Instinto Oculto

EL HINCHA

Dejé la avenida y me adentré en la penumbra de la calle lateral.

La falsa seguridad de la cercanía a mi casa se rompió cuando una figura me abordó.

—Disculpe,

¿sabe si hoy hay algún partido de fútbol?

El contraste fue absoluto.

Una pregunta tan trivial como absurda para el lugar y el momento.

No había lógica, no había contexto.

Era el segundo anzuelo, el segundo intento de romper mi burbuja mental y medir mi reacción.

El diálogo fue breve, cortante.

Demasiado simple para el esfuerzo.

—¿partido de fu?...No tengo ni idea.

Mi intuición ya no era un susurro; era un grito silencioso.

Dos interrupciones sin sentido en apenas un par de metros. La coincidencia estaba muerta.

Lo que tenía frente a mí era un patrón de distracción.

Las preguntas sin fundamento eran la herramienta para detenerme, para obligarme a interactuar, mientras otros se movían en las sombras.

A partir de ese momento, ya no era un simple peatón.

Estaba en modo alerta máxima, escaneando la calle, sabiendo que el siguiente contacto sería la confirmación final.




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