isekai Dimension: El Viaje Astral

Capitulo 3: "El Oscuro Secreto"

La semana siguiente comenzó con una pesadez inusual. Laion sentía que su cuerpo estaba en el mundo real, pero su mente seguía vibrando con la adrenalina de los viajes anteriores. El lunes por la mañana, mientras se dirigía a la fábrica en su auto, el cansancio acumulado lo golpeó como una maza.

Sus párpados pesaban toneladas. Con la responsabilidad que lo caracterizaba, decidió no arriesgarse: puso la luz de giro y se estacionó en una banquina solitaria para cerrar los ojos solo cinco minutos.

Pero el plano astral no entiende de horarios laborales.

Al abrir los ojos, Laion no estaba reclinado en su asiento. Estaba erguido, con las manos en el volante y el auto en movimiento por una carretera perfectamente asfaltada que bordeaba campos de un verde irreal.

—¿Pero qué...? —murmuró, mirando por el retrovisor. La banquina donde se había estacionado no estaba.

Miró el GPS de la consola. La pantalla parpadeaba con un mensaje inquietante: "Ubicación no encontrada. Fuera de mapa". No había señal, no había rutas conocidas. Tras dos horas de conducir por aquel paisaje de ensueño, divisó un letrero de madera tallada: "Bienvenidos a Pueblo de Villa Luz".

Era un lugar sacado de una postal europea: casas con techos de tejas rojas, calles empedradas y un aire que olía a lavanda y pan recién horneado.

Laion estacionó cerca de un gran parque donde decenas de familias disfrutaban de un picnic bajo un sol radiante.

Con su habitual sonrisa bondadosa, aunque cargada de confusión, Laion se acercó a una mujer que preparaba unos sándwiches mientras su hijo jugaba cerca.

—Disculpe la molestia —dijo Laion, rascándose la nuca—. Me perdí un poco. ¿Podría decirme exactamente dónde estoy?

La mujer lo miró con una amabilidad casi excesiva.

—Estás en el centro de Villa Luz, joven. En el corazón del continente europeo.

Laion sintió un frío recorrerle la espalda.

—¿Europa? Pero... mi país está en América. Yo estaba yendo al trabajo en mi ciudad...

La mujer soltó una risita suave.

—Debes haber viajado mucho tiempo entonces. Si no tienes donde ir, puedes quedarte aquí. El pueblo es muy tranquilo, aunque a veces las noches son... largas.

Sin otra opción y con el sol empezando a caer, Laion aceptó la oferta de la mujer, llamada Elena, que le habia ofrecido alquilar una habitación por esa noche. Pensó que, al igual que las otras veces, el sueño lo devolvería a su dimensión al llegar la medianoche.

Laion se retiró a su cuarto logrando dormir cómodamente.

Pero a las doce en punto, un ruido seco en el pasillo lo despertó. Se asomó por la ventana y el corazón se le detuvo.

Villa Luz ya no era el pueblo pintoresco de la tarde.

No había una sola luz encendida. Era una oscuridad absoluta, densa, casi sólida.

Salió de la habitación con cuidado, sintiendo un mal presentimiento que le erizaba la piel.

En la penumbra del pasillo, una mano pequeña lo tiró de la remera. Era Max, el hijo de Elena. Sus ojos reflejaban un terror puro.

—Tenés que irte, Laion —susurró el niño con la voz quebrada—. Mi mamá no es quien creés. Es una bruja... y quiere terminar con tu vida. No sabía cómo advertirte antes.

—¿Qué? Max, ¿de qué estás hablando? —preguntó Laion, poniéndose a su altura.

—Ella se alimenta de los que vienen de "afuera".

Ahora mismo está en el patio, esperando a que sospeches y salgas por la puerta trasera para cazarte. ¡Buscá algo para defenderte! ¡Ella ya no tiene solución!

Preparándose para lo Inevitable

Laion comprendió que esta vez la bondad no bastaría. Siguiendo el consejo de Max, corrió hacia un pequeño cuarto de herramientas en el interior de la casa. Sus manos encontraron un bate de béisbol, un martillo pesado y un palo reforzado.

Recordando lo que había vivido en Ciudad Bosqueta con los arañazos de los Cuervos, Laion tomó varias mudas de ropa que había en un cesto y se las puso todas encima, una sobre otra, creando una armadura improvisada de tela para proteger su piel.

—Deseame suerte, amigo —le dijo Laion a Max, dándole un apretón en el hombro.

—Vos podés, Laion. Vencela por favor —respondió el niño antes de esconderse.

Laion intentó salir por la puerta principal, pero estaba sellada con una fuerza sobrenatural. Solo quedaba el patio. Al abrir la puerta trasera, el aire se volvió gélido.

Duelo bajo la Luna Sangrienta

Allí estaba ella. La figura de Elena se había deformado; su espalda estaba encorvada, su piel era grisácea y sus uñas habían crecido hasta convertirse en garras negras y afiladas. Un aura de magia oscura emanaba de ella.

En cuanto vio a Laion, la bruja soltó un grito inhumano y se lanzó contra él con una velocidad cegadora.

Laion reaccionó por instinto, usando el bate para bloquear el primer arañazo. Las garras de la bruja desgarraron las primeras dos capas de ropa en su brazo, pero no llegaron a la carne.

—¡Esas mudas de ropa me salvaron! —pensó Laion, apretando los dientes.

La pelea fue una danza macabra. La bruja usaba ráfagas de viento oscuro para debilitarlo, haciendo que a Laion le costara respirar.

Él, herido en una pierna y con el hombro sangrando, aguantó el castigo. En un momento de descuido de la bruja, Laion lanzó el martillo contra sus pies para desestabilizarla y, aprovechando el hueco, giró con toda su fuerza descargando un golpe definitivo con el bate de béisbol directamente en la sien de la criatura.

La bruja cayó al suelo, su forma oscura desvaneciéndose como humo negro hasta quedar inconsciente.

El Regreso del Guerrero

Laion entró a la casa, tambaleándose y apoyándose en las paredes. Max salió de su escondite y corrió a abrazarlo.

—Lo logré, amigo —dijo Laion con una sonrisa débil, antes de que sus fuerzas lo abandonaran—. Tu mamá... recibió su lección.

En ese momento, el agotamiento extremo y las heridas hicieron que Laion cayera desmayado.



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Editado: 20.05.2026

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