Villa Green es una hermosa ciudad para los niños.
El único lugar que era riesgoso, para los niños, eran los lugares entre los talleres de carpintería rúnica y los generadores de maná, el peligro siempre acechaba en forma de mal funcionamiento mecánico.
Emily, con sus trece años y una serenidad que recordaba a su abuela Mailu, caminaba por el sendero principal. A su lado, León, de once años, trotaba con una mochila llena de herramientas que sonaban a cada paso.
-¡Espera, Emily! El sensor de mi guantelete está detectando una fuga de éter en el Sector 3 -dijo León, ajustándose unas gafas de protección que siempre llevaba sobre la frente, herencia directa del estilo de su padre Kenji.
Emily se detuvo y cerró los ojos, sintiendo el aire.
-Tienes razón, León. El viento no fluye, se está "rompiendo". Algo está bloqueando la ventilación del Gran Molino.
El Gran Molino de Villa Green era el corazón de la ciudad; sus aspas no solo molían grano, sino que filtraban el aire corrupto de los alrededores. Pero algo iba mal. Las aspas estaban trabadas por una masa de metal fundido y lianas de acero que brillaban con un púrpura enfermizo.
-Es un "Nudo de Chronos" -susurró León, sacando una llave de tuercas rúnica de su mochila-. Si no lo soltamos, el molino explotará y llenará Villa Green de energía corrupta.
Resultada que cuando tyranus cronos fue derrotado, antes de morir, solto una inmensa cantidad de energia corrupta, que viajo por los portales hacia varios mundos, (Albion, La Tierra, el mundo de las maquinas y el reino de sombras), y a algunas partes del tiempo.
El acceso al eje central estaba a veinte metros de altura.
-León, no podemos subir por la escalera, está cubierta de espinas metálicas -advirtió Emily.
-Entonces, mírame -respondió el pequeño León con una sonrisa traviesa. Activó un pequeño propulsor de vapor rúnico que él mismo había ensamblado en el taller del abuelo Leo. Pero el propulsor era inestable y empezó a vibrar violentamente.
Emily reaccionó rápido. Extendió su abanico de plumas de fénix.
-¡No te sueltes, León! ¡Yo te daré el impulso!
Emily realizó un movimiento circular ascendente. Una corriente de aire suave pero firme envolvió a León, estabilizando su vuelo y elevándolo directamente hacia el eje del molino. Mientras León colgaba de una viga, Emily se quedó abajo, usando ráfagas de viento para desviar los proyectiles de cristal que el Nudo de Chronos disparaba para defenderse.
León llegó al núcleo. Sus pequeñas manos se movían con una velocidad asombrosa, desatornillando placas y cortando cables corruptos.
-¡Emily, necesito que detengas el giro de las aspas internas por cinco segundos! ¡Si se mueven mientras corto esto, saltaremos por los aires!
Emily respiró hondo. Concentró todo su maná en sus palmas.
-¡Ahora, León!
Emily lanzó un torbellino inverso que generó un vacío de aire, deteniendo la rotación de las aspas por pura presión atmosférica. León, aprovechando el momento, insertó un núcleo de energía pura en la ranura central.
Un destello dorado recorrió el molino. Las lianas de acero se marchitaron y cayeron como ceniza. Las aspas comenzaron a girar de nuevo, pero esta vez con un sonido rítmico y saludable, liberando una brisa fresca que limpió el ambiente de Villa Green.
León bajó planeando gracias al viento de su hermana, aterrizando de pie con un gesto de victoria.
-¡Lo logramos! El abuelo Leo se va a poner loco cuando sepa que arreglamos el Gran Molino nosotros solos.
Emily le revolvió el cabello a su hermano menor.
-Y papá Kenji nos va a regañar por irnos sin avisar... pero valió la pena.
Caminaron de regreso a casa mientras los artesanos de Villa Green salían a las calles para agradecerles. Emily llevaba la elegancia del viento y León la fuerza del acero; eran la prueba viviente de que el linaje de los artesanos de villa green estaba más vivo que nunca.