Isekai Magic: El Poder Latente

Capitulo 2: "El Escudo De Esmeralda"

La mañana siguiente al encuentro en el mundo de los espíritus, León se sentía diferente. El uniforme negro de la preparatoria Seishun ya no le pesaba; al contrario, cada paso que daba hacia el aula de 2-B tenía una ligereza sobrenatural. En su antebrazo, oculto bajo la tela, el tatuaje de la corona de espinas emitía pulsaciones de calor casi imperceptibles, como un recordatorio de que lo vivido no fue un sueño.

​Al entrar al salón, el ambiente se tensó. En el rincón del fondo, la escena era tristemente familiar. Kenta, con su habitual aire de superioridad, tenía acorralados a dos estudiantes frente a la ventana.

​—¿Y bien? ¿Me van a decir que el "cerebrito" y la "chica de los libros" no tienen la tarea terminada? —se burló Kenta, mientras golpeaba rítmicamente la mesa de Esdras, un chico de gafas que intentaba, sin éxito, ocultar su temblor.

​A su lado, Danae, una joven de mirada decidida pero manos inquietas que sujetaba un libro contra su pecho, dio un paso al frente.

​—Déjanos en paz, Kenta. No somos tus empleados —respondió Danae con voz firme, aunque sus ojos buscaban una salida que no existía.

​—¿Ah, sí? ¿Y quién me va a obligar? —Kenta levantó el puño, disfrutando del miedo que provocaba.

​León observó la escena. Recordó las palabras del segundo Maestro: "Usa este poder para proteger". No era una opción, era un deber.

​—¡Hola a todos! Qué mañana tan radiante, ¿verdad? —La voz de León rompió la tensión como un rayo de sol. Caminó con paso tranquilo y se interpuso físicamente entre los acosadores y sus víctimas.

​Kenta soltó una carcajada ronca.

—¿Otra vez tú, perdedor? ¿No tuviste suficiente con el tropezón de ayer? Quítate o te va a ir peor.

​León no se movió. En lugar de eso, cerró los ojos un segundo. “Energía verde, fluye por mí. Sé mi escudo”, pensó. Sintió una corriente cálida recorriendo sus fibras musculares, endureciéndolas como el tronco de un roble milenario. Su piel no cambió de color, pero por dentro, se volvió densa y resistente.

​—No quiero pelear, Kenta. Pero no voy a dejar que les hagas daño —dijo León con una sonrisa que, esta vez, tenía un matiz de acero.

​Enfurecido por la calma de León, Kenta lanzó un puñetazo directo al pecho del joven. El impacto fue seco, un sonido sordo que resonó en el aula. Los que observaban ahogaron un grito, esperando ver a León caer.

​Pero León no se movió ni un milímetro.

​Kenta, en cambio, soltó un aullido de dolor. Se sujetó la mano derecha, que ahora temblaba violentamente. Había sentido como si golpeara una placa de metal sólido envuelta en terciopelo.

​—¡¿De qué demonios estás hecho?! —gritó Kenta, retrocediendo mientras sus amigos lo miraban con total desconcierto. Sin esperar respuesta, y con el orgullo herido, el grupo de matones salió del salón a paso apresurado.

​El silencio fue absoluto hasta que Esdras dejó escapar un suspiro de alivio.

—Eso fue... increíble. Pensé que te rompería las costillas.

​—Soy más duro de lo que parezco —rio León, frotándose el lugar del golpe, que ya estaba siendo sanado por la energía verde—. Soy León, por cierto.

​—Soy Danae —dijo la chica, mirándolo con una curiosidad inteligente—. Y él es Esdras. Gracias, de verdad. Nadie se atreve a enfrentarlo así.

​Durante el resto del día, los tres se volvieron inseparables. León descubrió que Danae era una apasionada de la historia y las leyendas, y que Esdras tenía una mente analítica capaz de resolver cualquier problema lógico. Por primera vez en mucho tiempo, León sintió que no solo tenía un poder, sino también un lugar al cual pertenecer.

​Al atardecer, mientras caminaban por el parque donde León solía meditar, el ambiente se volvió más íntimo. El cielo estaba teñido de violeta y naranja. León se detuvo frente a un gran árbol y miró a sus nuevos amigos. Sabía que la honestidad era la base de cualquier vínculo verdadero.

​—Tengo que contarles algo —dijo, subiéndose la manga del uniforme y revelando el tatuaje que comenzaba a brillar con una suave luz esmeralda—. Lo que pasó hoy en el salón... no fue suerte.

​Con voz pausada, León les relató su viaje al mundo de los espíritus, el encuentro con los Maestros y la naturaleza de la Energía Verde. Esdras escuchaba ajustándose las gafas constantemente, procesando la información, mientras Danae observaba el tatuaje con asombro, como si estuviera viendo cobrar vida a uno de sus libros de mitología.

​—Es un don —concluyó León, mirando sus manos—. Los Maestros dicen que es una gran responsabilidad. Y he decidido que, mientras tenga esta energía, la usaré para proteger a toda persona que lo necesite. No importa si es un globo atrapado en un árbol o alguien siendo molestado. Quiero traer luz al mundo.

​Danae puso una mano en el hombro de León.

—Si ese es tu camino, León, no tienes por qué recorrerlo solo.

​Esdras asintió, con una pequeña sonrisa de complicidad.

—Alguien tendrá que ayudarte a pensar antes de que te lances de cabeza al peligro, ¿no?

​Bajo la luz de la tarde, una nueva alianza se había formado. León ya no era solo un chico con un poder oculto; ahora era el corazón de un equipo que apenas comenzaba a descubrir que el mundo era mucho más grande y misterioso de lo que jamás imaginaron.



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Editado: 14.05.2026

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