Isekai Magic: El Poder Latente

Capitulo 9: "Corazones En Guardia"

El sábado por la mañana en el Dojo de las montañas comenzó con el sonido explosivo de los impactos.

El aire fino de la montaña estaba cargado de estática y el aroma a pino.

León, Esdras, Danae, Tomas y Valen no se daban tregua; Después de las recomendaciones de sus maestros de mejorar sus habilidades por una futura posible guerra contra el reino espiritual de la oscuridad, les había dejado claro que la guerra no era una posibilidad, sino una certeza.

—¡Aguanten la formación! —gritaba León mientras su escudo esmeralda vibraba bajo la presión de las flechas de aire de Valen—. ¡Esdras, ahora!

Esdras saltó sobre un pilar de piedra, sus martillos dorados brillando como dos soles pequeños.

—¡Punto de Quiebre! —exclamó, golpeando el suelo y creando una onda de choque que obligó a Tomas a usar su Fuego de Eclipse para estabilizarse.

Chispas bajo el Sol de la Tarde

Tras horas de un entrenamiento agotador que llevó sus nuevas técnicas al límite, el grupo decidió tomarse un respiro.

La tarde caía y el hambre empezaba a apretar.

—Yo iré por las verduras al huerto del dojo —dijo Danae, secándose el sudor de la frente—.

Necesitamos algo de energía si queremos cenar bien.

Caminaba distraída, pensando en la fluidez de sus Lanzas de Hielo, cuando no vio una profunda grieta en el suelo, abierta por los entrenamientos de la mañana. Su pie falló y, por un segundo, la gravedad la reclamó.

—¡Cuidado! —una mano firme y cálida rodeó su cintura.

León la había sujetado justo antes del impacto.

La cercanía era total; Danae podía sentir la respiración agitada de León y él podía ver el brillo azulado en los ojos de ella.

El tiempo pareció congelarse entre los dos.

Se miraron fijamente, un silencio eléctrico que decía mucho más que cualquier palabra.

Al separarse, ambos estaban rojos como tomates.

—G-gracias, León —susurró Danae, acomodándose el uniforme.

—No fue nada... siempre te voy a cuidar —respondió él, rascándose la nuca, visiblemente nervioso.

En ese instante, una chispa que había estado dormida durante meses finalmente se encendió en el pecho de ambos.

Días después, mientras descansaban bajo un cerezo, León tomó coraje.

—Danae... estuve pensando. Después de que todo esto pase, o tal vez un fin de semana libre... ¿te gustaría salir conmigo? Solo nosotros dos.

Danae se iluminó. Su sonrisa fue la respuesta más clara.

—Me encantaría, León —dijo, y le dio un abrazo tan fuerte que León sintió que su alma se llenaba de luz pura.

El Salvador de los Martillos

Desde la distancia, Esdras observaba la escena.

Una mezcla de alegría por sus amigos y determinación personal lo invadió. Él también sentía algo que crecía día a día por Valen, especialmente desde que ella se había unido al grupo buscando redención.

Poco después, Valen estaba practicando su puntería, llevando su arco al extremo.

De repente, una enorme roca que había sido desplazada por un golpe previo comenzó a rodar por la pendiente a toda velocidad hacia ella. Valen, agotada por el esfuerzo, no reaccionó a tiempo.

—¡Valen, quítate! —rugió Esdras.

Corrió con una velocidad explosiva, interponiéndose entre la chica y la roca. Con un grito de guerra, cruzó sus martillos de luz y pulverizó la piedra en mil pedazos justo antes de que la tocara.

Valen lo miró con admiración absoluta, jadeando por el susto.

—Esdras... me salvaste.

Esdras, aún con los martillos en mano, se giró hacia ella con una mirada seria pero dulce.

—Valen, en este tiempo que nos conocemos, desarrollé un sentimiento especial hacia ti. Cuando vi que corrías peligro, mi cuerpo se movió solo. No permitiría que nada te pasara.

Valen se acercó, tomando las manos de Esdras.

—Gracias, de verdad. Yo... me gustaría poder verte como algo más que un amigo. Esdras, ¿te gustaría salir conmigo en algún momento?

—¡Claro que sí! —exclamó Esdras, su habitual seriedad desapareciendo en una sonrisa radiante—. Cuando tú quieras, avisame y con gusto tendremos esa cita.

El Camino Solitario

Mientras el amor florecía entre sus compañeros, Tomas observaba desde la cima de una roca, practicando con sus guanteletes de fuego dual.

No sentía envidia, sino una melancólica esperanza. Su corazón todavía pertenecía a la mujer que amaba y que ahora estaba en el extranjero.

—Espero que estés bien —susurró para sí mismo—. Algún día volverás, y seré lo suficientemente fuerte para conquistarte de nuevo.

Al día siguiente, tras otra sesión de entrenamiento que los dejó exhaustos, León notó la fatiga mental en los rostros de sus amigos. Sabía que un guerrero sin alegría es un guerrero débil.

—¡Basta de golpes por hoy! —anunció León con autoridad—. Es domingo y todavía queda sol.

Vamos al parque de diversiones. ¡Es una orden del líder!

La sorpresa se transformó en entusiasmo. Horas más tarde, los cinco guardianes cambiaron sus posturas de combate por risas, algodón de azúcar y montañas rusas.

Por unas horas, la amenaza de Bumi, Ruko y los Maestros de la Oscuridad quedó en el olvido.

Entre juegos y bromas, se dieron cuenta de que esa alegría era exactamente lo que los Maestros de la Luz querían que protegieran.

Fue, sin duda, el mejor día de sus vidas y el mas divertido, disfrutando cada momento juntos.



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Editado: 14.05.2026

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