Isekai Magic: El Poder Latente

Capitulo 17: "El Poder Del Tridente"

La sensación de alerta que León había sentido mirando el cielo junto con sus amigos, no tardó en manifestarse.

El cielo sobre la Academia Seishun terminó de teñirse de un violeta insalubre, y una presión espiritual sofocante cayó sobre el campus.

Los estudiantes normales corrían hacia las salidas, quejándose de mareos y de un frío repentino que congelaba el aliento, sin entender que la oscuridad de Ruko y Bumi estaba cruzando el umbral.

En la enfermería, León intentó sentarse de golpe al sentir la primera onda de choque, pero un violento espasmo de dolor en las costillas lo obligó a morderse el labio.

Su tatuaje de la corona de espinas lanzó un parpadeo verde muy débil, casi imperceptible, antes de apagarse.

—Quédense tranquilos, yo... —empezó León, con la respiración entrecortada.

Esdras le puso una mano firme en el hombro no herido, obligándolo a recostarse.

—Ni lo pienses, León. Dijimos que ahora nos toca a nosotros. Quedate acá, recuperá tu energía y dejanos el resto.

Danae terminó de ajustar el último vendaje en el torso de su compañero y miró a los demás con ojos decididos.

—La energía viene directo del gimnasio. El mapa de Kael se activó. Chicos, es hora.

Esdras y Valen asentieron con gravedad.

Los cuatro Guardianes salieron de la enfermería a paso firme, cerrando la puerta con cuidado y dejando a León en un reposo forzado pero necesario.

Sabían que, si fallaban, la oscuridad iría directo por su amigo debilitado.

Al cruzar las puertas de doble hoja del gimnasio de la academia, el panorama era aterrador.

El parqué de madera, donde habitualmente se jugaba al básquet, estaba siendo devorado por charcos de una brea negra y burbujeante.

Del techo de chapa goteaba una niebla oscura que distorsionaba la luz de los tubos fluorescentes.

De los charcos de brea comenzaron a emerger las bestias de las sombras: criaturas cuadrúpedas hechas de oscuridad pura, con colmillos de cristal violeta y ojos vacíos que emanaban el odio del reino espiritual.

—Son un montón... —susurró Valen, analizando el entorno rápidamente—.

El núcleo de la invocación debe estar en el centro de la cancha, de ahí brotan. Si no lo cerramos, van a seguir saliendo de forma infinita.

—Entonces abrámonos paso —sentenció Tomás. Con un movimiento rápido de su brazo derecho, activó su guante de fuego.

Las llamas anaranjadas y rugientes envolvieron su extremidad, disipando parte de la niebla fría del lugar—.

¡Yo abro el frente! ¡Esdras, cubrime la espalda!

Tres bestias se lanzaron al ataque con un rugido que hizo temblar las vigas del techo.

Tomás se plantó con firmeza y lanzó un golpe hacia el suelo, creando una barrera ardiente que frenó en seco a los monstruos, quemando su piel sombría y haciéndolos retroceder entre alaridos de dolor.

Una cuarta bestia saltó desde una de las gradas, buscando el cuello de Tomás por el punto ciego.

—¡No en mi guardia! —gritó Esdras.

Canalizando su propia energía mística, Esdras lanzó un proyectil de luz condensada que impactó directamente en el cráneo de la criatura, desintegrándola en partículas de ceniza antes de que tocara a su compañero.

Mientras tanto, en el flanco izquierdo, la situación se complicaba. Cinco bestias más rodearon a Danae y a Valen.

—Valen, necesito tres segundos —pidió Danae, cerrando los ojos y juntando sus manos para concentrar su poder de sanación y purificación, transformándolo esta vez en energía de combate.

—Te consigo cinco —respondió Valen con una sonrisa de confianza.

Usando su agilidad y su mente estratégica, Valen esquivó la primera estocada de una de las bestias, usó la pared del gimnasio para impulsarse y pateó a otra criatura directo hacia el fuego de Tomás.

Su rol combinando movimientos mantenía la línea defensiva intacta.

—¡Ahora! —anunció Danae.

Al abrir los ojos, una onda expansiva de energía mística purificadora salió de sus manos, barriendo el flanco izquierdo.

La luz mística impactó en las bestias de las sombras, disolviendo su estructura corrupta.

El equipo funcionaba en perfecta sintonía, una coreografía de fuego, luz y estrategia que hacía retroceder la invasión de Ruko.

Sin embargo, cuando Tomás lanzó una llamarada concentrada al charco central para destruir el portal, la brea negra reaccionó de forma violenta.

Un pilar de energía violeta brotó del suelo, empujando a los cuatro Guardianes hacia atrás.

El calor del fuego de Tomás fue absorbido y la luz de Danae y Esdras parpadeó.

En el centro del gimnasio, la brea se solidificó, transformándose en una especie de obelisco de cristal negro tallado con las runas malditas de Bumi.

El portal de donde salían las bestias se cerró, pero el cristal comenzó a emitir un pulso constante que empezó a corromper las paredes y el techo del gimnasio, tiñendo la estructura de un tono grisáceo y muerto.

Los chicos se levantaron, jadeando y limpiándose el polvo de la ropa.

Las bestias habían sido derrotadas, pero el ambiente se sentía diferente.

—Lo logramos... detuvimos la horda —dijo Tomás, apagando el fuego de su guante, aunque se lo notaba exhausto.

Valen se acercó con cuidado al obelisco, sin tocarlo. Su rostro se ensombreció.

—No del todo, Tomás. Las bestias eran solo una distracción para ganar tiempo.

Vinieron a implantar esto. Es un núcleo de sombras.

El gimnasio ahora está marcado y maldito; la energía de la academia está siendo drenada por este cristal para alimentar al Reino Espiritual Oscuro.

—Es una base de operaciones en nuestro propio territorio —añadió Esdras con frustración—.

No podemos destruirlo con nuestros poderes actuales, la magia de Bumi lo protege.

Danae miró hacia la salida, pensando en León.

—Ganamos la pelea física, pero perdimos el lugar.

Tenemos que volver a la enfermería y reportar esto.



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Editado: 20.05.2026

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