isekai world: magical son

Capitulo 36: "El Saludo De Acero"

El tiempo no se detiene, y en las manos correctas, se convierte en progreso.

Cuatro años habían transcurrido desde la batalla contra el Golem Tirano, y la madurez había transformado por completo a los primos herreros.

Daniel, a sus diecinueve años, ya poseía la espalda ancha y la mirada firme de un maestro forjador veterano, capaz de moldear los metales más raros del continente con precisión milimétrica.

Esperanza, con veinte años cumplidos, se había consolidado como la mente más brillante en ingeniería mágica de su generación, una mujer cuya serenidad era el pilar de cada gran proyecto tecnológico del taller.

Juntos, habían llevado la seguridad de Villa Green más allá de las fronteras físicas.

No solo perfeccionaron a sus dos golems guardianes, sino que diseñaron y construyeron las "Fortalezas de Hierro Flotantes": gigantescas máquinas centinelas destinadas a custodiar el delicado puente dimensional, asegurando que ninguna amenaza externa pudiera perturbar la paz de su mundo ni de los mundos vecinos.

Una tarde, mientras el sol comenzaba a teñir las chimeneas de cobre del taller con tonos rojizos y dorados, Daniel y Esperanza se tomaron un merecido descanso.

Sentados a una mesa de madera rústica en el ala de diseño, compartían una merienda silenciosa mientras contemplaban los planos holográficos que flotaban en el aire.

El horno principal aún calentaba el ambiente, y el aroma a té y pan casero llenaba el espacio.

—Es increíble ver lo mucho que ha crecido este lugar, prima —comentó Daniel, mirando de reojo su martillo de batalla, que ahora descansaba en un soporte especial—.

A veces olvido que empezamos esto siendo solo unos niños con una idea loca en la cabeza.

Esperanza sonrió con suavidad, dándole un sorbo a su taza antes de responder.

—Crecimos porque teníamos el norte claro, Daniel. Pero hoy, mientras revisaba las rutas de patrulla del puente dimensional, no pude evitar pensar en él.

En las historias que nos contaban cuando éramos chicos. El abuelo Leokun no tenía la tecnología que tenemos nosotros ahora, y aun así, salvó mundos enteros con nada más que su voluntad y su herrería.

Daniel dejó su taza sobre la mesa, su mirada volviéndose nostálgica.

—Tenés razón. La estatua que le hicieron en la plaza central, cerca de la academia que lleva su nombre, es hermosa y el pueblo la cuida mucho.

Pero... no sé, siento que le falta algo. Está allá, en medio del bullicio de la ciudad.

El abuelo amaba la tranquilidad de este bosque. El verdadero fuego de su alma nació acá, donde la naturaleza y el metal se cruzan.

Esperanza abrió los ojos de par en par, captando de inmediato la chispa en la mente de su primo.

El guantelete holográfico de su brazo izquierdo se encendió, proyectando una pantalla en blanco.

—¿Estás pensando lo que yo estoy pensando?

—Hagamos una nueva estatua —propuso Daniel, levantándose con entusiasmo—.

Pero no una estatua común de piedra o bronce estático.

Hagamos algo que desafíe lo que la gente cree posible. Una obra monumental justo a las afueras de nuestro taller, en el claro del bosque.

Utilizaremos una aleación pulida de titanio espejo y oro místico.

—Y yo me encargaré de la magia de automatización —añadió Esperanza, sus dedos ya volando sobre los comandos holográficos, sus ojos brillando con emoción—.

Diseñaré microcircuitos de ánima rúnica. No será solo una figura rígida; estará robotizada.

Podrá canalizar energía interna para realizar pequeños movimientos... como sonreír con calidez y saludar con la mano a quienes vengan a visitarlo.

Será como si una parte de su esencia siguiera aquí, dándonos la bienvenida.

El taller se encendió de inmediato con una energía renovada.

Durante las semanas siguientes, los primos trabajaron en una sincronía perfecta que rozaba la telepatía.

Daniel pasaba largas horas frente a los planos, trazando cada línea de la imponente armadura del monumento, forjando las inmensas placas articuladas y puliendo el metal hasta que reflejara la luz del día como un espejo celestial.

Mientras tanto, Esperanza preparaba los materiales conductores más finos, diseñando la intrincada red de filamentos mágicos que recorrerían el interior de la estructura, permitiendo que las juntas mecánicas se movieran con la suavidad y la gracia de un ser vivo.

Una mañana soleada, con el proyecto finalmente terminado y cubierto por una inmensa tela de lino blanco, Daniel y Esperanza se dirigieron a la gran ciudad de Villa Green.

Al llegar a la plaza principal, frente a las grandes puertas de la prestigiosa Academia Leokun, los primos pidieron la atención de los ciudadanos.

—¡Pueblo de Villa Green! —anunció Daniel, su voz resonando con fuerza y seguridad—.

Hoy queremos invitarlos a formar parte de un momento muy especial para nuestra familia y para la historia de este mundo.

A las afueras de nuestro taller, en el corazón del bosque, hemos diseñado un nuevo homenaje al hombre que nos lo dio todo. Una obra que une el pasado con el futuro.

La noticia corrió como la pólvora. La idea de una estatua automatizada del gran Leokun fascinó de inmediato a los habitantes de la ciudad, especialmente a las nuevas generaciones.

Una inmensa caravana de personas comenzó a movilizarse hacia el bosque abierto.

Los jóvenes estudiantes de la academia, ansiosos por ver la última creación de los ingenieros más famosos de la región, lideraban el paso con entusiasmo, seguidos por comerciantes, herreros veteranos y ciudadanos comunes.

Entre la multitud, con pasos tranquilos pero corazones latiendo con fuerza, caminaba la familia del acero.

Mailu, la amada esposa del fallecido héroe, avanzaba sostenida del brazo por su hijo Kenji y su nuera Sora.

Justo detrás de ellos marchaban Emily, la madre de Esperanza, y Leon, el padre de Daniel, compartiendo miradas de profundo orgullo por lo que sus hijos estaban a punto de revelar.



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En el texto hay: aventura epica, isekai, #acción

Editado: 20.05.2026

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