IntrÍnseca+

DOS + DOS

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El tiempo pasó, era tarde y estaba lejos, el reloj marcaba las 2 de la mañana. Acepté un viaje de 50 km hacia la provincia, lejos de la capital.

En ese momento pensé: ¿para qué agarré este viaje?

La reflexión llegó tarde, porque ya estaba en camino. Uno siempre debe analizar distancia, la hora y el lugar antes de decidir.

No todas las decisiones son correctas, pero una vez que se toma, hay que sostenerla.

Al terminar ese primer viaje, sorpresivamente entró otro: desde 9 de Julio y Santa Fe.

Llamé al usuario, una joven, para confirmar. Me dijo que iba a retirarlo.

Le pedí que no demorara en la puerta, por seguridad. "Quedate tranquilo, el barrio es seguro", respondió.

Todos los barrios parecen seguros hasta que uno llega y descubre lo contrario.

Por eso, siempre hay que dar un paso adelante.

La charla con Estefi.

La joven subió y seguimos la ruta marcada por la aplicación. Yo en silencio, con música de fondo.

Ella inició la conversación:

-Mirá la hora que me hace salir, encima tan lejos.
Le respondí que si valía la pena, lo mejor era relajarse y disfrutar.

Se tentó de risa, contagiosa, y confesó que había fumado antes de subir.

Yo ya lo había notado. La charla se volvió distendida. Me dijo que sentía como si me conociera desde hace mucho, que podía hablar conmigo como con un amigo.

Eso me confirmó que mi forma de trabajar,

-crear un clima agradable y respetuoso- estaba dando resultado.

Me contó que a veces le tocaban pasajeros desubicados, que pedían su teléfono o la invitaban a salir.

Yo le aclaré: mi límite es no relacionarme con pasajeras.

Esa es mi manera de mantener el respeto y que el viaje sea agradable.

Entre risas y confidencias, entendí que iba a encontrarse con alguien esa noche.

No necesitaba que me lo dijera: dos más dos son cuatro.

Pero también le aclaré que no estaba obligada a contar nada.

Su vida es su intimidad, y yo la respeto.

El consejo Al acercarnos al destino, le pedí algo: que se cuidara.

Le expliqué que hay personas que no respetan nada, que pueden hacerle pasar un mal momento.

Le recordé que tiene una vida por delante y que no debe confiar demasiado.

Ella me agradeció, me dijo que se cuida, llamando a sus amigas antes y después de entrar.

Eso me dio cierta tranquilidad.

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Reflexión final

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Anécdotas como la de Estefi no son comunes. Lo que la hizo especial fue la conexión y, sobre todo, el respeto a mis principios.

Soy conductor de una aplicación, y mi trabajo no es seducir ni incomodar: es llevar a la gente a destino con seguridad, buena onda y límites claros.




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