Luego de un dia cansador y frustrante en el trabajo. Laion decide recostarse en su habitación para poder descansar un poco.
De repente siente como si su cuerpo callera a un abismo, su cuerpo astral empezo a viajar a una nueva dimensión, La caída esta vez fue silenciosa.
No hubo estruendo, solo la sensación de ser arrancado de su realidad y arrojado a un lugar donde el tiempo parecía haberse detenido. Laion abrió los ojos y lo primero que sintió fue el peso del agua en sus botas.
La Ciudad del Silencio
Se encontraba en una ciudad que le resultaba vagamente familiar, pero distorsionada.
Los edificios estaban cubiertos de una vegetación grisácea y las calles, antes llenas de vida, eran ahora lagunas de agua estancada.
Se encontraba en medio de un parque inundado; los columpios apenas sobresalían de la superficie como manos pidiendo auxilio.
-Es hora de volver -murmuró Laion, cerrando los ojos y concentrándose en el tirón en su ombligo que siempre lo devolvía a su dimensión.
Nada. Lo intentó de nuevo, apretando los puños hasta que los nudillos le quedaron blancos.
El vacío fue absoluto. Por primera vez en todos sus viajes, la capacidad de volver a casa se había apagado.
-No... no puede ser. ¡Tengo que volver! ¡Mi familia!
-gritó al cielo Nublado.
El pánico empezó a nublar su juicio. Sin ese "ancla" que lo regresaba a su dimensión, Laion era solo un náufrago en el infinito.
El Refugio en la Academia Arruinada
Buscando resguardo de una lluvia fina y ácida, Laion caminó hasta una imponente estructura que dominaba la colina: la Academia de los viajeros, ahora arruinada.
Los grandes ventanales estaban rotos y las estatuas de antiguos viajeros yacían decapitadas en el suelo.
Al entrar al gran salón, el eco de sus pasos era lo único que rompía el silencio mortal. De pronto, entre los escombros de una biblioteca, una voz profunda lo detuvo.
-El miedo es un ancla muy pesada, joven Laion.
Sentado en un trono de piedra gastada estaba un hombre de túnica desgarrada pero porte noble.
Su barba era blanca como la nieve y sus ojos, aunque cansados, brillaban con una sabiduría ancestral.
Era Aurion, el Custodio de los Caminos.
-¿Quién sos? -preguntó Laion, temblando de frío-.
No puedo volver. Mi voluntad no responde.
Estoy atrapado.
-Estás atrapado porque creíste que el viaje era un regalo gratuito -respondió Aurion con calma-.
Tu capacidad de saltar entre mundos nace de tu fuerza de voluntad.
Pero ahora, tu voluntad está como ese parque ahí fuera: inundada por la duda, cansancio y el estrés.
Has luchado contra brujas y máquinas, tambien sufres de mucho estres en tu mundo, pero nunca habías luchado contra el silencio de tu propia mente.
La Prueba del Mentor
Aurion, le pidio a laion tener una pequeña batalla de demostración, para ver sus habilidades, y de lo que era capaz, tambien notar su forma de pensar y reaccionar.
Al terminar el encuentro Laion se desplomó en el suelo, derrotado.
-No tengo fuerzas, Aurion. Solo quiero volver a mi casa, a mi trabajo, a mi vida normal.
-Entonces búscalo -dijo el mentor, señalando el agua que cubría el salón-.
Si no encuentras la chispa que te hace querer regresar, te convertirás en parte de esta ciudad abandonada. Una estatua más entre las ruinas.
Aurion no le dio armas ni objetos. Lo obligó a caminar por los pasillos de la academia, enfrentando figuras oscuras que eran reflejos de sus propios viajes pasados que aparecían como sombras en las paredes.
Le hizo ver que su fuerza no venía de los martillos ni de los bates, sino del deseo de abrazar a los suyos y su gran fuerza de voluntad, que lo ayuda a superarse en cada situación.
-El viaje no es un poder, Laion -le susurró Aurion al oído-. Es un puente. Y un puente se sostiene desde ambos lados. Si olvidas por qué quieres volver, el puente se cae.
El Reencendido de la Voluntad
Pasaron horas, quizás días. Laion aprendió a limpiar su mente del ruido de las batallas.
En el silencio de la academia, visualizó cada detalle de su cuarto, el olor del pasto recién cortado alas afueras de su trabajo en la fábrica, el sonido de la risa de su familia y compañeros.
Sintió un calor abrasador en el pecho. No era una herramienta, era el deseo puro de pertenecer.
-Ya estoy listo -dijo Laion, poniéndose de pie. Su mirada ya no era la de un náufrago, sino la de un capitán.
Aurion asintió con orgullo.
-La voluntad es el motor. Ahora, enciende el motor y cruza.
Laion cerró los ojos. Esta vez no pidió un arma, ni pidió ayuda. Simplemente decidió que ya no estaba en esa dimensión.
Visualizó su habitación en su ciudad con tal intensidad que el aire a su alrededor empezó a vibrar.
El agua del parque inundado comenzó a evaporarse por la pura presión de su determinación.
El Salto Final
-¡Gracias por todo, Aurion! -gritó Laion mientras una luz blanca lo envolvía.
-No lo olvides, Viajero -fue lo último que escuchó-. Tu voluntad es el único mapa que necesitas.
¡ZAS!
Laion aterrizó de espaldas en su cama. El impacto fue tan fuerte que las patas de la cama crujieron.
Respiraba agitado, empapado, pero con una sonrisa de oreja a oreja.
Se incorporó y miró sus manos; estaban vacías, pero se sentían más poderosas que nunca.
-Estoy en casa -suspiró, mirando el techo de su cuarto-. Estoy en casa.
Esa noche, Laion no necesitó un sueño profundo para descansar. Solo necesitó saber que, por más lejos que lo lleve el multiverso, su voluntad siempre sabrá encontrar el camino de regreso a su hogar.
Después de esta gran aventura, Laion ya domina su habilidad de viaje entre dimensiones, y puede usarla a su propia voluntad, ya no sera llevado involuntariamente por su poder, entre dimensiones.
El Ahora Es El Nuevo Protector Astral.
Editado: 20.05.2026