Te imaginás una calesita en medio del desierto?
Girando.
Siempre girando.
Con toda su energía puesta en dar vueltas…
sin avanzar un metro.
Ahora pensá en esto.
¿Te imaginás abrir un frasco de dulce de leche…
y no animarte a llegar al fondo?
Dejarlo a mitad de camino.
Cerrar la tapa.
Y decir que ya exploraste.
Ahora una pregunta más.
¿A dónde vas?
¿Qué estás buscando?
¿Qué querés?
¿Qué necesitás?
¿Quién sos?
Porque hay algo imposible de evitar.
No se puede hacer,
sin antes ser.
Pero tampoco alcanza con ser,
si nunca hacés.
Entonces la pregunta vuelve.
¿Para qué sos,
si no hacés?