Después de la conversación con Santiago, no volvieron a mencionar a Jim, fue una noticia que lo devastó, habían dicho que su muerte fue un accidente doméstico, solo Amber sabía la verdad.
Los exámenes médicos seguían para esclarecer el estado de salud antes de darla de alta, cuando ve a Santiago tiene tantas cosas que decir sobre el pasado, pero no salen de sus labios y no quiere que sea incómodo. Hasta tener la noticia de su salida del hospital, y al no saber si lo volvería ver, decidió hablar.
— Santiago… – llama su atención mientras revisa sus papeles – lo debo de decir… Por si no nos volvemos a ver.
— Claro que nos podemos ver fuera del hospital, dime cuando te invite un refresco.
— Sólo escucha… – da un suspiro viendo hacia la ventana – cuando mencioné sobre mi tumba, me refería a cuando tuve 17 años… Llegué a creer que no volvería casa, estuve sobre la carretera viendo pasar enormes camiones imaginando que estaba en medio de la calle y dejaban mi cuerpo destrozado… Siempre sentí culpa por la muerte de Jim, y no me defendí ante los golpes creyendo que lo merecía… Cuando los conocí fue el mejor día de mi vida, fueron buenos conmigo… Pero solo por ese tonto problema… No pediste explicación por lo que pasó, tus palabras fueron un detonante de muchos problemas que oculté, mi problema con la autolesión, mi mascota perdida, no hablé con mi padre una semana, y mi estabilidad mental colapsó… Por eso me alejé y cuando los vi sonreír a todos… Me alegré por ustedes, yo era un ancla para la amistad.
Un silencio se hizo en la habitación, Amber no era capaz de verlo a los ojos y sus lágrimas recorren sus mejillas.
— Y un sentimiento diferente se desarrolló por ti… Y creo que lo sigo notando en mi interior.
—Amber… La verdad... Debí pensar antes de hablar… Y aunque tú estabas sobre la carretera, yo te salvaría… Sabía sobre tu problema y también sufrí… Todos sufrimos cuando el grupo se separó, y te estuvimos observando… La sudadera con pequeñas manchas de sangre… Que hasta hoy vi las cicatrices cuando te trajeron por el accidente.
— Yo siempre fui un problema.
— Es la primera vez que te veo llorar, éramos inmaduros y la situación… Debimos pedir ayuda… Y no solo son tus brazos.
— También mis piernas… La ayuda llega muy tarde para algunos.
— Quiero enmendar mis errores… Conozco a una excelente persona, te puede ayudar.
— Gracias… Pero no tengo tiempo para eso… Mis padres están enfermos, el trabajo de todo el día, gastos médicos.
— Te daré su número… Solo considéralo, por favor.
Agarra el pequeño papel con el número de la persona.
— Y sobre ese sentimiento… También lo sentí – dice antes de salir de la habitación.
Amber está asombrada por sus últimas palabras, que hace que su corazón se acelere y seca sus lágrimas mientras sonríe.
Tan solo imagina como la situación hubiera sido diferente, pero solo es eso, su imaginación.
El día de salir del hospital llegó, su hermano hizo el papeleo correspondiente y Dante los acompaña en todo momento. Mientras Amber sale en silla de ruedas con ayuda de Santiago.
— Ya está todo listo… Dante nos ayuda con el transporte. – Walter se acerca con sus muletas y Dante guarda los papeles en un maletín.
— Odio estar en el hospital, hay muchas personas.
— Ya nos vamos… Tus padres están en casa – menciona Dante mientras empuja la silla de ruedas.
— ¿En tu casa?... Yo quiero ir a casa… Con mis cosas.
— Solo es temporal… Por el tratamiento de nuestros padres.
Llegan al auto subiendo con cuidado a Amber.
— Estoy bien, no necesito ayuda – se sube al auto dejando la silla afuera, Dante cierra la puerta y conversa con Walter.
Amber no los escucha y se sube la sudadera viendo la cicatriz, luego las de sus brazos con un ligero tono púrpura, se cubre de nuevo y ve que ambos están discutiendo. Suspira y cierra sus ojos por un momento, los abre de nuevo y sigue en el auto, pero ahora es todo más oscuro, el exterior está vacío, solo hay cenizas en el aire.
La puerta de copiloto se abre y entra Walter haciendo que todo regrese a la normalidad, también sube Dante para emprender el camino.
— Creí que eran amigos… ¿por qué estaban discutiendo? – Amber rompe el silencio.
— Dante olvidó avisar a Zen que ya estás afuera del hospital.
— Si, solo eso.
Hay silencio de nuevo, Amber ve por la ventana lo frío que es afuera, la nieve tan densa y blanca en los bordes de la carretera. Parece que van casi fuera de la ciudad y muy lejos de su casa, nadie más habló y solo piensa en ese instante junto con los sueños que tuvo en el hospital.
Dante se detuvo en el portón mientras se abre, entra hacia la cochera en donde ya no hay frío, es más cálido. Sale sin importar usar la silla, camina hacia la puerta al final de la habitación.
— Amber… No debes hacer esfuerzo – Walter intenta alcanzarla con sus muletas, pero Dante se adelanta.
— Amber… Ve con cuidado… No has caminado en muchos días y no debes forzar el cuerpo – la toma del brazo y abre la puerta pasando a la sala.