isekai world: magical son

Capitulo Extra: "El Adios De Un Heroe"

El sol de Villa Green caía sobre las colinas con una mansedumbre que ocultaba el destino. Habían pasado diez años desde que el Nuevo Portal se inaguro bajo el mando de la nueva generación. La ciudad ya no era un simple asentamiento de sobrevivientes; ahora era una metrópolis resplandeciente de mármol blanco y engranajes de oro, donde la magia antigua y la ciencia de los artesanos convivían en una armonía perfecta.

​En el gran balcón de la mansión principal, Leokun descansaba en un sillón de madera tallada. Su cabello, antes negro como el carbón, ahora lucía platinado que brillaba con la luz de la tarde. A su lado, Mailu que merendaba junto a el en silencio, observando cómo sus manos seguían entrelazadas: una de carne cálida y la otra, una maravilla de ingeniería blanca y oro que descansaba con pesadez.

​—¿En qué pensás, Leo? —preguntó Mailu con esa voz dulce que, a pesar de los años, no había perdido su rastro de travesura.

​—En que el silencio es el mejor invento que hemos hecho, Mailu —respondió él, mirando hacia la plaza central donde una fuente de plasma decoraba el centro—. Pero mi brazo... vibra. Como si el universo estuviera conteniendo el aliento antes de una tormenta.

​Abajo, en el campo de entrenamiento, Leon (28), el hijo adoptivo de Kenji, chocaba espadas con Emily (30). Leon era la viva imagen de la fuerza bruta y el honor; Emily, la de la precisión técnica.

​—¡Vamos, abuelo! ¡Bajá si te animás a un round! —gritó Leon hacia el balcón, riendo mientras se secaba el sudor de la frente con el antebrazo.

​Leokun solo sonrió y levantó su mano de metal en saludo. Ese era su mayor orgullo: haber construido una familia donde el amor no necesitaba de la sangre para ser real.

​Pero la paz se rompió con un sonido seco, como si el cristal del mismo cielo se estuviera astillando. El azul profundo de Villa Green se volvió violeta en un parpadeo, y una grieta de kilómetros de largo se abrió justo sobre la torre del reloj. De ella, descendiendo con una lentitud aterradora, emergió Xerath. Su armadura orgánica no reflejaba la luz; parecía devorarla, dejando un rastro de vacío a su paso.

​Sin mediar palabra, Xerath descendió como un meteorito negro. El impacto inicial vaporizó la entrada principal de la ciudad y lanzó una onda de choque que hizo crujir los cimientos de la mansión.

​—¡EVACUACIÓN PROTOCOLO ALFA! —rugió Kenji, saltando al campo de batalla con su espada desenvainada junto a su esposa Sora, quien ya preparaba sus hechizos de contención.

​La lucha que siguió fue una carnicería de mármol y escombros. Xerath se movía como un parpadeo, una fuerza de la naturaleza que no sentía dolor ni miedo. Atravesó el escudo sagrado de Valerius con un solo golpe y derribó al anciano Zephyrin antes de que pudiera reaccionar. Desde las murallas, las abuelas Isabella y Aisha coordinaban a los civiles hacia los refugios subterráneos, con los rostros bañados en lágrimas al ver su amada ciudad desmoronarse bajo el fuego oscuro.

​—¡No es suficiente! —gritó Emily, disparando sus flechas de plasma desde una posición elevada—. ¡Se regenera más rápido de lo que lo dañamos!

​Leokun, viendo a Leon sangrar por una herida profunda en el hombro y a Mailu temblar de pura impotencia, tomó la decisión que había estado evitando en su corazón.

​—¡TODOS AL PORTAL! —ordenó con una voz que retumbó por encima de las explosiones—. ¡Si este monstruo quiere Albion, que lo busque en el vacío!

¡Lo llevaremos al Mundo Esmeralda!

​El Portal los escupió en una selva de árboles gigantes que palpitaban con una luz verde fosforescente. Era un mundo hermoso, pero Xerath no les dio tregua. La batalla en el Mundo Esmeralda fue brutal; el suelo se tiñó de rojo y el aire olía a ozono quemado. Kenji fue lanzado contra una pared de roca, quedando sin aire, mientras Sora gritaba de desesperación al intentar cubrir a sus hijos con sus últimas energías.

​Leokun vio a Xerath concentrar toda su energía en un orbe de antimateria capaz de borrar el sistema solar entero. El brazo robótico de Leo empezó a emitir un pitido agudo, sobrecargándose, quemando su propio hombro orgánico con un calor blanco.

​—Escuchen... —dijo Leokun, interponiéndose entre su familia y el fin de todas las cosas—. Se acabó el tiempo de las máquinas y los planos. Es hora del alma del artesano.

​Caminó hacia ellos por última vez, rodeado por un aura de plasma puro que hacía que el aire vibrara. El tiempo pareció detenerse por un segundo sagrado.

​Primero se acercó a Kenji y Mailu. Abrazó a su hijo con una fuerza que le quitó el aire, transmitiéndole toda su voluntad.

—Kenji... mi niño. Sos el hombre más noble que ha pisado este mundo. Cuidá a tu madre, ella es el motor de todo lo que somos y de todo lo que seremos.

​Luego besó a Mailu. Fue un beso largo, lleno de recuerdos de juventud, de batallas ganadas y de noches de paz.

—Gracias por elegirme aquella vez, Mailu. En cada mundo que exista, en cada vida que me toque vivir, te voy a volver a encontrar. Te lo prometo.

​Después, se giró hacia Leon y Emily. Los dos nietos intentaron sujetarlo de la capa, con las manos temblorosas y los ojos inundados.

—¡No, abuelo! ¡Podemos encontrar otra forma! ¡No nos dejes ahora que estamos juntos! —sollozó Leon, olvidando por un momento al guerrero que era para volver a ser el niño que admiraba a su abuelo.

—¡Abuelo Leo, por favor! —suplicó Emily, apretando los dientes—. ¡Villa Green no es nada sin vos!

​Leokun los rodeó en un abrazo cálido. Su brazo de metal se sentía extrañamente suave, casi humano.

—Mis pequeños grandes artesanos... Villa Green no es una ciudad de piedra. Son ustedes. No voy a morir, voy a convertirme en la luz que los guíe cuando el taller esté a oscuras. Déjenme ir... este es el final de mi diseño, y es el más perfecto de todos.

​Al ver la determinación divina en los ojos de Leo, Leon y Emily soltaron sus ropas. Entendieron que este sacrificio no era una derrota, sino el último acto de amor del hombre que les dio todo.



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En el texto hay: aventura epica, isekai, #acción

Editado: 04.04.2026

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