Invierno Soleado

20: Confesiones

 

Ya están a punto de anunciar al ganador.

Diego no se ve emocionado, debido a la forma en que ganó. No me importa, lo único que importa es que tendrá dinero extra para ayudar a sus abuelos.

Los premios de consolación no están nada mal, les han dado unas canastas con diferentes tipos de galletas, dulces, snacks y bebidas dulces. Los niños han celebrado, seguramente están ansiosos por comerse todo eso.

—Y ahora —mi abuela sostiene una hoja con los resultados—. Hay una situación un poco inusual, no tenemos tercer y segundo lugar realmente pues dos familias están empatadas.

La gente se mira entre ellos.

—Pero no importa, vamos a premiar a un nuevo tercer lugar, este es… —mira la hoja—. La familia Green.

Jennifer pasa al frente con una familia de tres hijos, reconozco a los pequeños pero la otra hija es de unos trece años, por lo que debe estar en la sección de Zeth, con los pre adolescentes.

La familia que ayudó Jennifer recibe un cupón de cincuenta por ciento de descuento para a próxima vez que decidan visitar el campamento y un horno microondas.

—Felicidades, ahora, el segundo lugar se lo daremos a ambas familias —expresa mi abuela—, así que por favor pasen…

— ¡Un momento!

Alguien en la audiencia eleva su voz y permanecemos en silencio, las personas giran sus cabezas para identificar a la persona que interrumpió.

—Tengo algo que decir —es Sarah.

Jay está a un lado de ella pero lucen distantes, quizás por lo que pasó hace unas horas. — ¿Qué haces? —pregunta.

Sarah lo ignora. —Tengo una pregunta, ¿este juego era mayormente para divertirnos, no?

Mi abuela asiente mientras el resto de las personas aquí la vemos confundidas.

—Pero, ¿Qué pasa si alguien hizo trampa? —pregunta, sonriendo.

Diego, a una corta distancia de mí, me da una mirada. Yo solo me encojo de hombros.

—Se supone que el segundo lugar es para mí y para la familia que ayudó Jay —Sarah empieza a acercarse a mi abuela, quien no sabe cómo reaccionar a esto—. Y el primer lugar es para la familia de Diego, pero, hizo trampa.

Algunas reacciones son de murmuraciones, Diego frunce el ceño. — ¿Qué? —dice por lo bajo.

Mi abuela intenta sonreír. —Sarah, creo que ahora no es el momento…

—Sí es el momento —saca de su bolsillo trasero el teléfono y busca algo en él—. Es trampa porque hace un rato yo tomé el Santa, yo tenía que ganar. Pero no solo eso —me señala con su mano libre—. Ella también hizo trampa, Diego le dijo dónde estaba el primer objeto.

— ¿Qué? —pregunto.

Mis padres detrás de mí murmuran algo pero no puedo escucharlos.

Sarah sonríe. —Sí Allana, yo escuché cuando te dijo donde podías encontrar el primer objeto, eso es trampa —mira a Diego—. Y tú, lo haces solo porque es tu novia, ¿no?

Veo que al fondo Cameron y Zeth se dan una mirada confundida, el resto de las personas también lucen de esa manera, pero permanecen calladas para seguir escuchando.

—Sarah —digo—. Si yo estoy con Diego o no, ese no es tu problema.

Sarah, contrariamente a la reacción que esperaba, sonríe. —Es prohibido que nosotros tengamos una relación romántica aquí, Allana.

Ay, no.

—Entonces —presiona su teléfono—. Aquí está el video, la prueba que Diego te dijo dónde estaba el primer objeto, eso significa que tu familia y la de Diego están fuera.

Nadie se mueve, la situación se ha tornado tan mala ahora mismo.

No quiero ver a Diego ahora, no puedo. Sé que por mi culpa podrán despedirlo y por mi culpa, no podrá recibir ni el bono ni nada. Es mi culpa.

Respiro profundo. —Basta, Sarah.

Resopla. —No, Allana. Tú me odias por algo que pasó hace muchos años y quieres vengarte, ¿no? Por eso me quitaste el Santa cuando yo lo tenía y querías quedártelo.

—Claro que no —respondo.

Mi abuela sacude sus manos. —Basta, basta, no hagamos un problema ahora.

Sarah reproduce un video y le sube todo el volumen, no tengo que verlo para saber que fue aquella vez cuando Diego llegó a decirme sobre el Duende en la entrada, y luego, su beso.

El silencio que se produce después del video es tan agobiante. No sé qué estará pensando mi abuela, mis padres o Diego. No quiero ver a nadie, lo único que quiero hacer es huir de aquí, esconderme y desaparecer.

Pero, recuerdo algo.

Esto es parecido a lo que ocurrió hace cuatro años. La misma situación donde soy expuesta y me siento totalmente humillada.

—Es cierto —Diego eleva la voz—. Yo quería ayudar a Allana, también es cierto que ella me gusta y acepto que no estuvo bien, según las reglas, pero no creo que esto es necesario Sarah. Renuncio al premio, lo lamento por la familia que me asignaron, sinceramente me disculpo con ustedes por mi irresponsabilidad.

Sarah tiene una expresión de “No es mi culpa”

Siento la mano de mi padre sobre mi hombro, quizás está molesto por como he actuado. No lo culpo, vine a este lugar como un castigo por mi actitud y ahora, he arruinado todo de nuevo.

—Nunca bajes el rostro, mi niña —susurra papá.

Lo volteo a ver y me está dando una sonrisa tranquilizadora.

Y quizás eso fue, lo que me dio valor para decir: —Es cierto —giro en dirección a mi abuela—. Es cierto, todo eso pero yo quería que Diego ganara porque él ayuda a sus abuelos —doy un paso al frente, luego otro más—. No es culpa de Diego nada, si nos hemos besado es porque nos gustamos, ¿es eso tan malo?

Nadie responde, pero no importa.

Continuo: —Sus abuelos necesitan medicina y él trabaja aquí para ayudarlos, él necesita el bono para ellos, no para él mismo. —Busco con la mirada a mi abuelo—. Diego no es malo, tú mismo me has dicho que soy una princesa y que algún día encontraré un príncipe pero, bueno, no sé realmente nada de eso solo sé que Diego ahora mismo, tiene mi corazón.

Decir todo esto frente a las personas se siente difícil pero, en el fondo, necesario.




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