La paz en la preparatoria Seishun se había vuelto constante. León, Esdras y Danae, ya consolidados como los "Guardianes", no solo protegían a los estudiantes de los abusos de Kenta y su grupo, sino que mantenían un equilibrio espiritual en los alrededores. Sin embargo, en las sombras de la envidia, un nuevo peligro comenzaba a gestarse.
Tomas y Valen, dos de los seguidores más cercanos de Kenta, habían observado con una mezcla de miedo y codicia el ascenso de los tres amigos. No buscaban justicia ni paz; buscaban el poder.
—Míralos —susurró Tomas una tarde, oculto tras unos arbustos mientras observaba a León meditar en el parque—. Se creen dioses con esas luces. Si ellos pudieron conseguirlo, nosotros también.
Durante días, Tomas y Valen se convirtieron en sombras. Siguieron al trío a todas partes, anotando cada movimiento, cada respiración y cada palabra sobre la "meditación profunda". Intentaron replicar el estado de paz de León en un rincón olvidado de la vieja biblioteca, pero la paz no llegaba a sus corazones, solo la ambición.
El Descenso a la Zona Oscura
Una noche de tormenta, la persistencia de ambos rompió la barrera, pero no del modo luminoso en que lo hizo León. Al cerrar los ojos, no fueron recibidos por el cielo de auroras y el suelo de cristal. En su lugar, aparecieron en un páramo desolado, donde el aire olía a azufre y el cielo era de un violeta estancado. Estaban en la Zona Oscura del Reino Espiritual.
De la niebla surgieron dos entidades de ojos brillantes y voces que sonaban como metal oxidado: Bumi y Ruko.
—Vienen buscando fuerza —rugió Bumi, su forma cambiando entre humo y sombra—. Pero aquí no enseñamos protección. Aquí enseñamos conquista.
—Queremos ser más poderosos que los defensores—dijo Valen, sin rastro de miedo, solo con sed de poder—. Queremos habilidades para pelear contra "los buenos" de nuestro mundo.
Ruko soltó una carcajada malvada.
—Un deseo magnífico. Les daremos lo que buscan, pero el precio es el caos.
El Despertar de la Destrucción
El entrenamiento fue brutal. A diferencia de las pruebas de carácter de los Maestros de León, Bumi y Ruko los obligaron a realizar ejercicios peligrosos que alimentaban su ego y su rabia.
Tomas tuvo que sumergir sus manos en pozos de lava espiritual, mientras que Valen fue encadenada a tormentas eléctricas hasta que aprendió a dominarlas.
Poco después, el poder se manifestó.
En el pecho de Tomas, justo sobre el corazón, ardió un tatuaje de una llama viva que emitía una luz naranja abrasadora. Al extender su brazo derecho, la energía se condensó en un Guantelete Naranja metálico, capaz de concentrar calor puro para crear esferas de fuego destructivo.
Por su parte, Valen sintió un calambre eléctrico en su mano. Al abrir la palma, apareció el tatuaje de una nube que brillaba con destellos celestes y rosados, una señal de la tormenta que ahora vivía en ella. Al invocar su arma, un Arco de Energía de colores eléctricos se materializó, permitiéndole disparar flechas de rayos que podían atravesar el acero.
—Usen este don para la destrucción —advirtió Bumi antes de enviarlos de regreso—. Nos volveremos a ver cuando el mundo arda.
El Encuentro en el Parque
Días después, el ambiente en el parque frente a la escuela cambió. León sintió un escalofrío. Su tatuaje de corona de espinas palpitó en un tono verde de advertencia.
—¿Sienten eso? —preguntó León, poniéndose en guardia.
—Es una vibración pesada —respondió Esdras, invocando sus martillos dorados—. Viene de allá.
De entre los árboles salieron Tomas y Valen. Ya no eran los simples cómplices de Kenta; emanaban una presión espiritual que hacía crujir las hojas secas.
—Se terminó el tiempo de los guardianes —dijo Tomas, activando su guantelete naranja, mientras el tatuaje de su pecho brillaba con una luz de incendio.
—Querían ser especiales —añadió Valen, tensando su arco de rayos celestes y rosados—. Pero la tormenta siempre apaga la luz.
León activó su Escudo de Esmeralda, Esdras levantó sus Martillos del Sol y Danae preparó su Lanza del Océano. Frente a ellos, el Fuego y el Rayo de Tomas y Valen marcaban el inicio de una guerra que la escuela Seishun nunca olvidaría.