Aurora
Me siento abrumada, habían sido muchos cambios en tan poco tiempo. Recuerdo que Rose me contaba historias mientras crecía, eran sobre su cultura, sus costumbres y las cosas mágicas que ocurren en este mundo. Siempre me parecieron fantásticas y de ensueño, sin embargo, nunca, en ningún sueño o pesadilla me imaginé aquí y muchos menos siendo reclamada por un alfa. Había escuchado sobre ello, sobre el vínculo de compañeros, así que no me era desconocido, pero era aturdidor ser objeto de ello.
Algo ocurrió, algo cambió en mi interior cuando lo ví, una parte de mi interior que no creí que existiera despertó, con una vista de túnel que solo daba hacia el, no podía dejar de mirarlo, me conquilleaba la piel en anhelo por su contacto, los segundos que estuve entre sus brazos, más allá de la confusión y el miedo por lo extraño, una sensación de bienestar se extendió por todos mi cuerpo, me sentí plena, apesar de nunca antes haber sentido que faltara algo.
Entre los coloridos árboles del bosque, la luna nos alumbra y yo camino a su lado hacia su casa. Una risa llena de ironía quiere brotar de mi garganta, pero la retengo; ir con un extraño a su hogar no parece una acción de una persona cuerda, pero a pesar de cualquier instinto de supervivencia, quería estar cerca de él, aunque desconociera la razón, y Rose había asegurado que estaba bien ir con él, y le confío a ella mi vida.
Eso no cambia que esté llena de preguntas y reserva, además de algo de miedo ante lo que esto significa más allá.
Hace unos metros, la otra pareja que había ido a la plaza con él, cambió de camino, mientras nosotros seguíamos en la misma dirección. Si no fuera por los ruidos del bosque, el silencio sería bastante incómodo.
-Así que…- había comenzado la oración sin saber que diría realmente, traté de pensar en algo que decir, pero ningún pensamiento quiso venir en mi ayuda, me quise golpear por haber abierto la boca sin nada que decir, hasta que una pregunta se iluminó ante mi- ¿por qué no realizaste el recorrido en tu forma animal? Había escuchado que suelen transportarse de esa manera- mi voz se volvía más baja con cada palabra, queriendo devolver el tiempo y no haber dicho nada, sobre todo porque mantenía su vista hacia el frente y habría pensado que ni siquiera me había escuchado si no me hubiera dedicado una mirada unos segundos después antes de responder.
-No creo que tus pies podrían seguirle el ritmo a mi lobo- frunzo el ceño por su presunción, aunque fuera cierto, me pareció grosero. El me miro una vez más- y tampoco creo que te gustaría convivir con mi lobo en este momento-agrega en un tono de voz que no logro descifrar.
-¿a qué te refieres?- le miro pensando si tal vez sería peligroso, veo que piensa en sus palabras antes de responder.
-Llevaba mucho tiempo sin encontrarte, así que mi lobo está fuera de control, digamos que está eufórico y él no sigue a la razón- hay algo más que entiendo leyendo entre sus palabras, su lobo no es racional, pero él sí, él sí puede controlar su parte humana. Así que quizás esto no es lo que él quiere, tal vez ahora sus acciones estén siendo guiadas por lo que dicta la razón, y no lo que él realmente quiere.
Estaba apunto de preguntar que haría su lobo estando fuera de control, pero una inmensa casa se levanta ante nosotros.
-Llegamos- se adelanta a la puerta y la abre para mí, sus ojos me miran, supongo que analiza mi reacción. Dejo que mi vista vague por el lugar, todo se ve limpio y en orden, me adentro más y veo una espaciosa sala, luego hay dos pasillos, uno a cada lado. Mi vista va a la escalera, levanto la vista y noto a través de las barandas que hay una serie de puertas en la segunda planta, todo se ve muy hermoso, aunque no evito notar que no hay nada que refleje una personalidad, faltan colores, las paredes están vacías y son pocos los objetos que se encuentran en el gran lugar.
Un movimiento llama mi atención, algo que parece un animal verde se encuentra colgando del candelabro en el centro del techo. Un alarido sale de mi garganta ante la impresión, y mi corazón amenaza con salirse de mi pecho cuando de repente se lanza y creo que caerá sobre mi. Sin dudarlo y rápidamente me acerco a Adrien, agarro su brazo con demasiada fuerza.
El le gruñe a la criatura cuando esta cae en el suelo, de pie, debo recalcar, al observarla de cerca noto que parece una niña pequeña, rara y de piel verde.
-Oh, Agapita quiere saber quién eres tú- me mira fijamente con sus grandes ojos mientras espera una respuesta a la pregunta que quiso hacer en tono autoritario, las manos en su cintura reafirman que esa era su intención, sin embargo su apariencia y su pequeño tamaño hace difícil que luzca así.
Miro a Adrien, en busca de una respuesta, pero él la está mirando fulminantemente.
-Agapita habla contigo, no con él, ¿acaso eres muda?- vuelvo la mirada a ella, su rostro es de auténtica curiosidad, noto que habla de sí misma en tercera persona, e ignorando su rudeza, decido que debería responderle.
-Me llamo Aurora, es un placer conocerte- dejando de lado mi desconcierto inicial y sus maneras poco amables, le sonrío. Adrien gruñe a mi lado, lo hallo mirándome y me doy cuenta que sigo agarrada a su brazo, creyendo que esa es la razón de su molestia, lo suelto, pero su ceño solo se frunce más.
-Eres linda- inclina su cabeza hacia un lado- Agapita quiere saber qué haces aquí- me río por su personalidad tan peculiar que sale a relucir a solo segundos de conocerla.
-Bueno, creo que vengo a quedarme por un tiempo- respondo sin estar segura de mis palabras, ni siquiera yo sé muy bien qué hago aquí. Sus negros ojos se abren en sorpresa y se dirigen a el hombre a mi lado por unos segundo antes de volver a mi.
-Oh, Agapita no comprende, el alfa no permite que nadie viva aquí, a excepción de mi, por supuesto- agrega con un aire de superioridad mientras infla el pecho como si aquello fuera un logro, es realmente entrañable.