Mientras Leo y Mailu experimentaban su primer viaje a Albion, donde ocurrieron cosas maravillosas, miles de aventuras y desafíos, donde cada día se encontraban con un nuevo peligro o desafío en el mundo de Albion.
Ese mismo día en la Tierra, su hogar se enfrenta a una tormenta de un tipo diferente.
Esa mañana, el pequeño pueblo de los artesanos y herreros se había despertado con una calma engañosa. Fue un granjero que regresaba a toda prisa del perímetro quien dio la alarma: un convoy de asaltantes armados se acercaba por el camino del norte.
No eran bandidos comunes; eran una banda bien organizada que había oído rumores sobre los recursos y las herramientas únicas que se creaban en el pueblo de Villa Green. Querían saquear los depósitos y tomar todo lo que tuviera valor. La ciudad no tenía un ejército formal.
La defensa dependía de los propios ciudadanos. Sin perder tiempo, el líder de los artesanos convocó a una reunión de emergencia en la plaza principal. Allí, entre los nerviosos forjadores y tejedores, se encontraban cuatro figuras claves: Valerius, el padre de Leo, e Isabella, su madre; también estaba Zephyrin, el padre de Mailu, y su madre Aisha.
Valerius y Zephyrin ya discutían sobre la mejor estrategia defensiva; Aisha e Isabella ya estaban actuando.
-No tenemos mucho tiempo hasta que lleguen -dijeron Valerius y Zephyrin-. ¡Vamos a las forjas!
-¡Necesitamos barricadas y herramientas de disuasión!
Zephyrin, el experto tejedor y curtidor, dice: -No podemos simplemente forjar la victoria. Necesitamos ocultar los recursos valiosos y crear barreras de acero y cuerdas que detengan sus vehículos.
Mientras los hombres debatían, Aisha, la madre de Mailu, se subió a una plataforma. Su voz, clara y serena, cortó el ruido: -Escuchen todos, mis amigos. No somos soldados, somos creadores. Nuestra fuerza no está en la espada, sino en la herramienta. Usaremos lo que sabemos hacer mejor para proteger lo que hemos construido.
Isabella, la madre de Leo, asintió vigorosamente y se unió a ella.
-¡Aisha tiene razón! Valerius, Zephyrin, basta de peleas. Aisha dirigirá la ocultación y las trampas de contención con el cuerpo de tejedores y carpinteros. Valerius y yo dirigiremos la forja de armas improvisadas y barricadas con el cuerpo de herreros. ¡Zephyrin, tú estarás a cargo de la coordinación de la logística y la defensa de la retaguardia!
El plan se puso en marcha con una eficiencia asombrosa. Aisha e Isabella, trabajando codo a codo, inspiraban a todos. Su amistad de décadas se reflejaba en cómo se anticipaban a las necesidades de la obra.
Mientras Aisha supervisaba la creación de redes de cuerda reforzadas con cuero y ocultas tras ramas, Isabella estaba en el corazón de la forja, dirigiendo el vertido de metal fundido en moldes de barricadas de emergencia y martilleando barras de hierro para convertirlas en picas y ganchos de asalto.
Los asaltantes llegaron justo cuando la última barricada de metal y madera, reforzada con las redes de cuero de Aisha, fue colocada en el centro
de la ciudad.
El líder de los asaltantes, un hombre corpulento y con cicatrices, se río al ver a los "simples artesanos".
-¡Ríndanse y entreguen sus recursos! ¡Ahora! O reduciremos este pueblo a cenizas.
Valerius, con su martillo de forja más grande en la mano, dio un paso adelante.
-Este pueblo no se reduce a cenizas. Se forja. Y lo que forjamos, lo defendemos.
La batalla comenzó. Pero no fue una batalla de espadas y escudos convencionales. Los asaltantes se encontraron atrapados en una red de trampas creativas.
Cuando intentaron pasar por la calle principal, una serie de redes ocultas de Aisha se dispararon, envolviendo a los primeros asaltantes y a sus motocicletas. Desde las ventanas, los artesanos usaban ganchos de asalto forjados por Isabella para enganchar y desarmar a los enemigos.
