Las Preguntas que Acechan la Noche.
Hay días que terminan y se desvanecen en la memoria. Y hay noches que se niegan a terminar.
En ocasiones, la mente se abre a interrogantes que la rutina diaria nos enseña a ignorar:
¿Existe un lenguaje más antiguo que las palabras?
¿Una diferencia vital entre el acto pasivo de mirar y la acción deliberada de observar?
¿Y en qué momento la intuición deja de ser una sensación vaga para convertirse en una advertencia urgente de supervivencia?
Yo creía tener respuestas. Pero esa noche, caminando de regreso a casa, descubrí que mis sentidos y mi instinto iban a ser puestos a prueba en la realidad más cruda.
Me acompañaba una sensación persistente: un presentimiento.
El murmullo interno de que algo acechaba en las sombras.
El día que tenía que haber terminado, estaba a punto de empezar de nuevo, en una secuencia de interrupciones que transformarían un simple paseo en una emboscada silenciosa.