Chase
Saludo a todos los que me rodean mientras busco a mis amigos entre la multitud, esta casa es gigante y Adam no ha escatimado en invitar a todo el mundo.
Alguien cierra la puerta detrás de mí así que camino en dirección a las escaleras, pero antes de poder dar el primer paso escalón arriba, siento como alguien rodea mi cuello atrayéndome hacia su cuerpo. La música no me deja escuchar su voz, pero al golpear mi hombro y reconocer a Bruce, lo aparto y sonrío volviéndome hacia él para saludarlo.
—¿Cómo estás amigo? Llegas tarde.
—No tenía idea que fueras mi novia, Bruce.
—Estoy cuidando a mi hombre. —Este ríe y lo sigo mientras caminamos hasta la sala encontrándonos con los demás, donde veo a mis amigos de la fraternidad y a Adam con una chica sentada en su muslo derecho.
Este levanta la vista para verme sin siquiera mover un sólo pelo y vuelve la mirada a la mesa de juego, donde varios de nuestros compañeros apuestan cosas personales.
—¿Juegas? —pregunta Bruce.
—Mmm, no estoy interesado en que quieran pelear después.
—¿Por qué? Si juegas limpio, nadie querrá lastimarte luego.
Ese es el problema, pienso. Pero en vez de decir aquello, dibujo una sonrisa por el comentario de Marlon y niego con la cabeza. —No, gracias.
—Marica —frunzo el ceño y me volteo a mirarlo, este ni siquiera se fija en mí así que prefiero no prestarle más atención y me adentro a la cocina por algo de beber.
Saco una cerveza de la nevera y la destapo observando el lugar repleto de gente y chicas muy lindas, pero mi atención se desvía a una pelinegra quién no parece estar en sintonía. Viste una blusa beige con unos jeans largos, parece perdida, como si no conociera a nadie y pienso que en realidad es así, hasta que la veo subir las escaleras desapareciendo de mi vista.
Camino nuevamente hasta las escaleras observando el lugar por el cual desapareció aquella niña y la risa de mis amigos se oye a tan sólo unos metros cuando Bruce se cuelga de mi cuello pasando un brazo y Marcus, mucho más ebrio que el otro ríe y me ofrece más cerveza.
Esta noche celebramos el fin de nuestro anteúltimo año de preparatoria. Hemos sobrevivido todos estos años a la tortura de la escolaridad y ahora, mis amigos y yo esperamos terminar de una vez el próximo año para entrar a la misma universidad todos juntos, no es algo menor y quisimos celebrar esto a lo grande en casa de Adam. Sus padres no están y nos ha dicho que su hermanita no nos molestará ya que se ha ido con sus amigos y qué mejor manera de hacer esto que en este lugar.
La música continúa y los gritos no cesan, bebo de todo un poco hasta que Bruce me ofrece algo más fuerte, algo a lo que le ha estado dando desde que llegó y al probarlo entiendo el porqué. Me doy la vuelta notando que mis ojos se pierden por un momento y me mareo, riendo por el sin fin de tonterías que escucho parlotear, pero me sostengo del sofá cuando siento cómo todo empieza a dar vueltas y una risa se escapa de mi garganta cuando cierro los ojos y caigo sentado.
Veo a Marlon y lo señalo riendo de un pensamiento ridículo del cual le pierdo sentido a los segundos de pensarlo, mi estómago ruge y me inclino hasta la mesa donde hay papas fritas y cheetos, pero antes de llevar uno hasta mi boca vuelvo a reír conteniendo la carcajada que haría que todos se asusten por mi actitud, demonios.
—¿Estás drogado? —pregunta la misma chica que horas antes se encontraba sentada sobre el regazo de Adam.
Vuelvo a reír negando con la cabeza.
—Si lo está, ¿Qué esperabas? —le responde Bruce acercándose un poco y ambos reímos por la pregunta que hace que la chica se aleje.
—La espantaste, idiota.
—¿Te la pensabas coger? —ambos reímos—, eres un puto pedófilo.
—Nunca dije eso.
—Ni yo.
Mi estómago duele por tanto reír que debo ponerme de pie para poder estirar mi abdomen, camino hasta el patio trasero donde al parecer un líquido en pequeñas gotas caen salpicando mi piel mientras todos siguen bailando.
Cierro los ojos respirando más hondo y tomo una botella de no sé qué para alivianar un poco mi garganta. Mis amigos se acercan y nos reímos hasta sentir la ausencia de Adam.
—¿Dónde está Adam?
—De seguro cogiendo con alguna chica —lo miro serio—. Na, ¿me ves cara de mamita para andar persiguiendo?
—¡Si! —Dice Marlon a lo que le sigue Alexandre con una risa.
—Vamos a buscarlo.
—Oye, oye, espera ¿A dónde vas? —pregunta Bruce.
—Sabes cómo se pone el tóxico —dice Marcus a lo que estoy cansado de sus comentarios como si fuéramos las putas zorras de cada uno.
Camino dejándolos solos y me adentro a la sala en busca de Adam. La chica con quien se encontraba anteriormente está cerca así que todo indicaría que se ha ido con otra. Me acerco a las escaleras seguido de los demás que hablan sin despegarse de mí y las ganas de orinar me invaden así que camino hasta el baño.
—Wow —dice un chico que se encuentra besando a una chica encima del lavado, levanto ambas manos y retrocedo hasta que la puerta vuelve a cerrarse.
—Idiotas —murmuro y sigo caminando hasta la otra puerta, toco dos veces y nadie responde así que intento abrirla, pero tampoco hay caso.
—Espera, yo me encargo viejo —dice Alexandre, acercándose para patear la puerta.
Bruce ríe y niega alzando las manos para detenernos— No sean unos enfermos, a ver...
Se acerca a la puerta y vuelve a golpear justo como lo hice anteriormente— Eh, hola —los demás ríen por lo bajo—, estamos buscando un baño, el otro está lleno de desquiciados fornicando, ¿podemos usar este?
—Espera —río—, ¿Cómo sabes que hay un baño aquí?
—Todas las habitaciones tienen baño, viejo, ¿acaso nunca has venido?
—No —respondo y Marcus aparta a Alexandre para empezar a golpear más fuerte hasta que la puerta se abre.
La habitación está a oscuras y la persona que habla con Marlon dice cosas que apenas entiendo.