Iridescent

Capítulo 7:Herido


 


 

"Yo vi a través de las palabras que dijiste hasta los secretos que estuviste guardando" -Linkin Park
 

 

Tarareaba la canción mientras daba pequeños golpecitos sobre el volante del auto, con cada "Take" mi fuerza aumentaba hasta llegar a ese grito el cuál traté de imitar sin emitir sonido alguno.

-Vaya que necesitaba esto, gracias chicos- Le sonreí a la pantalla del celular mientras observaba el logo de mi banda favorita.

Al finalizar la canción acomodé mi cabello y puse en marcha el auto, pasé por la casa de Joseph preguntándome si estaría ahí o no.

-Hoy es un buen día para un poco de música en vivo- susurré para convencerme.

Aparqué en la entrada de Irlanda, se supone que saldría para hacer las compras pero primero decidí darme una escapada, una pequeña escapada para ver a aquel chico de los ojos color sol.

Las cosas seguían igual de cálidas que la última vez, se había vuelto uno de mis lugares favoritos de aquella zona, a pesar de que era mi segunda visita. El olor a postre y café helado con madera fresca y limpieza hacían de ese lugar un poco más ameno para mi alma y como amaba esos aromas.

-¿Desea algo en especial? - un chico ruloso se acercó amablemente apenas y se dió cuenta que me senté en una de las mesas de la sección de comida.

-Un frapuchino por favor

-Claro, en un momento.

El chico se alejó con la misma amabilidad y rapidez qué al principio.

Mientras esperaba indagué un poco con la mirada, había menos gente que aquel día, pero el ambiente seguía siendo el mismo. La música de fondo también ayudaba a que aquello fuese tan tranquilo, un jazz suave resonaba por todo el lugar y ante eso pude soltar un suspiro reconfortante.

-Espero lo disfrute- el chico hizó presencia de nuevo y después de entregarme el frapuccino se dirigió a atender otras mesas.

La gente entraba por lapsos, unos iban a la sección de libros y otros abordaban las mesas de mi alrededor, decidí echar un vistazo al reloj de mi celular y ya había pasado una hora, quizá hoy la función de música sería más tarde, divisé la sección de enfrente y el escenario permanecía sin alguna luz, incluso los asientos estaban vacíos.

Me apoyé nuevamente de mi celular pero ésta vez para hacerle una llamada a Joseph el cual nunca respondió.

Extraño.

Probablemente sea su descanso.

-Disculpa - traté de llamar la atención del chico con rulos qué se encontraba limpiando la mesa de enfrente. Éste se giró en mi dirección y yo asentí para asegurarle qué le hablaba.

-¿Desea algo más?- cuestionó mientras se acercaba.

-Me gustaría saber si hoy habrá función de música en vivo- inquirí.

-No al parecer, Joseph no se ha presentado y no da rastro de su paradero tampoco- murmuró para evitar que alguien más escuchara la última parte- seguramente este dormido, anoche trabajó mucho, no hay de que preocuparse.

Sonreí falsamente, yo si tenía un mal presentimiento pero no quería que el chico lo notara. Él regresó a la otra mesa para llevarse algunos platos y yo me dirigí primero a pagar el frapé para después subir al auto.

Hice un nuevo intento para tratar de localizar al ojimiel y de nuevo su número me mandaba al buzón de voz.

-Responde Joseph, responde-musité para mis adentros.

Resignada decidí regresar por el mismo camino, solo un par de calles y estaría en casa. Encendí las luces justo al doblar en una esquina debido a que casi no se veía nada por ahí, estaba terminando de dar vuelta cuando decidí echar un vistazo y noté un cuerpo tirado sobre la acera. Frené al instante cuando pude reconocerlo.

-¡Joseph!-dije ahogando un grito. Me bajé inmediatamente del auto para acudir en su auxilio.

Y ahí estaba él, retraído y quejumbroso, tenía los ojos cerrados y había sangre en su playera y labios.

-¿Cómo ha pasado esto?-intenté acercarme sin hacerle daño.

-Phoenix-dijo en medio de quejidos y sosteniendo su estómago-¿Eres tú?

Yo sabía que algo andaba mal, verlo ahí tirado lo confirmó, en ese momento el estaba muy lastimado y yo podía sentir su dolor con cada jadeo que salía de su boca.

-No intentes hacer fuerza, espera un poco. Estarás bien, te lo prometo.

...
 


 


Hace tiempo el abuelo estuvo hospitalizado por una lesión, fueron noches de cuidados intensivos, la familia se reunió para hacer guardias. No recuerdo muy bien la causa tenía unos siete años aproximadamente cuando eso pasó pero pude sentir mucho miedo de que él ya no estuviese con nosotros. Mi abuelo nunca mostró miedo solo una cálida sonrisa en mi dirección siempre que acompañaba a mi padre en su guardia. - No temas mi pequeña ojos tristes, yo estoy bien- solía repetirme y cada vez que decía eso yo le creía. 
 


 

Él estará bien. 
 


 

En otra ocasión mi padre se accidentó en su motocicleta, le tuvieron que reconstruir parte de su rostro. Esa fue la segunda vez que el miedo de los hospitales me invadió, ver a mis hombres especiales lastimados era difícil, o lo fue. Los siete años siempre fueron terribles para mí. 
 


 

Desperté sobresaltada, aún con las imágenes de mi padre y abuelo en la mente, heridos, ellos estaban heridos... 
 


 

Recordé que estaba cuidando de Joseph cuando levanté la vista y noté las paredes blancas, las cortinas azules y el sonido de un checador de pulso a mi lado. Mi postura seguía apoyando mi peso sobre los brazos y estos sobre la camilla, me dormí exactamente a la altura de la muñeca del ojimiel. 
 


 

Tallé ligeramente mis ojos para después reincorporarme hasta estar sentada en un ángulo de 90 grados, giré mi vista hacia él y ya me estaba viendo con una media sonrisa en su rostro.
 


 

Tenía heridas en los labios, nariz y ceja izquierda, un suero y un checador de pulso (no tengo la más mínima idea de cuál sea su nombre). Su respiración se mantenía tranquila y llevaba una bata, muy fea bata azul.
 




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