intensity

20- Faye

Faye

Han pasado tres meses, pero a veces siento que ha pasado una vida entera. El aire aquí en la costa no tiene nada que ver con el aire viciado y pesado de nuestro pueblo, no huele a secretos guardados bajo llave ni a la humedad de aquel cuarto oscuro en casa de mi madre. Aquí el aire huele a sal, a libertad y a la posibilidad de un mañana.

Estoy sentada en la arena, sintiendo cómo los últimos rayos del sol calientan mi piel mientras el atardecer tiñe el cielo de un violeta profundo. Miro mis manos y, por primera vez en años, están quietas. He dejado las pastillas. Ya no necesito anestesiarme para soportar mi propia existencia. Ahora mis ojos siempre están presentes, brillantes, llenos de una vida que, a pesar de todo su esfuerzo, Adam no pudo robarme del todo.

Él está lejos ahora. Está encerrado en un hospital psiquiátrico de alta seguridad, custodiado por paredes blancas y médicos, esperando el juicio por intento de homicidio y por los cargos que finalmente me atreví a presentar. Decirlo en voz alta frente a un juez fue como arrancarme una bala del pecho, pero ahora la herida finalmente está sanando.

Chase se acerca por la orilla. Lo observo caminar hacia mí y no puedo evitar sonreír mientras trazo unas líneas en mi libreta de dibujo. Él dejó atrás su carrera en el rugby, su estatus y la vida que conocía el día que decidió elegirme a mí sobre todo lo demás. A veces me pregunto si extraña los aplausos y la gloria del campo, pero cuando me mira, sé que él siente que ganó el partido más importante de su vida en aquel estacionamiento.

Se sienta a mi lado, dejando que la arena ensucie sus pantalones sin que le importe en lo más mínimo. Yo dejo descansar mi cabeza en su hombro, inhalando su aroma, que ahora es mi único refugio seguro.

—¿En qué piensas? —me pregunta, pasando su brazo sobre mis hombros y atrayéndome hacia él.

—En que por primera vez —respondo, cerrando los ojos y disfrutando del sonido de las olas—, el silencio no da miedo.

Él me besa la sien y entrelaza sus dedos con los míos. El pasado sigue ahí, como una cicatriz que me recuerda lo que sobreviví, pero ya no dicta quién soy. Ya no soy la hermanastra de nadie, ni la chica de las pastillas, ni un objeto usado. Soy Faye. Y por fin, después de tanto tiempo, estoy tranquila.

Fin.



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En el texto hay: romance, autolesiones, drgoa

Editado: 16.03.2026

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