Itzel: La sombra de Bian Que

Capítulo 1: La noche en que me llamaron asesina

Dos manos la estamparon contra la pared. El azulejo estaba helado y su mejilla izquierda resbaló sobre la superficie hasta que el pómulo encontró el borde de una juntura.

—No te muevas, pinche curandera.

El policía le retorció la muñeca derecha contra la espalda. Itzel no gritó. En Iztapalapa aprendió pronto que gritar no detiene los golpes.

El doctor Ernesto Salazar salió de la sala de reanimación quitándose los guantes. La bata le quedaba impecable. Llevaba el cabello engominado hacia atrás y olía a un aftershave caro. No miró a la madre del niño —arrodillada junto a la camilla, arañándose la cara con las uñas—. Miró a Itzel.

—Esta mujer no es doctora. Es una curandera callejera. Mi paciente tenía neumonía. Ella le inyectó un menjunje de hierbas. El niño murió en mis brazos.

—Yo no le toqué —la voz de Itzel sonó más firme de lo que esperaba—. Él ya estaba muerto cuando entré al cuarto.

—Cállate —dijo el policía.

La madre se levantó. Caminó hacia Itzel y le clavó las uñas en la mejilla izquierda. Tres surcos. La sangre bajó caliente, luego fría al tocar el aire.

—¡ASESINA! ¡BRUJA! ¡VOY A HACER QUE TE PUDRAS EN LA CÁRCEL!

Fue entonces cuando Itzel lo vio. Salazar se había apartado dos pasos. Tenía el teléfono en la mano. No estaba llamando a nadie. Estaba borrando la grabación de seguridad. Sus dedos se movían con precisión quirúrgica: seleccionar archivo, eliminar, confirmar.

Nadie más lo vio. Los policías estaban ocupados esposándola. La madre estaba ocupada gritando.

Pero Itzel sí.

Y dentro de su cabeza, donde nunca antes había habido otra voz, algo habló.

“此人心中有鬼。吾曾见此等豺狼。”

(Traducción: “Este hombre esconde algo oscuro en su interior. He visto lobos como él antes.”)

No era un pensamiento. Los pensamientos tienen la forma de quien los piensa. Esto tenía otro timbre, otra edad. Una voz antigua, gastada en los bordes.

Itzel dejó de forcejear.

—¿Qué dijiste? —susurró.

Pero la voz no respondió.

La empujaron al asiento trasero de la patrulla. La puerta se cerró. Las calles de la Ciudad de México se deslizaban al otro lado de la ventanilla. Itzel apoyó la frente en el cristal. Los cortes de la mejilla le latían.

La voz volvió.

“秦有太医令李醯。妒吾之术。遣人刺吾于道中。彼时吾亦百口莫辩。然则…吾有后招。汝且听之。”

(Traducción: “En Qin había un jefe de los médicos imperiales llamado Li Xi. Envidió mi arte. Envió hombres a atravesarme en el camino. En aquel entonces, yo tampoco pude defenderme. Sin embargo… tengo un plan reservado. Escúchalo con atención.”)

—¿Cuál es el plan, maestro? —susurró Itzel contra el cristal.

La voz respondió con tres palabras.

“活下去。等。”

(Traducción: “Sobrevive. Y espera.”)

La celda olía a cuerpos encerrados demasiado tiempo. Seis literas. Siete mujeres. El fluorescente zumbaba.

La llamaban La Diabla. Cuarenta y tantos, brazos gruesos, una trenza apretada que le estiraba las sienes. Se decía que una vez le había arrancado un pedazo de oreja a otra interna con los dientes. Itzel no preguntó si era verdad.

La Diabla la observó toda la primera noche. No dijo nada. Solo la miraba.

El segundo día, a las siete de la mañana, La Diabla se levantó, fue a la mesa donde el guardia había dejado los tazones de café aguado y sopa instantánea, y regresó con uno humeante.

—Tienes cara de hambre, flaquita.

El tazón se volcó. El líquido hirviendo le cayó en el antebrazo derecho, desde el codo hasta la muñeca. La piel se le puso roja, luego blanca en los bordes.

Itzel se mordió el labio hasta que sintió sangre. No gritó. Se fue al lavabo, abrió el grifo —el agua salió marrón los primeros segundos— y metió el brazo bajo el chorro.

La voz regresó.

“金盏花。鼠尾草。混合敷之。”

(Traducción: “Caléndula. Salvia. Mézclalas y aplícalas sobre la herida.”)

—No tengo nada de eso. Estoy en una celda.

“黄连清热最佳,然此地无此药。金盏花性凉,可代之。鼠尾草活血,可助其效。”

(Traducción: “La mejor hierba para esto sería la coptis, que limpia el calor. Pero no crece en esta tierra. La caléndula es fresca. Puede sustituirla. La salvia mueve la sangre. Potenciará el efecto.”)

“吾知。汝且听吾。凡烫伤,先以冷水断其热毒。汝已为之。次察伤处。皮红未破,热毒在表。”

(Traducción: “Lo sé. Escúchame ahora. En toda quemadura, primero corta el veneno del calor con agua fría. Ya lo has hecho. Ahora examina la herida. Si la piel está roja pero intacta, el veneno del calor está en la superficie.”)

Itzel se miró el antebrazo. Enrojecido, pero sin ampollas.

—Solo está roja.

“善。热毒未深。汝需敷药。无药,则护之。布。净布。浸冷水。缠之。”

(Traducción: “Bien. El veneno no ha penetrado profundo. Necesitas aplicar un remedio. Si no tienes remedio, protégela. Tela. Tela limpia. Empápala en agua fría. Envuélvela.”)




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