La semana posterior a la visita con Mary transcurrió en una calma inusual que Laion agradeció profundamente.
En la fábrica, el flujo de los despachos se mantuvo en un orden casi milimétrico, permitiéndole coordinar los dos galpones bajo su mando sin grandes imprevistos mecánicos o logísticos.
Esa estabilidad laboral fue el escenario perfecto para volcar todas sus energías remanentes en los apuntes de la universidad.
Durante las noches, su mente procesaba códigos y bucles lógicos con una claridad que ya empezaba a rozar su percepción astral; la estructura del mundo físico y la del mundo sutil parecían sintonizarse a través de los números.
Sin embargo, el destino de un Guardián Astral nunca permanece estático por mucho tiempo.
El sábado por la noche, mientras repasaba un programa de matrices en su computadora, el teléfono modificado con el símbolo de Infinito, vibró sobre el escritorio.
No era una llamada ordinaria ni un mensaje de Mary.
La pantalla parpadeó en un tono plateado purísimo, desplegando un mapa de vectores interdimensionales que fluctuaban con fuerza.
Cuatro coordenadas específicas brillaban en el multiverso, llamando a su puerta.
Laion se recostó en su cama, cerró los ojos y dejó que su cuerpo astral se desprendiera con absoluta fluidez, impulsado por una renovada confianza.
Cruzar los portales ya no era un salto al vacío lleno de incertidumbre; ahora era una transición matemática, un comando ejecutado por su propia voluntad.
El primer vector lo arrastró hacia una realidad sutilmente familiar.
Al materializarse en el plano astral de ese nuevo mundo, Laion sintió un extraño déjà vu.
Las calles, la arquitectura e incluso el olor del aire se parecían a su propio hogar, pero todo tenía un matiz ligeramente distinto, como si mirara a través de un filtro de cristal ahumado.
Caminando por el sector industrial de esa dimensión, divisó una silueta idéntica a la suya en el plano físico, pero envuelta en un aura azulina y cansada.
Era una versión alternativa de sí mismo, un "él" que no había encontrado el compás de su abuelo ni la motivación de Mary.
Ese alter ego luchaba contra el caos de un galpón mal administrado, desbordado por el estrés y la rutina.
Laion, oculto en la penumbra del plano sutil, extendió su mano derecha.
No era momento de una batalla física, sino de un soporte energético.
Concentró su aura plateada y, aplicando las estructuras lógicas que estaba estudiando, diseñó un flujo de energía ordenado.
Enviando un pulso plateado directo hacia la frente de su contraparte, le transmitió un golpe de claridad, una ráfaga de intuición y un soplo de voluntad inquebrantable.
El otro Laion se detuvo en seco en su mundo físico, tomó una bocanada de aire y, de repente, sus ojos se iluminaron con una resolución nueva.
Comenzó a ordenar el caos a su alrededor con una eficiencia renovada.
Laion sonrió desde las sombras astrales.
—Todos los caminos son difíciles —murmuró con voz suave—, pero la voluntad es la misma en cualquier realidad. Fuerza, compañero.
Con el primer mundo estabilizado, el infinito en su mente lo guió hacia el siguiente destino.
El segundo salto lo depositó en un escenario completamente diferente.
Laion apareció frente a una imponente estructura gótica: la prestigiosa Academia de Europa, un internado antiguo rodeado de densos bosques donde se rumoreaba que las mentes más brillantes de esa dimensión se congregaban.
Sin embargo, el plano espiritual del lugar estaba infectado.
Una neblina purpúrea y densa, similar a los residuos que dejaba Rion, trepaba por las paredes de piedra tallada, amenazando con quebrar las mentes de los estudiantes que descansaban en sus habitaciones.
—Otra vez esa estática... —dijo Laion, apretando los puños mientras sus ojos heterocromáticos brillaban en la oscuridad.
De la bruma emergió una criatura menor pero agresiva, un heraldo de las sombras con forma de gárgola corrupta que rugio al notar su presencia luminosa.
—Mortal... este conocimiento nos pertenece. La luz de estos jóvenes se apagará en la ignorancia.
—No en mi guardia —respondió Laion con total firmeza.
Extendiendo los brazos, ejecutó mentalmente el algoritmo de protección que había perfeccionado.
Materializó el compás místico en su mente y proyectó un escudo de geometría sagrada.
El círculo plateado se expandió con fuerza, chocando contra la neblina.
La gárgola se lanzó al ataque, pero Laion, previendo el movimiento con la frialdad de un analista de sistemas, invocó su lanza de luz plateada con la mano izquierda, realizando un corte limpio y ascendente.
El impacto desintegró a la criatura en chispas inofensivas. Sin perder un segundo, Laion clavó la punta de su lanza en el patio central de la academia, expandiendo una red de líneas lógicas plateadas que purificaron la estructura de ladrillos viejos, devolviendo el sueño pacífico a todos los alumnos.
Al reestablecerse la energia del mundo, laion vuelve ala autopista dimensional, donde se encuentran todas las dimensiones.
El tercer llamado lo llevó a una dimensión vibrante, llena de música y colores neón que flotaban en el plano sutil.
Era un mundo donde la energía espiritual no se manifestaba a través de las armas o la geometría pura, sino a través del ritmo y el movimiento corporal.
Se estaba llevando a cabo una gran competencia interdimensional de danza en una enorme arena astral, donde seres de diferentes realidades medían la fuerza de sus almas a través del baile.
Sin embargo, el flujo de la música astral estaba desincronizado por una interferencia caótica externa que hacía que los competidores tropezaran y perdieran su brillo, llenándolos de frustración.
Laion entendió que aquí no servía la fuerza bruta de su lanza.
Observó las ondas sonoras en el aire y las visualizó como líneas de código desordenadas, un bucle infinito mal ejecutado que arruinaba el programa del festival.
Editado: 20.05.2026