Esta es la aventura que define el paso de la antorcha. A los 17 años, Emily ha alcanzado una maestría del viento que haría llorar de orgullo a Mailu, y Leon, a sus 15, ha perfeccionado una "Tecnología de Supervivencia" que mezcla la rudeza de las minas de Aethelgard con el ingenio de los talleres de Villa Green.
Y por supuesto, el Maestro Burro, que aunque diga que está "retirado", no puede dejar a sus cachorros solos.
El cielo sobre Villa Green se había teñido de un color ámbar eléctrico. Un error en la red de estabilización de Chronos había creado lo que los antiguos llamaban "Portales Errantes": grietas que se abrían y cerraban sin destino fijo.
-Si no cerramos el nexo central, Villa Green terminará esparcida por cinco dimensiones diferentes -dijo Leon, ajustándose su chaleco táctico lleno de herramientas y mirando su monitor de pulso rúnico. A sus 15 años, su voz ya tenía la firmeza de un ingeniero veterano.
Emily, con 17 años, lucía una figura alta y ágil. Su cabello azulado brillaba bajo la luz del portal. No llevaba armas visibles, pero el aire a su alrededor vibraba con una presión constante.
-El viento en el nexo está gritando, Leon. Es una tormenta de tiempo. Necesito que me abras una ventana de tres segundos.
A su lado, el Maestro Burro, con un sombrero de ala ancha y una alforja cargada de "comida de Emergencia", resopló.
-En mis tiempos, los portales se quedaban quietos y pedían permiso. ¡Vamos, par de relámpagos! No dejen que el viejo se aburra.
Leon activó un ancla de gravedad y los tres saltaron al primer portal. Aparecieron en un mundo de geometrías imposibles, donde el suelo era de cristal líquido y el cielo era un mar de estrellas verdes.
-¡Cuidado! -gritó el Burro, pateando una esquirla de cristal que volaba hacia ellos-. ¡Este lugar intenta copiar nuestra forma!
Efectivamente, el mundo de cristal empezó a crear "copias" mecánicas de ellos. Leon no perdió el tiempo. Sacó su "Multi-Herramienta de Aethelgard" y disparó una frecuencia sónica que agrietó las copias antes de que pudieran atacar.
-¡Emily, el nexo está en la siguiente capa! ¡Usa la corriente ascendente!
Emily extendió sus brazos. No necesitó abanico.
Sus manos dibujaron un arco en el aire y un tornado de luz blanca los envolvió a los tres, lanzándolos a través de una fractura en el techo de cristal justo antes de que el mundo se colapsara tras ellos.
Cayeron en una dimensión de engranajes gigantescos que flotaban en la nada: el centro del error. Allí, un núcleo de energía púrpura giraba fuera de control, escupiendo rayos temporales que envejecían o rejuvenecían todo lo que tocaban.
-Si nos toca ese rayo, Leon volverá a ser un bebé y yo terminaré siendo una anciana antes de almorzar -bromeó Emily, aunque su mirada era de puro acero.
-Yo tengo la solución, pero necesito acercarme al núcleo para insertar el inhibidor -dijo Leon, preparando sus botas propulsoras-. Pero los rayos son demasiado rápidos.
-No para el viento -respondió Emily.
Emily comenzó una danza de alta velocidad. Creó una esfera de vacío alrededor de Leon, desviando cada rayo temporal con ráfagas de aire tan rápidas que cortaban la luz. El Burro, haciendo gala de una agilidad inesperada, saltaba entre los engranajes flotantes, distrayendo a los centinelas automáticos del núcleo a base de coces rúnicas y maniobras evasivas.
-¡Ahora, hermano! -gritó Emily.
Leon se lanzó. En medio del caos de rayos y metal, insertó el inhibidor en el corazón del motor. Hubo un silencio absoluto, seguido de una onda de choque dorada.
El mundo volvió a la normalidad. Los portales errantes se cerraron y el trío aterrizó suavemente en el patio de la Academia en Villa Green, justo frente a la forja donde Leokun y Kenji los esperaban con los brazos cruzados, intentando (y fallando) ocultar sus sonrisas de orgullo.
El Maestro Burro se sentó en el suelo, agotado, y sacó tres panqueques de su alforja.
-Ni una palabra de que me cansé. Estaba... analizando el terreno desde abajo.
Leon y Emily se miraron y chocaron los puños. Emily ya no era la niña que necesitaba ser protegida, y Leon ya no era el huérfano asustado de las minas. Eran los nuevos guardianes.
-Lo hicieron bien -dijo Leokun, acercándose y poniendo una mano en el hombro de cada uno-. El tiempo fue bien invertido hoy.
Emily sonrió, sintiendo la brisa suave de su hogar, mientras Leon empezaba a explicarle a Kenji cómo planeaba mejorar el inhibidor. La forja seguía encendida, y el futuro, por primera vez, se sentía completamente bajo su control.