Intemperie | Libro 1 | Saga Estaciones

Capítulo Veinticinco

Había una gran diferencia entre entrar al túnel y salir de él, especialmente con Melanie aquí

Había una gran diferencia entre entrar al túnel y salir de él, especialmente con Melanie aquí. Ella hacía que caer del hoyo y romperte el brazo pareciera un rasguño. Solo después de dos manotazos fuimos capaces de subirla.

Cuando al fin pude salir a la superficie, el cielo era de un color violeta mezclado con naranja. Habría sido agradable ver el amanecer, de no ser por la llovizna que ya nos tenía empapados de nuevo. Y el viento no era piadoso con nosotros.

Mientras caminábamos, entre Melanie y yo nos dábamos calor. No era suficiente, ya que el temblor de ambas no disminuía.

—Es un idiota —murmuró la cuatro cuando le preguntó a su hermano si ya llegábamos y él no respondió—. ¿Qué le cuesta responder? Ni que le preguntara por la chica con la que está saliendo.

Eso llamó mi atención.

—Sale con alguien, estoy segura. Siempre dice que no es así, pero una vez lo seguí. Estuve así de cerca de descubrirlo. —Mostró con sus dedos lo cerca que estuvo—. Obvio me atrapó y se enojó mucho, muchísimo. Me acusó con papá, pero desde mi punto de vista, yo fui la víctima.

Aquellas palabras trajeron a mi mente el rostro de Pablo, mi amigo desaparecido. Ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que me había permitido pensar en él. Él me preguntó si me consideraba la víctima o el victimario. No estaba segura de haberle respondido.

—Somos los victimarios —murmuré, pero Melanie me escuchó de todos modos. A veces me preguntaba si tenía súper oído o algo así; como en los libros que Eliel se negaba a leer y que yo disfrutaba con mucho orgullo.

—Sabes que ser víctima o victimario es cuestión de perspectiva, ¿verdad? Algunas cosas no son blanco y negro, sino con matices. Creo que ciertas situaciones podrían entrar en discusión antes de ser condenadas —respondió sabiamente. Me la quedé viendo con cada vez más sorpresa—. ¿Qué? No todo el tiempo hablo de chicos y fiestas. ¿Te olvidas de que, a pesar de mis acciones, soy muy inteligente? Además, David siempre está obligándome a escucharlo, entonces se me quedan muchas de sus palabras. De hecho, a Gabriel le gustaba esa parte de mí. —suspiró al recordarlo, porque era imposible no hacerlo, fue su primero en todo—. No puedo creer que haya salido con él alguna vez y le haya entregado mi virtud.

—Estoy escuchando —gruñó Gutiérrez—. Mantén esa boca cerrada si quieres que ese chico siga caminando —advirtió.

—Sé su dirección si lo prefieres. —Informó muy contenta al escuchar la advertencia. El chico se quedó callado sin disminuir la velocidad de sus pasos, visiblemente molesto. Si bien el primer novio de Melanie no me agradaba, tampoco lo quería sin poder caminar.

—Como te iba diciendo…

—¡Melanie! —Advertimos los dos al mismo tiempo.

—Bueno Laia, no te pierdes de nada porque ya te había contado todos los detalles sucios —comentó muy complacida y sonrió cuando hice una mueca al recordarlos.

Claro que los sabía y deseaba no hacerlo, tal como muchas otras cosas.

Continuamos en silencio por casi media hora y fue todo un récord para la más habladora del grupo, pero fue lo más que pudo durar. Comenzó a tararear una melodía que estaba segura la había escuchado de algún lado. No tardé en recordarla; era la música que sonaba en el bar el día que encontré a Claire.

Ay, Claire.

Claire estaba lista para vivir. Tenía tantas ganas de ser una diseñadora de renombre, viajar a las otras estaciones, confeccionar tantas prendas como fuera posible. No lo logró, alguien se lo negó. Me preguntó si ella recordó las palabras de Silvia mientras moría, yo las recuerdo a cada instante. Me martirizo con ellas constantemente, mi ansiedad crece con cada silaba retumbando en mi mente.

Escuché un ruido extraño, como de pasos, pero no eran los nuestros. Gutiérrez se enderezó y miró a su alrededor con atención, su mano se desplazó hacia su cadera, donde tenía guardada su arma en la funda de cuero atada a su cinturón. Algo pasó zumbando muy rápido entre la cabeza de Melanie y la mía, luego hubo un sonido sordo a nuestras espaldas. Ambas nos agachamos cuando Gutiérrez apuntó hacia nosotras. No escuché el disparo que esperaba retumbara a nuestro alrededor, en lugar de eso vi un par de piernas caer del cielo y luego acercarse a espaldas del hermano de mi mejor amiga. Iba a gritar una advertencia, pero entonces habló.

—Demasiado tarde, cuatro. Siempre demasiado tarde.

La tasa de café humeaba entre las manos de Melanie, pero no le ponía atención, ni siquiera estaba segura de que le importara que estuviera quemándose




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