Rompamos los esquemas: arranquemos por el final.
Sí, porque el final es el que te deja pensando "¿cómo lo hizo?" y te lleva a la reflexión.
Lo importante es que el mensaje te despierte, que te haga ese "click" que todos necesitamos.
Ese "click" es la chispa que, de golpe, te hace ver distinto, oír distinto, perder el miedo y dibujarte una sonrisa.
Y esa sonrisa es justo lo que le faltaba a la chica que salió del trabajo, con el día pesándole en los hombros, agobiada, saturada, con la cabeza llena de pendientes y solo queriendo llegar a casa, sacarse los zapatos y no escuchar a nadie.
Pero acá viene la charla. Le pregunto: "¿Por dónde querés que agarre, por la avenida o por la calle más rápida?" Y ella, estresada, me dice que solo quiere llegar, que está cansada, que no da más.
Ahí viene mi sugerencia: "Desde que salís del trabajo, dejá el trabajo ahí. Hay momentos para todo, no todo es laburo." Y sí, ella al principio duda, dice que no puede desligarse, que la empresa la llama, que el contestador no es opción.
Pero al final, se da cuenta de que no se trata solo del trabajo, sino de darse un respiro y encontrarse con una misma.
La conversación termina en que ella se siente como si hubiera salido a tomar unos mates con una amiga.
La conclusión es esa: los problemas son comunes a todos, pero la actitud y ese "click" de animarse a cambiar el chip es lo que hace la diferencia.
Y quién sabe, tal vez vos también estés esperando ese click.