El Peso de las Canas y el Llamado del Acero
Mi brazo robótico ya no zumba como antes; ahora emite un ronroneo constante, casi musical, sintonizado con el latido de mi propio corazón. A mis años, pensaba que mi mayor batalla sería convencer a Emily de que no usara sus ráfagas de viento dentro de la Academia o evitar que el Maestro Burro se robara los panqueques del desayuno.
Pero el destino no sabe de jubilaciones.
Cuando la grieta interdimensional se rasgó en el cielo de la Academia, no sentí miedo. Sentí una vibración familiar en mis herramientas. Era un grito de auxilio envuelto en energía temporal. Vi a Kenji, mi hijo, dar un paso al frente con esa determinación que heredó de su madre. Lo miré a los ojos y supe que él creía que debía cargar con esto solo.
-No vas solo, hijo -le dije, sintiendo cómo el vapor rúnico calentaba mis venas una vez más-. Esta vez, peleamos juntos. Como la familia de artesanos que somos.
Al cruzar el portal a Aethelgard me dolió en el alma. Al ver a esas familias esclavizadas en las minas de "Cristales de Tiempo", me vi a mí mismo cuando llegué a Albion: solo, asustado y rodeado de máquinas que no tenían piedad.
Tyranus Chronos era todo lo que yo juré destruir. Él trataba al tiempo como un metal que se puede fundir y desechar. Para él, la vida era combustible; para mí, la vida es la obra maestra que protegemos. Cuando vi a Mailu y Sora intercambiar esa mirada de furia guerrera, supe que Tyranus había cometido su último error: meterse con una familia de maestros.
El asalto final fue una sinfonía de destrucción y creación.
Mientras Mailu desataba tornados que hacían temblar el cielo y Sora congelaba el tiempo con una elegancia que me llenaba de orgullo, yo me planté en el suelo.
Activé mi "Forja de Enlace Orgánico". No necesitaba herramientas externas; el metal de las minas me obedecía como si fuera parte de mis propios dedos. Levanté barricadas de acero puro en segundos, protegiendo el avance de Kenji. Ver a mi hijo brillar con su Plasma Solar, cortando la tiranía con cada tajo, fue el momento más satisfactorio de mi vida.
Pero entonces, Tyranus disparó el Cañón Temporal. El rayo iba directo hacia las mujeres de nuestra vida. No lo pensé. Kenji y yo nos movimos como uno solo. Padre e hijo, dos generaciones de acero.
-¡Ahora, Kenji! -grité.
Fusionamos mi energía de plasma con su pulso electromagnetico. Creamos un escudo de espejo temporal que le devolvió a Tyranus su propia maldad. Ver esa fortaleza explotar fue como soltar una carga que llevaba cargando por décadas.
Luego realizamos un ataque de fusion todos juntos haciendo el daño critico hacia tiranus, derrotandolo de una vez por todas.
Entre las ruinas, lo vimos. Un niño pequeño, Leon. Sus ojos... tenían ese brillo de supervivencia que yo tenía cuando trabajaba en mi puente Dimensional, tratando de que los portales trabajen en armonia y poder ir a albion las veces que lo deseara, el mundo que al principio me dio miedo y luego se volvio en mi segundo hogar.
Cuando Kenji decidió adoptarlo, sentí que el círculo se cerraba. Leon no era solo un niño rescatado; era la prueba de que nuestra familia siempre tendrá espacio para un artesano más. "Él es un forjador de supervivencia, como tú, kenji", le dije a mi hijo.
Al ver la felicidad del niño, Casi se me escapa una lágrima, pero me la guardé para la fiesta.
Regresar a casa y ver a Emily correr hacia nosotros fue el verdadero final feliz. Verla tomar la mano de Leon, dándole la bienvenida a la hermandad, me dio una paz que ningún arma rúnica podría darme.
Esa noche, sentado en el porche con Mailu, mientras el Burro se peleaba por el último panqueque con los chicos, miré mis manos.
Estaban manchadas de aceite y polvo de estrellas, pero estaban tranquilas. La forja no se apaga, simplemente se pasa a manos más jóvenes y fuertes.
Miré a Kenji, miré a Emily y al pequeño Leon.
Sonreí.
El tiempo ya no era mi enemigo; era mi aliado, porque me había permitido ver cómo mi pequeña chispa de ingenio se convertía en un incendio de esperanza para todo el multiverso.