Intentando olvidarte.

Intruso.

Capítulo 4.


Me había quedado dormida después de tanto llorar la otra noche, son las cinco de la mañana me levanté y me introduje al baño para bañarme, salí de este y me vestí, me coloque un vestido negro, unas zapatillas del mismo color y me recogí el cabello en una cola alta.

Salí a la cocina y preparé el desayuno, comiendo se pasó la hora, agarré mi bolso y salí hacia la parada de buses, me senté y saque mi iPod para escuchar un poco de música mientras espero.
La gente pasaba y me veía extraño pero a mí dejo de importarme lo que los demás pensasen de mí, me sumergí en mi playlist de canciones mientras las tarareo, pasó media hora y nada entonces decidí caminar un poco.

Ya llevo más de media hora caminando y nada ¿qué le pasa a los buses hoy?
Gracias a que tengo unos reflejos maravillosos me di cuenta que a unos centímetros de mi viene un auto lentamente y me asusté, aceleré el paso para no decir que salí corriendo.

Y el auto se acercó más para quedar a la par de la acera y por ende de mí, por no fijarme bien me tropecé con lo que creo que es una roca y me cayó todo encima, me levanté rápido y recogí todo y me di cuenta que el auto ya estaba parado a un lado de mi voltee para ver de quien se trataba podría ser uno de esa gente que van por la calle secuestrando chicas jóvenes o un pervertido o un vende órganos y todas esas teorías se esfumaron al ver el rostro de preocupación de Nathan Cooper.

Carraspee un poco porque nuestras miradas están tan conectadas que no creo que ni un ventarrón haga que nos movamos de nuestra posición, su semblante era de alguien que no había dormido en toda la noche pero sus ojos sus hermosos ojos no tenían el mismo brillo que ayer aunque sigue igual de guapo.

Es un chico petulante, prepotente, manipulador, arrogante, mujeriego, egocentrista y todas las definiciones de chicos por los que ya había pasado, pero con él es diferente me quiero alejar pero hay algo que no me deja y quiero frenarlo, se está metiendo en mi corazón y mi vida sin invitación alguna.

Es un intruso que vino solo a desordenar mi vida, pero ¿serviría de algo si lo frenase? Es complicado porque sus ojos y todo el me trasmite algo que nunca nadie ha hecho pero ¿solo por ese motivo aceptaría que entrase? Rompí la conexión que habíamos formado y comencé a caminar otra vez.

— ¡Hey! Esmeralda ¿para dónde vas?–– voltee y vi que se había bajado del auto.

—Tengo que llegar al aeropuerto, voy a Seattle––es una pregunta obvia acaso se está haciendo el que no tiene memoria.

Ya iba a seguir caminando cuando sentí el contacto de su piel con la mía, me está deteniendo pero ¿para qué? trate de soltar mi mano de la suya pero fue un intento inútil lo que provocó que me acercara más a él y nuestros rostros quedaran a simples centímetros de tocarse, su respiración mezclada con la mía, miradas intensas, su simple tacto activó todo lo que estaba apagado e inservible desde hace muchos meses, y sentí esa misma seguridad que he sentido desde que estoy cerca de él.

Me perdí en ese verde de sus ojos que tanto me encantan y que es una de las tantas cosas que me llevan a dejar todo atrás y dejar de pensar en lo que es para sumergirme en un viaje sin rumbó fijó, aparté todos esos pensamientos de mi cabeza y me separé de él.

Nathan Cooper.

Me había levantado temprano para ir a buscar a Esmeralda para llevarla a donde vivía su abuela pero ¿porque estoy haciendo eso?— Porque te gusta menso— ¿Será?

Cuando llegué me encontré con que ya se había ido y supuse que estaba en la parada de buses y fui hasta allá, está ahí sentada tarareando lo que creo es una canción, se ve tan tierna, angelical, bella, con tan solo mirarla siento como el corazón se me comprimía, entonces se paró y comenzó a caminar, esperé que pasaran varios minutos para después ir detrás de ella en mi auto.

Ella notó que algo o alguien va detrás de ella y acelero el paso y se cayó frene en seco se ve asustada mi acto de estupidez la había asustado, me pare a la par de ella esperando mientras recoge lo que le ha caído estoy preocupado ¿y si se raspó la rodilla? o ¿si se lastimo en algún otro lado? todo será mi culpa.

No dormí en toda la noche pensando en cómo le diría que el segundo permiso era porque la quería acompañar pero no, mi nivel de estupidez me superó y no pensé y aquí estoy asustando a la chica más linda que he conocido jamás.

Nuestras miradas se conectaron, es una conexión extraña, es algo inefable y me encanta estar así con ella, nunca pensé que podría llegar ese alguien que quisiera más que a nada pero llegó y es mejor de lo que pensé, no me importa renunciar a todo lo que era antes si es por ella, voy a luchar para que al menos pueda estar a su lado.

Entonces ella rompió esa conexión tan maravillosa que me está quitando el aire y comenzó a caminar, salí del auto rápido y la llamé.

— ¡Hey! Esmeralda ¿para dónde vas?––le pregunté aunque se para dónde pero no entiendo porque se aleja de mí.

—Tengo que llegar al aeropuerto, voy a Seattle––y la respuesta a mi inútil pregunta.

Ya iba a seguir caminando pero fui más rápido que ella y la tome de la mano sintiendo corrientes eléctricas pasar por todo mi cuerpo, pasando por mi estómago haciéndome sentir cosquillas o como sea pero me siento bien con su simple tacto, trató de soltarse pero hizo que nos acercáramos más quedando a pocos centímetros de tocar nuestros rostros, su respiración inundo mis fosas nasales transmitiéndome confianza, nuestras miradas más intensas que las anteriores.

Sus preciosos ojos verdes me hipnotizan y me hacen caer en un hermoso trance en donde solo esta ella sonriéndome.

Ella se separó un poco y no perdí más tiempo le tenía que decir a que vine.

—Bueno...Esmeralda yo quería decirte que yo te voy a llevar ––su cara es un poema, se ve tan tierna haciendo ese gesto tiene el ceño fruncido y una cara de no comprendo que dices.




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