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7. ¿Caro?

Ale

Ella no, por favor. No quiero enfrentarme a ella. Miré a mis hermanas, y a juzgar por sus confusas expresiones; no acababan de entender lo que estaba sucediendo.

Y no sé si era o no mejor que fuera así, pero no tenía tiempo de meditar sobre eso. Ahora necesitaba que se fueran.

—Araceli —ordené con voz severa sin quitar la vista de Caro.

—Necesito hablar con ella. Llévate a Lucy y salgan de la guarida un momento.

El sujeto que tenía en frente a mí, sonrió con malicia; algo que solo yo podía darme cuenta en estos momentos, la muy maldita se la estaba buscando.

—¿De qué estás hablando, Ale? ¿Por qué quieres qué?

—¡Ya lárguense! —bramé callándola al instante.

Ella se entristeció y me miró con algo de desilusión, logrando que me sintiera mal conmigo misma; pero al final acató mi orden sin nada más que agregar. Alcancé a oír un —vámonos Lucy —, antes de que saliera.

Esperé un minuto en silencio, para cerciorarme de que ellas no estuvieran cerca; como para escuchar mi ‘charla’ con este sujeto.

—Tú no eres mi hermana —afirmé con sequedad, yendo directo al grano —. ¿Qué has hecho con la verdadera Carolina? ¡Responde!

Ella rio.

—Vaya, no creí que me descubrirías tan fácil —añadió con burla —. Nunca te diste el tiempo de conocerme, o ¿Sí? Ya que solo he sido basura para ti, durante todos estos años.

—¿Qué has hecho con mi hermana? —exclamé impaciente, mientras sacaba mis jutte y me ponía en defensa.

—¿Aún no te has dado cuenta? Yo soy tu hermana.

—¡No es verdad! —negué sin dudar —. Tu voz no es la de ella, y mucho menos tu actuar. Caro jamás rechazaría un abrazo de Ara y Lucy, por muy enojada que esté.

—¡¿Quieres dejar de hablar como si me conocieras de toda la vida?! —cuestionó molesta —Siempre te centras en ti misma. No entiendo ¿Por qué ahora te preocupas por ellas? ¡A ti no te importa nadie!

Sacó sus katanas, poniéndose en una posición de ataque muy diferente a la que siempre hace ella.

—¡Claro que me importan! Son mis hermanas. Aunque no lo creas, Caro también me importa mucho.

—¿Desde cuándo? ¿Desde que decidiste sobrepasar el límite de mi paciencia y humillarme de la peor manera? Y ¿Arrastrarlas a ellas a tu ‘fabulosa escena’? ¿También fue parte de tu plan? ¡Tú tienes la culpa de que hayan intentado matarse!

Al escuchar el último comentario de Caro, me sorprendí por un momento.

—Espera ¿Cómo sabes eso?

—No creí que fueras tan tonta, como para no darte cuenta tu sola —sonrió con más amplitud —. ¡Yo soy la responsable de sus ilusiones! A Lucy le traté de lavar su cerebro a través de sus sueños, para que se suicidara; después de matarlos. Y a Ara, la humille poco a poco, con palabras que suenan más dolorosas cuando te las dicen tus seres queridos; y sin darse cuenta dejó de respirar, cuando el odio fulminó su corazón —estiró sus brazos a los lados —. Fue realmente divertido. ¿Te diste cuenta de sus dulces expresiones de terror?

Rio como loca, haciendo que mi ira aumentará con cada carcajada.

—¡Maldita seas!

La maldije apretando los mangos de mis jutte. En definitiva, está no era mi hermana. ¡La destruiré!

—¿Qué harás ahora? ¿Acabar conmigo? —se mofó —. Inténtalo, estas herida. Esto será muy divertido. Me hartaba no poder controlar tu mente, así que decidí venir a buscarte; para poder entretenerme personalmente. El maestro Cazador estará complacido con tu destrucción.

—¿Cazador? —repetí para confirmar si había escuchado bien.

Pero a base de esa mínima distracción de mi parte, Caro salió hacia mí; como una auténtica bestia, atacándome con sus espadas. Logré frenar su ataque con mis jutte, y ambas nos que viendo furiosas a los ojos; mientras nuestras armas entrecruzadas, crujían por la presión que hacíamos.

Observé cómo su azulado iris, se volvía rojo poco a poco; como si se estuviera llenando de sangre. De manera repentina, su fuerza aumentó y comenzó a recuperar el terreno que yo había ganado.

No tuve más remedio que saltar hacia atrás, para descansar los músculos de mis brazos moreteados. Sin embargo, ella no me dio tiempo; corriendo hacia mí al instante.

Sus veloces y peligrosos movimientos de ida y vuelta, por lo increíble que parezca, me costaba mucho trabajo evitarlos. De pronto, en una estocada que realizó, tuve que hacerme a un lado; trastabillando un poco, antes de estabilizarme.

Pero no alcancé, cuando en eso Caro me golpeó el estómago; y luego la quijada, haciéndome volar y caer de forma brutal contra el suelo.

Intenté levantarme, pero un dolor punzante en el hombro izquierdo me obligó a permanecer tirada; Caro había encajado sus katanas. Me miró desde arriba, sonriendo triunfante.

—Vamos Ale ¿Eso es todo? Yo quería divertirme más.

¡Esa maldita! No permitiré que se salga con la suya. Entrelacé mis piernas con las suyas y, las doble hasta arrojarla al suelo.

Aparte de golpe la catana de mi brazo, me subí sobre ella para inmovilizarla; y aproveché a arrebatarle su otra catana, golpeando su mano con el mango de mi jutte.

No obstante, pronto cambiamos los papeles, teniéndome ahora bajo su poder. Con una mano me sostuvo un brazo, y con la otra me golpeó los puntos más dolorosos, tales cómo; el rostro, el cuello, la quijada, las costillas, la clavícula y muchas partes más.

Sentí un líquido salir de mi nariz y de mi boca. ¡Demonios! La sangre no tenía buen sabor. Creí que no saldría viva de esta, cuando, Caro se detuvo por haber recibido un golpe en su cabeza; con una ¿Piedra?

Ella miro hacia donde provino aquel objeto, y yo también lo hice; pero a tientas, respirando agitada por la boca. Justo en la entrada de la guarida, se encontraban  las dos mutantes que intenté evitar para que no vieran esto.

¡¿Por qué demonios regresaron?! Observé que está Caro, les sonrió con malicia. ¿No tendrá pensado? ¡No! ¡No puedo permitirlo! Reuní toda la energía posible, para poder gritar.



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En el texto hay: terror, pesadillas, intrigas

Editado: 21.03.2024

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