intensity

12- Faye

Faye

Camino hacia casa con los pulmones ardiendo y la sensación del pulgar de Chase todavía marcada en mi mejilla. Cada vez que cierro los ojos, veo sus labios a milímetros de los míos, y el vacío que dejó al no besarme duele más que si lo hubiera hecho. Es una tortura nueva, una que no se cura con pastillas: la tortura de la espera.

Cruzo el umbral de mi casa intentando ser una sombra, pero la suerte no está de mi lado hoy. La televisión está apagada y el silencio de la sala es denso, cargado de una electricidad que conozco bien. Adam está sentado en el sofá individual, todavía con el pantalón del equipo puesto, golpeando rítmicamente una pelota de béisbol contra su guante.

Pop. Pop. Pop.

—Llegas tarde —dice sin mirarme. Su voz es peligrosamente calmada.

—No sabía que ahora tenía toque de queda, "hermanito" —le escupo, intentando subir las escaleras sin detenerme.

—¡Quieta ahí! —grita, poniéndose de pie de un salto. La pelota rueda por el suelo mientras él se planta frente a los escalones, bloqueándome el paso—. Marcus me dijo algo interesante hoy. Dice que te vio en un Jeep negro la noche de la fiesta. Un Jeep que casualmente manejaba Chase.

Siento que el suelo desaparece bajo mis pies, pero me obligo a mantener la cara de póker. He mentido toda mi vida; puedo hacerlo una vez más.

—Marcus es un idiota que ve visiones cuando se mete demasiada mierda —respondo, encogiéndome de hombros—. Lindsey me llevó a su casa. Pregúntale a ella si tantas ganas tienes de fiscalizar mi vida.

Adam da un paso hacia mí, invadiendo mi espacio con esa superioridad física que tanto disfruta. Su olor a sudor y campo me revuelve el estómago. —¿Ah, sí? ¿Y por qué Chase está actuando como si tuviera un secreto? ¿Por qué se puso tan sensible cuando dije que eras un parásito?

—Tal vez porque él tiene algo que tú no tienes, Adam, algo como la decencia —le digo, mirándolo fijamente a los ojos.

El impacto de su mano contra la pared, justo al lado de mi cabeza, me hace saltar. Adam respira agitado, su rostro a centímetros del mío. —Escúchame bien, Faye. No sé qué clase de juego estás jugando, pero Chase es mi hermano para mi, que tu. No voy a dejar que lo arrastres a tu agujero de mierda. Si me entero de que estás intentando manipularlo, o de que él te está tocando... —dice acercándose más de la cuenta, corro mi rostro haciendo una mueca al sentir la caricia de su mano por mi muslo —. Voy a hacer que desees haberte ahogado en esa piscina.

—Ya lo deseo casi todos los días, así que no es una gran amenaza —le respondo con un hilo de voz, aunque mis manos tiemblan bajo las mangas de mi chaqueta.

Él me empuja del hombro para apartarme del camino y sale de la casa dando un portazo que hace vibrar las ventanas. Me quedo ahí, temblando, sola en la sala. El corazón me late con una violencia que me asusta. Necesito... necesito algo para apagar este miedo.

Subo corriendo a mi cuarto y cierro la puerta con llave. Busco mi caja, pero cuando pongo la mano sobre el metal frío, la voz de Chase en el callejón resuena en mi cabeza.

Quiero besarte a ti.

Miro la caja. Miro el espejo. Por primera vez en años, hay una guerra real dentro de mí. Si tomo esa pastilla, el miedo a Adam desaparecerá, pero también desaparecerá la sensación del roce de Chase. Y ahora mismo, ese roce es lo único que me hace sentir que todavía estoy viva.

Dejo la caja sobre la mesa y me dejo caer en la cama, abrazando la almohada. Saco mi teléfono con manos temblorosas y busco su contacto. No debería escribirle. Es peligroso. Es estúpido. Pero el silencio de esta casa me está matando.

"Adam acaba de irse. Me gritó... me acorraló contra la pared."

Bloqueo la pantalla y la tiro sobre las sábanas. Me arrepiento al segundo. ¿Para qué se lo digo? Él tiene una vida perfecta y yo solo estoy arrastrándolo a mi lodo. El teléfono vibra casi de inmediato.

"¿Te tocó? Dime si te puso una mano encima, Faye. Voy para allá ahora mismo."

El pánico me recorre la espalda. No, no, no. Eso es lo último que necesito.

"¡No! Ni se te ocurra venir. Solo empeorarás las cosas. Olvídate de mí, Chase. De verdad. Esto no va a funcionar. Somos de mundos distintos y lo único que vamos a lograr es que Adam te destruya a ti también. Déjalo así. Fue una linda tarde, pero se acabó."

Dejo el móvil y me obligo a caminar hacia el baño para echarme agua fría en la cara. Me miro al espejo y veo a una chica rota, con ojeras y la sudadera de un chico que no debería conocerla. "Se acabó", me repito. Es lo mejor para él.

Pero entonces, escucho un sonido que reconozco entre mil. El rugido grave y potente de una motocicleta deteniéndose justo frente a mi ventana.

—No puede ser... —susurro.

Me asomo por la cortina. Chase está ahí, con el casco aún puesto pero la visera levantada. Sus ojos buscan mi ventana con una intensidad que me hiela la sangre. No apaga el motor, es una declaración de intenciones. Bajo las escaleras volando, rogando que mi madre o Blad no se hayan despertado por el ruido. Abro la puerta principal y salgo al aire frío de la noche.

—¿Estás loco? —le sigo en voz baja, acercándome a la acera—. Te dije que no vinieras. Si Adam regresa y te ve aquí...

Chase se quita el casco de un tirón. Su rostro está encendido, una mezcla de rabia y algo que se parece mucho a la devoción.

—Me importa una mierda Adam —dice, bajándose de la moto y acortando la distancia entre nosotros en dos zancadas—. No voy a dejar que te quedes en una casa donde te tratan como si no valieras nada. Súbete.

—Chase, no puedo...

—Sí puedes. —Me toma de los hombros, obligándome a mirarlo. Sus manos están calientes, firmes—. No es una pregunta, Faye. No voy a dormir sabiendo que estás aquí encerrada con ese imbécil. Te vienes conmigo.



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En el texto hay: romance, autolesiones, drgoa

Editado: 16.03.2026

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