Invierno Eterno

Capítulo IX

La tía Grace mantiene en observación a Morgan por el fuerte dolor de cabeza, el medico recetó algunas pastillas que debe tomar dos veces al día, lo cual la mantiene más tranquila.

Patrick cambió de escuela durante las vacaciones, y visita ocasionalmente, aunque la mayor parte del tiempo Morgan duerme. Hasta que el día de entrar al colegio en donde se dio cuenta de su ausencia, y cuando vio a la tía Grace a la semana siguiente con el director, supo que algo estaba mal.

Envió mensajes a Morgan pero nunca eran contestados, después de la escuela se dirigió a casa de Grace para ver que sucedió.

— Buen día, señora Grace. ¿Se encuentra bien Morgan?... No se ha presentado a la escuela.

— No se siente bien últimamente. Le diré que vino – intenta cerrar la puerta, pero Patrick la detuvo.

— Solo la quiero ver… O no me iré de aquí.

La mirada de la tía de Morgan fue de enojo y frustración, no tuvo opción y lo dejó pasar.

— La habitación está en el segundo piso al final del pasillo izquierdo de las escaleras.

— Gracias, muy amable – con paso decidido, subió a la habitación de su amiga.

Al llegar, da unos suaves golpes en la puerta, pero no obtuvo respuesta. Da un suspiro antes de abrir la puerta, pero solo ve oscuridad en la habitación.

— Morgan… Soy Patrick.

— Patrick… Ayuda – logra decir Morgan antes de caer al suelo.

Patrick enciende la luz de la habitación para ver a Morgan a lado de la cama en el suelo, se acerca rápido para que se mantenga despierta.

— Morgan, no te duermas, sigue conmigo – con su teléfono llama a la ambulancia preocupado por su amiga.

Los paramédicos se apresuran a llevarla al hospital mientras toman sus signos vitales y le hacen preguntas a Grace sobre lo que ha estado consumiendo, mientras tanto, Patrick la acompaña al hospital sumamente preocupado por el estado en el que está Morgan y en lo que pudo haber pasado si no llega a tiempo.

— ¿Algún medicamento que tomó? – pregunta el enfermero.

— Sus padres acaban de morir y estaba tomando un medicamento que le recetaron para la depresión.

— Sobredosis… Administra el antídoto.

— Ya llegamos.

El conductor se detiene y baja del vehículo para abrir la puerta, bajando a Morgan entrando a urgencias con una médica tratando de reanimar su corazón con maniobras RCP. Pero no hay señales de pulso, a Patrick lo detienen antes de entrar a la habitación viendo por última vez a Morgan y recordar el último día que la vio.

Liz, ahora se encuentra sentada frente a una mesa de una cafetería y junto con ella está Víctor pidiendo algo del menú al mesero. Sus miradas se encuentran estando solos, ella no puede contener su alegría, pero sabe que no es su Víctor.

— No es muy agradable que la vean con esa vestimenta… ¿Dónde está su obsequio de cuando realizó la declamación de su poema? – cuestiona mientras sus guantes se deslizan por sus manos dejándolos sobre la mesa.

— El obsequio… Tal vez en un… ¿Cajón?

— Un vestido que su diseñador es el mismo Charles Frederick Worth, no debe estar en un cajón.

— ¿Charles?

El mesero los interrumpe dejando dos tazas de té y dos croissants, estando solos de nuevo.

— El diseñador Charles fue muy conocido en su tiempo, hace más de un siglo y sus diseños se guardan para las familias más prestigiosas.

— La declamación… Mi poema – ella se sumerge en sus pensamientos sin creer lo que sucede.

— ¿Por qué siento que eres una persona muy diferente, pero reconozco que eres la señorita Liz? – come un trozo de pan viendo ambos croissants, pero diferentes.

— Lo siento si estoy incomodando por mi ropa, debería irme.

— Espera… en el laboratorio decía sobre unos sueños, me veías con diferente atuendo y personalidad, pero mi físico era el mismo – junta ambos croissants en un plato y los deja en medio de ambos – Se ven igual, pero no es el mismo, diferente textura y relleno esponjoso… es lo que me decía Liz.

— Yo no escribo poemas… En mi hogar hay mucha nieve, nunca la había visto en verano hasta que salí de ese lugar.

— Puedo ayudar.

— Pero me tengo que ir, debo seguir mi camino y encontrar a una persona importante.

— Las personas más importantes están en el laboratorio.

— En verdad... Debo encontrar a esa persona — se levanta del asiento y Víctor hace lo mismo.

— Solo espera... Ellos te pueden ayudar.

— Esto es algo muy extraño.

— Bueno... Ellos son más extraños.

Y así la llevó hacia aquel lugar desconocido, sintiendo las miradas de las personas con indignación por la vestimenta. Después de unos minutos más de camino, llegan a un lugar casi en abandono, el edificio viejo y en ruinas aún de pié por tres personas extrañas.

Al entrar se escucha los crujidos de las tablas al pisar, Víctor va delante de ella indicando el camino pasando por las habitaciones hasta el final del edificio y se escuchan algunas risas, abre la puerta viendo a un chico flotar por unos segundos mientras ríe junto a otra chica.




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