven practica boxeo, siendo el más peligroso de su gimnasio por su brutalidad y adicción a la pelea.
-Hey, Chloe ¿Qué tal? ¿quieres unas papas? -pregunta Luis.
-No, paso. Prefiero bailar sin tener grasa en mi abdomen. -responde Chloe.
-¡Jajaja! Siempre respondiendo con los mejores modos. Eres realmente insoportable ¿sabías? -le dice Luis.
-¿Otra vez no hay clases? -pregunta Chloe.
-No necesariamente, solo que nuestra profesora terminó antes por un percance con su auto, jajaja. -Luis lanza una risa burlona.
-Jajaja, claro, tendrías que haberla visto salir despegando de aquí. Fue chistoso. -dice Carlos.
-Algo me dice que fuiste tú, Carlos, o Benicio. Cualquiera de los dos tiene navaja. Jajaja, malditos locos. -les dice Chloe.
-¿Qué puedo decir? Esperaba poder hacer eso hace tiempo. -responde Benicio, llevándose aquella victoria maliciosa a su nombre.
Chloe se lleva la mano a la cara y suspira, no porque el accionar de sus compañeros fuera terrible y dañino, sino porque al revelar su expresión, ella sonríe.
-Maldición, me hubiera gustado ver a esa perra llorar ¿Cómo pudieron haberme dejado afuera de eso? ¡tontos, tontos, tontos! -exclama Chloe, pateando algunas sillas.
Luis toma algunas frituras del paquete. Se pone de pie y da una vuelta alrededor del escritorio. No pronuncia una sola palabra. Sus amigos lo miran como si revoloteara un ave sin rumbo, solo repite el camino hasta que llega a la puerta. Se da media vuelta y encara a sus amigos.
-¿Qué opinan sobre la nueva estudiante? Tengo entendido que es la tesorera del turno mañana. -exclama Luis.
-¿Acaso importa? Es de la mañana. No nos incumbe. -responde Chloe.
-Bueno, técnicamente el centro de estudiantes es el mismo en ambos turnos así que si hay alguien nuevo…ahí está el asunto ¿debería causarnos algún malestar? -pregunta Joselyn.
-No creo que se refiera a eso. -dice Benicio en tono de broma.
Luis lo mira con rechazo, pero luego echa una risa pequeña.
-¿Qué puedo decir? Me aburro. Necesito divertirme con alguien. -excusa Luis.
-¿Qué pasó con aquella del año superior? La de ultimo año. -pregunta Carlos.
-¿Quién? -pregunta Luis.
-La rubia que quería ser doctora. -dice Benicio.
-Claaaaaarooooo, a la que le rompiste una mano porque no quiso darte un beso era… ¿Angela? -exclama Carlos.
-Si, esa. -dice Benicio.
-No la recuerdo. Saben que olvido a quien me aburre, jajaja. -se burla Luis.
-Ash, hombres. ¿Acaso no dejarán de pensar con lo que tienen entre las piernas o qué? -pregunta con desagrado Chloe. Se acerca a su compañera Joselyn. La encuentra dibujando mandalas y varios paisajes que a su vista se ven bonitos. -Se ven lindos.
-Gracias. -responde Joselyn.
Luis vuelve al escritorio donde hay una botella de gaseosa. La toma y bebe un poco antes de apretarla y aventarla contra la puerta del salón. Todos se quedan inmóviles.
El estudiante se queja y se queja sin parar de su aburrimiento.
De repente, piensa en Leo cuando esquivó su ataque aquella ocasión en la que lo insultó mientras patrullaba el pasillo. Una vena se hincha en su frente y cuello. También piensa en la curiosidad por la nueva estudiante. Se mezclan varias cosas en su mente. Leo y la nueva estudiante llegada como tesorera del centro de estudiantes. Es por ello que decide ir él mismo a tomar las riendas del asunto.
Cuando sus compañeros se levantan de sus sillas para detenerlo, su teléfono suena con tonadas y vibraciones. Lo toma del bolsillo trasero de su pantalón. Sus ojos se iluminan.
Sonríe y regresa al escritorio.
-Eso será para otro momento, ahora tengo cosas que tratar. Ese idiota ya me depositó así que no hace falta golpearlo en el recreo. -exclama Luis con felicidad.
Benicio siente alivio de no tener que detenerlo.
-Por unos cincuenta minutos más estaremos tranquilos. -murmura Carlos a Benicio.
-Si, y vaya a saber el humor que tendrá luego. -dice Carlos.
-Da igual, preocupémonos luego de eso. Si gana estará de buen humor y no tendrá esa obsesión por la gente a la que quiere golpear o algo. -dice Benicio.
#8596 en Novela romántica
#2107 en Novela contemporánea
psicologia adolescentes, juvenil y escolar, romance drama amor
Editado: 12.10.2026