Había pasado exactamente un año desde que el Cañón Temporal de Tyranus Chronos explotara, leokun diseño un nuevo portal para el puente que conectara con el mundo de aethelgard.
El flujo de maná rúnico entre Albion y Villa Green.
La maravilla de engranajes y runas que Leokun mantenía con tanto esmero, brillaba con una luz azul claro y estable, un faro de esperanza para los viajeros.
Un dia todos se reunen para viajar a aethelgard y ver como progreso todo, desde la derrota de Tyranus cronos.
Kenji y Sora estaban al frente de la expedición. Kenji, a sus treinta y tantos años, con su lanza de pulso, colgada a la espalda y su brazo rúnico emitiendo un zumbido suave, ajustaba los últimos parámetros técnicos. Sora, con su gracia intacta a pesar de los años y su guantelete rúnico brillando tenuemente con runas de Chronos, observaba el portal. No era un destino de batalla; era el hogar.
Leokun y Mailu, los patriarcas, cerraban la marcha. Leokun, a sus sesenta y tantos años, con su cabello completamente canoso y su barba recortada con precisión, ajustaba una pequeña pieza de un juguete mecánico. Su brazo robótico, una versión mucho más avanzada y silenciosa que la de su juventud, se movía con una delicadeza asombrosa. A su lado, Mailu, con su elegancia intacta a pesar de los años y su cabello plateado recogido en una trenza adornada con hilos de seda de Albion, observaba a Emily.
-Lo lograron, Leo -susurró Mailu, tomando la mano de su esposo-. El legado está a salvo.
Cruzaron el portal. El aire rúnico de Aethelgard ya no olía a metal quemado y desesperación. Olía a tierra mojada y a flores de éter. El portal los dejó en la entrada de lo que solía ser la Gran Mina de Cristales de Tiempo.
Pero la mina ya no era una cicatriz en la tierra.
-¡Abuelo, mira! -exclamó León, de doce años, corriendo hacia una estructura-. ¡Es un molino de viento de Albion!
Efectivamente, los antiguos esclavos, ahora artesanos libres, habían usado la "Tecnología de Supervivencia" que Leokun les había enseñado para transformar la mina en un jardín hidropónico vertical antes de volver a villa green hace un año.
Los engranajes gigantescos, antes instrumentos de tortura, ahora movían sistemas de riego alimentados por energía pura.
Emily, de catorce años, con su abanico de plumas de fénix a su lado, meditaba sintiendo las corrientes de viento que llegaban de Albion y los otros mundos a traves de las conexiones de los portales.
-El viento aquí... ya no llora, mamá. Canta historias de libertad.
Llegaron al "Valle de la Sonrisa", una aldea construida con cristal rúnico y piedra ancestral. Los habitantes los recibieron no como guerreros, sino como familia.
Apareció la líder de la aldea, una mujer de Aethelgard con el cabello plateado y una túnica de seda. Sus ojos reflejaban el cielo.
-Leokun... has vuelto. Y traes nuevas chispas.
La anciana miró a Emily y León.
Caminaron hacia el centro del valle, donde se alzaba un monumento simple pero poderoso: una estatua de acero rúnico y mármol de Albion, vigilaba la plaza. En la base, había una inscripción: "Aquí, el tiempo dejó de ser una cadena y se convirtió en una forja de libertad."
Leokun se detuvo frente a la estatua. Activó su brazo robótico, no para pelear, sino para forjar una pequeña placa de bronce que insertó en la base del monumento.
-¿Qué dice, abuelo? -preguntó León.
-Dice: "Para los que forjaron el ayer, para los que ríen hoy, y para los que construirán el mañana."
Mailu se acercó y puso una mano en el hombro de su esposo.
-Hicimos un buen trabajo, mi amado viejo.
Si mi querida mailu, el tiempo es la herramienta más valiosa que tenemos.
Los seis -Leokun, Mailu, Kenji, Sora, Emily, y el pequeño León- sentados junto al valle de los cristales, viendo el atardecer sobre el Mar de Nubes de Aethelgard.
En ese momento, no había palabras. Solo había una sonrisa y felicidad sin igual que recorría las tres generaciones. Sentían que cada batalla que vivieron hizo un cambio en los mundos, llenandose de felicidad y sonriendo todos juntos, siendo bienvenidos por el pueblo que los veian como sus salvadores.
Es haci como el viaje hacia el mundo de aethelgard salio de maravilla, viendo como el pueblo se levantaba nuevamente y creciendo poco a poco.
Gracias a su liberación.
Todo gracias a nuestros queridos salvadores.