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3. Sabor agridulce

Lucy

Sus palabras y ese gesto me subieron el ánimo. Asentí devolviéndole la sonrisa.

Me dio un pequeño beso en la cabeza y terminó de murmurar.

—Por cierto, si quieres llorar no te retengas —comentó sería —. A veces es bueno desahogarse de esa manera.

Ante el comentario me sorprendí, se levantó rápido de la camilla antes de que yo le pudiese decir algo. Y claro, me quedé con las ganas de decirle gracias y que ya no tenía ganas de llorar.

Me fui detrás de Ale, despidiéndome de Ara, comentándole que descansará a pesar de que no me escuchará. Solo espero que cuando despierte no se caiga de la camilla. Me dirigí a mi cuarto y cuando pasé por el dojo, todavía podía ver la espada de sensei a pocos centímetros de matarme.

Si no fuera por Ale y su protección, ahora mismo no estaría aquí para contarlo. Lancé un enorme suspiro, agachando la mirada.

Por si todo esto hubiese sido poco, recordé el extraño sueño que tuve. El que le había contado a Ara antes de que todo esto pasará.

Aquel sueño donde vi a Caro con una capa negra en medio de un desierto, y la cual me decía —las pesadillas comenzarán —. ¿A qué se refería con eso? Tengo hambre. ¡Quiero una pizza!

Ara

Ya ha pasado una semana desde que Caro desapareció y desde que la maestra Miwa huyera después de intentar asesinarnos a Lucy y a mí.

El ambiente en la guarida ya no era lo mismo, se podía sentir una presión fastidiosa; sí no fuera por la actitud positiva e infantil de Lucy, las cosas serían aún peor.

¿Por qué tuvo que pasar esto? Todo fue por culpa de aquella discusión que tuvimos con Caro, por habernos burlado de ella. Cómo quisiera poder inventar una máquina del tiempo y volver al pasado para que ese momento nunca haya pasado, pero es imposible.

Jamás había estado tan arrepentida de algo que hice en toda mi vida. ¿Por qué me burlé así de Caro? ¿Por qué tuve que apoyar a la idiota de Ale, cuando ni en sueños se me hubiera ocurrido hacerlo?

¿Por qué fui tan estúpida? Nunca creí que lo que nos dijo Caro sería cierto. —Ya no seré líder de un equipo que no sabe respetarme —. Yo no quería que las cosas terminarán de esta manera.

He tratado de olvidarlo y de estar feliz, pero, tengo un mal presentimiento y no soy la única. Lucy también los tiene. De hecho, me contó que todas las noches sueña con Caro vestida de una capa negra y capucha.

También me dice que nunca puede verla de frente. Siempre está de espaldas a ella y cada vez que intenta mirarla, se despierta sobresaltada, a pesar de no haber tenido una pesadilla.

Por mi parte he estado escuchando voces de personas que me susurran cuando estoy sin luz. Es molesto, sobre todo en la noche y en mi cuarto.

Cuando enciendo la luz no se oye nada, y cuando la vuelvo a apagar; regresan. Llegué a pensar que Lucy me estaba haciendo una broma, pero cuando fui a corroborar; ella no tenía nada que ver, mucho menos Ale.

Por supuesto, aunque por si las dudas, también he ido a cerciorarme. Ahora eran las tres de la tarde, y el entrenamiento lo dirigió Ale; al igual que toda la semana.

Estaba haciendo el papel de líder, supongo que era su deber ¿No? Caro se lo dio y debe corresponder, aunque no quiera.

Era lo menos que podía hacer, después de haberla tratado tan mal. Detesto verla a veces actuando tan natural, como si nada hubiese pasado. ¡No se merece el puesto de líder, ni nada!

Lo he pensado mucho estos días, incluso me ha llegado a molestar su presencia. No es nada creativa y se la pasa dándonos órdenes. ¡Casi parecemos sus malditos títeres!

Sin embargo, Lucy no parece molestarse con nada; como siempre.

«No, Araceli. No sacarás nada con molestarte. Además, recuerda que tú también tuviste la culpa» pensé.

—¡Ale! —gritó Lucy, quejándose con sus nunchakus en sus manos —. Estoy muy cansada. No deberíamos estar practicando nuevos movimientos ninja, mientras la maestra Miwa no está.

—Me has estado repitiendo lo mismo desde el día que comenzamos —bramó Ale, mirándola con impaciencia —. ¿Cuántas veces te tengo que decir que eso no importa? Este o no sensei, no tenemos que dejar de entrenar. Ahora quiero ver girar esos nunchakus. ¡Vamos Lucy! Muévete.

—Pero ese movimiento no me sale. Es muy difícil —hizo pucheros inflando sus cachetes.

—Inténtalo hasta que te salga. Ven aquí —. Giró sus jutte y se puso en posición de defensa de nuevo.

—Bien.

Una vez más, Lucy corrió hacia ella; girando sus nunchakus. Sacó la cuchilla integrada en ambos mangos, soltó su larga cadena de kusarigama en uno de los mangos y atacó.

La cadena y el cuchillo dañarían a Ale, si está no los esquivara con unos saltos hacia atrás. Sin embargo, dejó que la cadena se enrollarse en uno de sus jutte; tirando hacia atrás con fuerza.

Lucy también tiró a su lado posterior, y aquí es donde comienza el movimiento nuevo. Con ayuda de la fuerza que aplicaba Ale hacia atrás, Lucy salió volando cuando ella se impulsó hacia adelante; yendo directo hacia ella.

Con su nunchakus preparado atacó a Ale con su navaja, pero ella la detuvo con su jutte. La primera vez que hicieron esto, a Lucy se le soltó ese nunchakus y la pelea concluyó.

Pero después de tanto intentarlo, ha aprendido a mantener el ritmo muy bien. Ale puso su pie a lado de la pierna de Lucy. Creí que la arrojaría al piso, pero no hizo nada.

Lucy apartó sus armas de ella y saltó hacia atrás. Luego corrió para rodearla y brincó hacia ella sobre su cabeza.

En el aire lanzó la cadena de su kusarigama para enrollar a Ale, pero ella la esquivó; y está se estrelló contra el suelo, produciendo un ruido sonoro. La cadena estaba siendo utilizada literalmente como látigo.

—Ale —exclamó de pronto y se detuvo —. Vuelvo a repetirte que el siguiente movimiento no me va a salir.

—Vamos Lucy. Vas muy bien. No pares —ordenó.



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En el texto hay: terror, pesadillas, intrigas

Editado: 21.03.2024

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