isekai Dimension: El Viaje Astral

Capitulo 1: "El Limite Del Insomnio"

El techo de la habitación de Laion estaba lleno de dibujos hechos por el. A sus veinte años, el insomnio no era una enfermedad, sino una puerta.

Sus sueños siempre habían tenido una definición agotadora, una nítida sensación de realidad que lo dejaba exhausto al despertar. Pero esa noche, algo era diferente. La fatiga lo envolvió, y no cayó en la oscuridad habitual, sino que sintió un tirón en el ombligo, como si el espacio-tiempo se plegara a su alrededor.

El Despertar Del Plano Astral

Abrió los ojos. El frío de sus sábanas había desaparecido, reemplazado por el calor de un sol que brillaba en un tono sospechosamente más naranja que el de su ciudad natal. No estaba en su cama.

De pie en una calle empedrada que parecía hecha de obsidiana pulida, Laion parpadeó, su primera reacción fue una que lo definía por completo: una sonrisa ancha y genuina se extendió por su rostro.

No había miedo, solo una curiosidad bondadosa que brillaba con fuerza, haciendo juego con su singular cabello plateado.

—¿Vas a comprar algo o solo vas a quedarte ahí sonriendo como un tonto, muchacho? —una voz ronca y húmeda interrumpió su asombro.

Laion bajó la vista. Detrás de un mostrador de madera antigua estaba un hombre que parecía un sapo de tamaño humano, con un chaleco de lino y un pequeño sombrero formal.

—Eh, no... yo... ¿dónde estoy? —preguntó Laion, su sonrisa sin flaquear, mientras examinaba el entorno.

La calle era un desfile de lo imposible. Una mujer con rasgos de felino caminaba con elegancia, y un grupo de niños con orejas de conejo corría entre los puestos.

—En el Mercado Central de Ciudad Bosqueta, ¿dónde más? —respondió el comerciante con impaciencia, señalando su mercancía—. Probá uno de estos si querés que se te acomoden las ideas, a los "turistas" les suele caer bien.

Sobre el mostrador había botellas de cristal con líquidos de tres colores que no se mezclaban, suspendidos uno sobre el otro en capas perfectas.

Al lado, una bandeja de alfajores cubiertos con una lluvia de granizado azul eléctrico que chispeaba levemente.

—¿Alfajores granizados? —Laion tomó uno, su mano rozando la superficie fría. El sabor fue una explosión: dulce, cítrico, casi eléctrico, y extrañamente nostálgico.

El Reencuentro Imposible

Mientras intentaba descifrar la física del dulce, un alboroto comenzó al final de la calle. Un chico corría hacia él, tropezando con las cestas de frutas exóticas.

—¡Cuidado! ¡Apartate! —gritó el desconocido.

Laion se quedó helado. Esa voz. Esa entonación.

No podía ser. El chico que corría se detuvo en seco frente a él para recuperar el aire. Llevaba una chaqueta gastada y una expresión de tensión pura, pero cuando levantó la vista, sus ojos se cruzaron con los de Laion.

—¿...Laion? —el chico retrocedió, parpadeando violentamente. Su cabello negro estaba ligeramente desordenado, y sus ojos, de un intenso color naranja, brillaron con una mezcla de sorpresa y determinación. Diego tenía una expresión alegre por el reencuentro, pero siempre con ese rastro de seriedad subyacente que lo caracterizaba.

—¿Diego? —Laion sintió que el mundo giraba—. ¿Cómo... qué hacés acá? No nos vemos desde que éramos chicos, ¡vos vivís en otro país!

—¡No hay tiempo para explicaciones! —Diego le agarró el brazo con fuerza, su tono serio y directo—. ¡Vienen por nosotros!

El Ataque de las Plumas Negras

Un graznido ensordecedor cubrió el cielo de Ciudad Bosqueta. Una sombra densa se proyectó sobre la calle, pero no era una nube. Era una banda de Cuervos Criminales: figuras antropomórficas con gabardinas de cuero negro y máscaras de hierro reforzadas. Sus alas se desplegaron con un sonido metálico.

—¡Ahí están los "Infiltrados del Sueño"! —gritó el líder de los cuervos—. ¡Atrapen al que tiene el olor a "Realidad Primaria"!

—¡Corré, Laion! —gritó Diego, arrastrándolo hacia un callejón estrecho.

La aventura que siguió fue un borrón de adrenalina: saltos por tejados que crujían como galletas, túneles que olían a especias desconocidas y la risa nerviosa de dos amigos que, contra toda lógica, se habían encontrado en la intersección de un sueño. Diego, a pesar de la alegría de estar con su amigo, mantenía la mirada alerta, analizando cada esquina, mientras que la sonrisa de Laion persistía, maravillado incluso por el peligro.

Justo cuando una red de plumas negras estaba por caer sobre ellos, el líder de los cuervos se lanzó en picada, golpeando el suelo con una fuerza que hizo vibrar el mundo de Laion.

El Retorno al Silencio

¡PUM!

Laion se incorporó en la cama de un salto, con el corazón martilleando contra sus costillas.

Silencio. El ventilador de techo giraba lentamente en su habitación. Se llevó una mano a la cara y notó algo extraño: sus dedos estaban fríos, y en la comisura de sus labios, sentía un rastro de algo dulce, un pequeño grano de azúcar azul que brillaba débilmente antes de desvanecerse.

Miró el techo. Y pensaba: Diego vivía al otro lado del continente.

No hablaba con el hace años, ¿Cómo era posible que nuestras mentes hubieran colisionado en ese mercado de Ciudad Bosqueta?

—No fue un sueño —susurró Laion a la oscuridad, su sonrisa de siempre volviendo a su rostro—. Fue un viaje a otra dimensión en un plano astral.

Espero volver a encontrarme con mi amigo Diego.



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Editado: 30.04.2026

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