En un momento crítico, el líder de los asaltantes y un grupo de sus mejores hombres lograron colapsar la barricada principal. Parecía que el pueblo estaba perdido. Valerius y Zephyrin estaban ocupados en otro frente. Fue entonces cuando Aisha e Isabella actuaron.
Aisha corrió hacia un depósito de suministros cercano. Agarró un rollo de su mejor cuero tratado y lo reforzó con cables metálicos. Corrió por los tejados con una agilidad sorprendente para su edad.
Justo cuando los asaltantes se acercaban a la plaza, lanzó el cuero hacia abajo, creando una rampa improvisada que los hizo resbalar y caer en masa.
Desde abajo, Isabella, que había estado preparando un caldero de agua a punto de hervir, vio su oportunidad. No era metal fundido, pero el vapor y el agua caliente fueron suficientes. Con la ayuda de un grupo de jóvenes herreras, inclinó el caldero, empapando a los asaltantes caídos y haciéndolos gritar de dolor y pánico.
El giro de la batalla fue total. Los asaltantes, desorientados y asustados por las tácticas no convencionales y la determinación de los artesanos, comenzaron a huir.
El cuerpo de tejedores de Zephyrin los persiguió con redes y trampas adicionales, capturando a la mayoría de ellos, junto a su líder.
El sol comenzaba a ponerse cuando el pueblo finalmente pudo respirar. El pueblo estaba a salvo. Los asaltantes estaban atados en la plaza, esperando a las autoridades de la ciudad vecina.
Aisha e Isabella, cubiertas de hollín y polvo, se encontraron en el centro.
No necesitaron palabras. Simplemente se abrazaron con fuerza, con una sonrisa de victoria y alivio compartido, al haber ganado esta batalla y saber que donde se hayan metido sus hijos, puedan estar a salvo.
Valerius y Zephyrin se acercaron a ellas, sus expresiones llenas de respeto y un toque de vergüenza por su vacilación inicial.
-Aisha, Isabella... -comenzó Valerius, rascándose la barba-. No lo hubiéramos logrado sin ustedes. Y sin esa... esa rampa resbaladiza de cuero.
Aisha sonrió suavemente.
-El cuero tiene muchos usos, Valerius. Igual que tu martillo.
-Hoy demostramos que la verdadera fuerza no es la destrucción, sino la creación. Y que juntos, somos invencibles.
Cuando Leo y Mailu volvieron al final del día, el pueblo ya estaba en calma. Las barricadas ya estaban siendo desmanteladas y las forjas estaban funcionando de nuevo, no para crear armas, sino para reparar y construir. Al entrar en la plaza, vieron a sus padres hablando con los asaltantes capturados, que parecían recibiendo una lección sobre la importancia de la artesanía comunitaria.
Leo y Mailu se miraron, confundidos pero aliviados.
Habían estado tan preocupados por sus padres durante todo ese año que estuvieron en Albion, si estarían bien sin ellos. Y resulta que habían estado muy equivocados. No solo estaban bien; habían sido los héroes de la historia.
Se acercaron a ellos y, antes de que pudieran decir algo, sus madres corrieron hacia ellos y los abrazaron con fuerza.
-¡Leo! ¡Mailu! -exclamó Isabella-. Estamos tan alegres de que hayan vuelto sanos y salvos.
Aisha los miró con amor, acariciando la mejilla de Mailu.
-Hoy fue un día largo para todos nosotros. Pero lo importante es que estemos juntos. Y que nuestro hogar está protegido.
Leo miró a su alrededor, asombrado por la calma y el orden.
-¿Qué... qué pasó aquí?
Valerius se echó a reír, poniendo una mano en el hombro de su hijo.
-Digamos que tu madre y Aisha solo te enseñaron una o dos cosas sobre cómo defender una forja. Y que el cuero es un material mucho más versátil de lo que pensábamos.
Esa noche, mientras la familia cenaba junta, Valerius y Zephyrin contaron la historia de la batalla con entusiasmo, asegurándose de dar el crédito que se merecían a sus esposas.
Leo y Mailu escucharon asombrados, dándose cuenta de que el legado de heroísmo y creatividad que habían comenzado a forjar en Albion ya estaba presente en sus raíces, en la forja y el viento de sus propios padres, sonriendo y mirándose felices.