intensity

16- Faye

Faye

El mundo regresa a mí en fragmentos sucios. Primero es el frío del suelo del baño de mi habitación, luego el sabor metálico en mi boca y, finalmente, el zumbido eléctrico en mis oídos. No recuerdo cómo llegué a casa. No recuerdo la última hora de clase ni el camino de vuelta.

Me levanto apoyándome en el lavabo, con las piernas temblando como si fueran de cristal. Me miro al espejo y me desconozco. Mis ojos están inyectados en sangre y tengo restos de polvo blanco en la nariz. Soy un desastre. Soy exactamente lo que Adam dice que soy.

Busco mi teléfono en el suelo. La pantalla está agrietada, pero enciende. Lo primero que veo es una ráfaga de historias de Instagram. No debería mirar, pero es como un impulso masoquista. Ahí están.

Adam, Marcus, Bruce... y Chase.

La música atrona incluso a través del altavoz del celular. Veo a Chase sentado en un sofá de cuero, con un vaso en la mano y una chica rubia pegada a su brazo, susurrándole algo al oído. Él sonríe.

Lanzo el teléfono sobre la cama y me abrazo a mí misma, sintiendo un frío que no tiene nada que ver con la temperatura de la habitación.

—Sabía que pasaría —susurro al vacío. Mi voz suena rota—. Sabía que te aburrirías de la chica rota en menos de veinticuatro horas.

Me quito la sudadera negra de Chase, esa que me hacía sentir protegida, y la tiro al fondo del armario. Me duele la piel, me duele el pensamiento.

Oigo ruidos abajo. Mi madre ríe con esa risa falsa que usa cuando quiere agradar a Blad. Nadie ha preguntado por mí. Nadie ha subido a ver si seguía viva después de que me vieran salir de la escuela como un zombi. Soy invisible otra vez. Y lo peor es que, por un segundo, gracias a Chase, creí que ya no lo era.

El teléfono vibra. Es un mensaje suyo.

"Faye, por favor. Dime que estás bien... me muero por irme. Respóndeme."

Con los dedos torpes, escribo una respuesta que sé que nos va a doler a ambos.

"Deja de escribirme, Chase. Diviértete con tus amigos y con esa chica. Tenías razón, esto no va a funcionar. No vuelvas a buscarme. Ya tuve suficiente de tus juegos de salvador por una noche."

Bloqueo el número. Apago el teléfono.

Me tumbo en la cama, mirando las sombras que bailan en el techo. El efecto de la droga se ha ido, dejando solo una cruda y amarga lucidez. Soy Faye, la chica que se droga para no sentir. Ese es el orden natural de las cosas. Y por mucho que me queme el pecho pensar en sus labios, sé que lo que acabo de hacer es lo único que va a mantenerlo a salvo de mi desastre.

El silencio de la casa se vuelve físico, como una mano apretándome el cuello. Después de apagar el teléfono, la habitación parece encogerse. El eco de mi propio mensaje de despedida rebota en las paredes, recordándome que soy la reina de los autosabotajes.

Me levanto de la cama con movimientos torpes y me acerco a la ventana. Desde aquí puedo ver la calle desierta, iluminada apenas por una farola que parpadea. Me pregunto cuántas veces he estado en esta misma posición, esperando nada de nadie. La diferencia es que ahora sé a qué sabe el calor de Chase, y eso hace que el frío de mi habitación sea insoportable.

De repente, la puerta de mi habitación se abre sin previo aviso. No es Chase. Es mi madre.

Viene con una copa de vino en la mano y esa mirada ausente que me dice que ya ha bebido lo suficiente para olvidar que tiene una hija. Se apoya en el marco de la puerta y me escanea con desprecio.

—Adam dice que te vio en la escuela hoy. Dice que dabas vergüenza ajena, Faye —suelta con una voz arrastrada—. ¿Es que no puedes darnos un respiro? Blad está cansado de tus escenas, y yo estoy harta de tener que pedir disculpas por ti.

—Pues deja de pedirlas —le respondo, volviéndome hacia la ventana—. Nadie te obligó a meter a dos extraños en esta casa para que nos dijeran cómo vivir.

—¡Esos extraños son los que pagan las cuentas de tus desastres! —grita ella, y por un segundo veo un destello de odio real en sus ojos—. Si sigues así, no me va a quedar otra que mandarte a ese centro en el norte. Blad dice que allí tienen programas para gente... como tú.

—Gente como yo —repito en un susurro amargo—. ¿Quieres decir gente que dejaste de querer cuando papá murió?

Ella no responde. Simplemente me mira un segundo más con asco, da un sorbo a su vino y cierra la puerta de un golpe. Escucho sus tacones alejarse por el pasillo. La amenaza del centro de rehabilitación flota en el aire, pero ni siquiera eso me asusta. Lo que me asusta es darme cuenta de que Adam tiene a todos en la palma de su mano. Él es quien le llena la cabeza a mi madre, él es quien maneja a Chase en el club, y él es quien, probablemente, puso ese polvo de ángel en mi casillero.

Me deslizo por la pared hasta quedar sentada en el suelo. Necesito algo. Cualquier cosa. Busco desesperadamente en los bolsillos de mi sudadera, en los cajones de mi mesa de noche... pero no queda nada. Lo usé todo en la escuela. La desesperación empieza a crecer, ese picor en las venas que me pide a gritos que apague el cerebro.

Vuelvo a mirar el armario. La sudadera negra de Chase está ahí, hecha una bola en el suelo. Me acerco y la recojo. Aún huele a él. Huele a esa mezcla de libertad y seguridad que sentí anoche. La aprieto contra mi cara y lloro. Lloro por la chica que podría haber sido si no estuviera tan rota, y lloro por Chase, porque sé que en este momento él está tratando de ser el chico que todos esperan, mientras yo me deshago en la oscuridad.

De pronto, un ruido abajo me pone en alerta. Es el motor de un coche. No es la moto de Chase. Es el auto de Adam regresando. Las luces del coche barren el techo de mi habitación mientras entra en la entrada.

Me quedo inmóvil, conteniendo la respiración. Escucho las voces borrachas de Adam y Marcus en el jardín. Se ríen. Están celebrando su victoria. Me imagino a Adam entrando en su cuarto, satisfecho por haber mantenido a Chase alejado de mí toda la noche, convencido de que ya ha ganado la guerra.



#379 en Joven Adulto
#1728 en Otros
#33 en No ficción

En el texto hay: romance, autolesiones, drgoa

Editado: 16.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.