– ¿Mamá? – Morgan despierta viendo el techo blanco de la habitación, ve a su alrededor y solo hay un pequeño sillón gris a lado de la cama – ¿Papá?
Se trata de sentar sintiendo cada aguja en su piel, escucha unos pasos fuera la habitación y se abre la puerta, entra una doctora asombrándose al verla.
– No se levante, se puede caer – se acerca para tocar un botón a lado de la cama.
– ¿Qué es lo que me pasó? – vuelve a su posición viendo a la mujer escribiendo en su libreta.
– La inducimos al coma… Pero todo está bien por el momento.
Llega Patrick corriendo a la habitación, se alegra al ver que ya despertó.
– Morgan… Esperé mucho este día – se acerca para tomar su mano, pero Morgan la aparta.
– ¿Quién eres?
Con solo esa pregunta, supieron que algo en la mente de Morgan resultó con un daño.
– ¿Qué es lo último que recuerdas?
– Eres Nazar, ¿Cierto? — dice con desconfianza.
– Soy Patrick, ¿No me recuerdas? — intenta tomar su mano, pero ella la aleja.
– Yo... Sólo recuerdo... Recuerdo... El olor de la comida… Me avisó mi madre de la cena.
– Es mucho antes de todo lo que pasó.
– No lo mencione Patrick.
– ¿Qué sucede? – el sonido se acelera del monitor cardiaco.
– Por el momento sus padres no pueden estar aquí, debo seguir con el procedimiento y verificar que está bien – la doctora le suministra un calmante para evitar que se altere
– Quiero ver a mis padres, por favor… Algo malo va a pasar… Por favor – puede sentir como su cuerpo deja de estar tenso y su respiración se calma.
– Todo va a estar bien, te voy a cuidar – Patrick le dedica una suave sonrisa.
Ambos salen de la habitación y el rostro de la doctora es de preocupación.
– Ese suero, no sé sobre que está compuesto, pero le salvo la vida… Y su memoria tal vez regrese, pero será a su tiempo. No le diga sobre sus padres.
– Pero no podré mantener la mentira, es mi amiga, ella… No puedo con esto.
– Es difícil empezar de cero, le recomiendo que haga lo mismo de cuando se conocieron.
– Está bien, muchas gracias por todo y le diré a mi padre la buena noticia.
El padre de Patrick, el vicepresidente Gabriel Luna; se encuentra en la sala de su casa revisando unas carpetas cuando su hijo lo interrumpe.
– Padre, Morgan ya despertó.
– Excelente noticia, le daré los planos para empezar… – lo interrumpe su hijo.
– No… No recuerda nada de lo que pasó, ni el concurso – hace lo posible por no dejar salir sus lágrimas.
– ¿En cuánto tiempo va a recordar?
– No lo sé, yo la voy a ayudar.
– No tenemos mucho tiempo – el señor Gabriel se dirige a la habitación de Morgan con las carpetas y Patrick le sigue a su paso.
– Es muy pronto para eso, debe descansar.
– Es cuestión de años que toda nuestra comodidad va a desaparecer.
Llegan a la habitación y entran viendo que sigue despierta.
– Lo siento Morgan, mi padre sólo se quiere asegurar de que estás bien.
– ¿Qué les pasó a mis padres?
– Ellos están de viaje… Les dije que estás bien y que los esperas – el señor Gabriel se acerca para dejar las carpetas en la mesa junto con una pluma – sólo para matar el aburrimiento.
– ¿Es de la escuela?
– Claro, es un trabajo muy importante — el señor Gabriel sigue mintiendo mientras que su hijo solo observa sin poder evitarlo.
– Lo haré, cuando esté mejor — se sienta en la cama con esfuerzo, tomando las carpetas y hojear cada una — ya las recuerdo, hace falta un par de cosas y modificar para mantenerlo estable.
Patrick se sorprende al saber que recuerda su proyecto, se acerca más a la cama de Morgan.
– ¿Puedes recordar quien es Nazar?
– Nazar — repite recordando su sueño — su invento no resultaba, yo le ayudé... Y todos estaban muertos.
– Un inventor... Nazar — Patrick se sienta en la cama viendo temblar las manos de Morgan.
– Te pareces a él.
Hubo un silencio tenso y sólo se escucha el monitor.
Al norte del país, el frío es mucho más denso. Amber está cuidando de Liz, quien está en la cama recuperando el calor de su cuerpo.
– ¿Solo por qué apareció en tu sueño, la ayudas? — dice con enojo y confusión Walter.
– Es más complicado que solo eso... Debo regresar a nuestra casa, dejé algunas cosas en mi habitación.
– No puedes regresar, iré con Dante por tus cosas.
– ¡Son mis cosas y debo ir yo! — se levanta y en pocos segundos se desploma al suelo, comienza a temblar su cuerpo rígido. Está convulsionado.