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INOPORTUNO

La madrugada siempre trae sorpresas. Aquella vez fueron tres jovencitas que salían de bailar.

Una se acomodó adelante, las otras dos atrás.

A mitad del viaje pidieron detenerse. Bajaron, y al rato volvieron a subir, pero cambiando de lugar.

Mientras tanto, mi oído atento captó otra conversación: "¿Cómo pagamos el viaje?".

El mensaje era evidente: no tenían dinero. Les expliqué que la aplicación no bloquea por falta de pago, que simplemente queda un saldo negativo para cubrir en el próximo viaje.

El motivo de la parada fue simple, aunque inusual: una de ellas necesitaba orinar.

En plena calle, entre dos autos estacionados, resolvió la urgencia.

Nunca me había tocado presenciar algo así, y me resultó chocante.

No había problema, pero sí un límite que debía sostener.

Ese detalle me encendió las alarmas: algo no estaba del todo claro.

Mientras tanto, mi oído atento captó otra conversación:

"¿Cómo pagamos el viaje?".

El mensaje era evidente: no tenían dinero. Les expliqué que la aplicación no bloquea por falta de pago, que simplemente queda un saldo negativo para cubrir en el próximo viaje.

No había problema, pero sí un límite que debía sostener

Porque en cada viaje el conductor es quien tiene el control.

Si uno cede, se pierde el respeto. Esa madrugada, con actitudes inmaduras y picardías, mantuve firme la postura.

Al final, sí tenían dinero: pagaron el viaje y hasta dejaron propina.

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Reflexión

- Mi servicio tiene un precio, y ese precio no se negocia.

- Situaciones como esta muestran la importancia de sostener los límites.

- Decidí no volver a trabajar de madrugada: evité así experiencias incómodas que no tengo por qué atravesar.




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