Un dia Kenji y Sora habían creado un nuevo portal en el parque de villa green, para que el que quisiera viajar a otros mundos, no tenga que ir siempre hasta el puente dimensional, al activar este nuevo portal la ciudad vibraba con el sonido de flautas lejanas y olía a ozono y flores silvestres.
-Recuerda, Emily: para cruzar, no debes correr. Debes dejarte llevar -le susurró Sora, ajustando las correas de la pequeña mochila de su hija. Sora, con su trenza guerrera y el guantelete rúnico que Kenji le había forjado brillando en su muñeca, proyectaba una calma que contrastaba con la emoción contenida de la niña.
-¿Estás lista, pequeña? -preguntó Kenji, ofreciéndole una mano.
Emily, de nueve años, asintió vigorosamente. Llevaba unas gafas de protección colgadas al cuello y el pequeño abanico de plumas de fénix que su abuela Mailu le había regalado asomaba por su bolsillo.
Tomados de la mano, los tres saltaron.
No sintieron el impacto del suelo. Una corriente ascendente y cálida los depositó suavemente sobre una plataforma de piedra flotante. Albion se desplegó ante ellos en todo su esplendor: un archipiélago de islas flotantes conectadas por puentes de enredaderas luminosas y cascadas que caían hacia arriba, desafiando la gravedad.
-¡Es... es más grande que el taller del abuelo! -exclamó Emily, corriendo hacia el borde de la plataforma, pero deteniéndose a una distancia segura, maravillada por el Mar de Nubes que se extendía debajo.
-Y más peligroso -murmuró Sora, escaneando el perímetro con su guantelete.
Su objetivo era llegar a "Las cascadas de la isla flotante", donde Mailu solía meditar, para que Emily pudiera sentir la conexión mágica del mundo. Pero el camino estaba bloqueado. Al cruzar un puente de enredaderas, un zumbido metálico y agudo llenó el aire.
Desde una isla inferior, una nube de pequeñas criaturas emergió. Eran "Enjambradores de Cristal", autómatas residuales de la antigua tecnología del mundo de las máquinas, que se alimentaban del maná puro de Albion. Parecían libélulas mecánicas, con cuerpos de metal forjado y alas de cristal afilado que brillaban con luz púrpura.
-¡Son demasiados! -exclamó Kenji, poniéndose delante de Emily y desplegando su espada de luz
Sora reaccionó con agilidad.
-Kenji, tú encárgate del blanco izquierdo. Yo protegeré a Emily y destruire el derecho.
La batalla comenzó. Kenji usaba su espada para realizar cortes de energia, que sobrecargaban los circuitos de los Enjambradores. Sora, usando su guantelete, creaba barreras de energía rúnica para desviar los ataques de cristal afilado, mientras hacia golpes de viento presurizado para derribar a los que se acercaban demasiado.
Emily estaba asustada, acurrucada detrás de una roca rúnica. Pero recordó lo que su abuela Mailu le había enseñado en el jardín. "Siente el vacío entre las nubes y crea un túnel de calma".
Cerró los ojos y sacó su abanico de plumas de fénix. El aire alrededor de ella estaba cargado de la energía púrpura de los Enjambradores, pero debajo, sentía la corriente pura y constante de Albion.
-¡Mamá, papá! -gritó Emily-. ¡No ataquen a los cuerpos! ¡Ataquen a los cristales de las alas! ¡Ahí es donde ocumulan la energía!.
Kenji y Sora se miraron por un microsegundo. Confiaron en la intuición de su hija. Kenji transformó su espada de energia en una lanza capaz de cargar pulsos electromagnéticos, en lugar de un pulso general, lanzó descargas precisas hacia las alas de cristal. Sora fusionó su guantelete en una cuchilla de energía y comenzó a realizar cortes quirúrgicos.
La táctica funcionó. Al destruir los cristales, los Enjambradores se apagaban y caían hacia el Mar de Nubes.
Pero un Enjambrador más grande, el líder del enjambre, logró debilitar a Kenji y se lanzó directamente hacia Sora y Emily. Sora estaba ocupada bloqueando un ataque lateral.
-¡Sora, cuidado! -gritó Kenji, pero estaba demasiado lejos.
Fue entonces cuando Emily actuó. No usó tecnología. Usó su herencia. Abrió su abanico de plumas de fénix y, imitando la danza que Mailu le había enseñado, lanzó una ráfaga de aire puro y concentrado directamente hacia el Enjambrador líder.
La ráfaga no lo destruyó, pero lo desorientó lo suficiente para que Kenji, con un movimiento final de su lanza, atravesara el cristal central del autómata, desactivándolo instantáneamente.
El resto del enjambre, al ver a su líder derrotado, se dispersó.
La calma volvió a la plataforma flotante. Kenji y Sora corrieron hacia Emily. Sora la abrazó con fuerza.
-Estuviste increíble, pequeña -dijo Kenji, limpiando el hollín de su gorra-. Tu intuición nos salvó.
Sora le sonrió, acariciando su cabello.
-Hoy demostraste que el legado de tu abuela Mailu y tu abuelo Leokun vive en ti. No solo forjas con metal, Emily; haces que el mundo respire.
Los tres juntos se sientan frente alas cascadas de albion, apreciando la hermosa vista y con una gran sonrisa dicen: (Juntos no importa donde estemos, cualquier vista es perfecta, si estamos juntos).